Atravesar las Propias Barreras

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La humanidad del bailarín, es universal: quieren atravesar sus propias barreras, dice Lesley Telford. Foto . Michael Slobodian

Lesley Telford ha desarrollado una notable carrera como bailarina, coreógrafa y maestra, trabajando con los más inspiradores coreógrafos de nuestro tiempo. Profeta en tierra propia, en 2015 recibió una importante distinción en su Canadá natal, como artista emergente en danza. De paso por Buenos Aires, conversó con Balletin Dance

 

En mi familia no había artistas -señala Telford en un castellano casi perfecto-. Comencé a estudiar ballet por recomendación de un médico, para corregir la rotación de una pierna torcida hacia adentro. Al principio, en Montreal, en la escuela que está conectada con Les Grand Ballet Canadiens, estaba fascinada con el ballet y sus formas; pero al mismo tiempo que hacían los grandes clásicos, la compañía invitaba a artistas como , y . Ingresar allí fue la oportunidad de entrar en contacto con este mundo y después de un tiempo empecé a sentirme más cómoda con ese tipo de lenguajes. Más tarde escuché que había un puesto vacante en la compañía de Nacho [Duato] y sentí que estaba lista para dejar las puntas.

 

¿Qué diferencias encontró en su paso por las distintas compañías?

Creo que el cambio más brusco fue saliendo de Montreal y llegando a España, un mundo distinto para mí en muchos sentidos. El trabajo en la era tan intenso; yo pensaba que estaba trabajando al máximo pero en España me sentí tres veces más exigida. Fue una manera de encontrar nuevos límites, además de ajustarme a la cultura. En general en Europa -y aún más en Holanda- hay un gran respeto por las artes, como que el arte tiene un papel más importante en la sociedad, hay más tradición y es un placer participar de algo tan respetado.

 

¿Cuándo aparece la coreógrafa?

Cuando estaba en la compañía de Nacho sentía mucha curiosidad pero a la vez miedo, y además estaba muy enfocada en ser bailarina. Fue cuando comencé en el , tal vez por la manera de crear obras ahí, donde el bailarín está más implicado en aportar sus ideas y material. Jirí Kylián fue una influencia enorme por cómo te invita a contribuir, siempre con su estilo, pero tu participas de ello y no sólo como bailarín sino en el acto coreográfico, con la libertad de decir “yo esto lo haría así”. Eso despertó totalmente mi curiosidad, y aunque seguía sintiendo miedo, en ese contexto ya no parecía importarme.

 

¿Cómo fue la experiencia de coreografiar para compañías en las que antes había bailado?

Una oportunidad enorme, un honor y un placer. Gente con la que tienes un lenguaje en común, así que las ideas se comunican rápidamente… y otra vez un poco de miedo (risas). Es que siempre estás vulnerable en el momento de crear; en parte es bonito ir descubriendo la obra y en parte es como estar al borde de un abismo porque no sabes lo que va a ser hasta que has terminado. Lo que me atrae de coreografiar es la conversación. Por supuesto que yo hago las elecciones finales y propongo una línea y una dirección, pero me gusta adaptarlas a lo que puede dar cada bailarín. Kylián ha sido una gran influencia, igual que Crystal Pite, la manera en que montan sus coreografías, yo creo que ellos dos han cambiado el modo en que veo la danza…

 

¿Cómo la ve?

Siento que la danza nos exige una concentración y dedicación tan intensa, tanto tiempo en el estudio, en nuestro mundo, que perdemos la conexión con otras formas de expresión. En realidad formamos parte de una comunidad mucho más grande, y a veces es importante el intercambio con otros artistas que ven las cosas de otra forma. Yo he estado trabajando con una artista visual y con una poeta, y sus perspectivas y maneras de trabajar son diferentes: refrescan lo que hacemos y alimentan lo que puedo ofrecer como coreógrafa.

 

¿Es lo natural en todo bailarín una transición hacia la coreografía o la docencia?

He visto personas tomar diferentes direcciones. Personalmente, los últimos quince años he estado enseñando a la vez que he bailado y he descubierto que cuanto más explico las cosas, más influye en mi propia manera de bailar. Es como si tomase más conciencia de cómo bailo, y de algún modo, ahora, una cosa forma parte de la otra. Diría que enseñar influencia incluso el modo en que hago coreografía: aprendo dando clases, clarifico ideas.

 

¿Es lo mismo trabajar con un bailarín en Canadá, en Argentina, en Holanda…?

En el fondo hay algo fundamental en la humanidad del bailarín que es universal y muy bonito: los bailarines son gente que quiere atravesar sus propias barreras. Por supuesto que hay diferencias de estilo e idiosincrasias, pero creo que hay más en común que diferencias.


En Buenos Aires

Lesley Telford llegó a la Argentina en el contexto de la primera edición de Pies (Programa Intensivo de Entrenamiento en Seminar, fundación liderada por Solana Ferroni y Sol Perlo). Aquí transmitió extractos del repertorio de Jirí Kylián: fragmentos de Falling Angels y Bella Figura, además dictó una master class para el Ballet Contemporáneo del y al Grupo de Danza de la . Las directoras contaron entusiasmadas que planean facilitar el encuentro de bailarines locales con maestros y compañías del extranjero, así como formarlos en producción, difusión y todas aquellas cuestiones fundamentales para desarrollar sus propios proyectos. “Estamos trabajando para traer a Lesley nuevamente el año que viene en forma más extensa, porque la experiencia fue excelente y queremos que se multiplique”.

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Gustavo Friedenberg
Gustavo Friedenberg, es técnico en Medios de comunicación y Licenciado en Composición Coreográfica, además de actor bailarín y director. Formado en Argentina y el extranjero, ha recorrido varios países trabajando para diferentes compañías, a la par que desarrollando sus propios proyectos (EEUU, Europa, Sudamérica y el Caribe). Como bailarín se ha dedicado profesionalmente al flamenco, desempeñándose también como docente de técnica y composición.