en dos clásicos. El Lago de los Cisnes con la Opera de Viena (Austria) y La Bella Durmiente en su casa, con el Royal Ballet de Londres (Reino Unido)

 

La Ópera de Viena ofreció este año doce representaciones de El Lago de los Cisnes. El 4 de junio, fue protagonizada por Marianela Núñez y , del Royal Ballet de Londres, con la orquesta dirigida por Alexander Ingram, especialista de ballet, también importado de Inglaterra. En las otras funciones brillaron las estrellas de la compañía local con María Yakokleva a la cabeza, y algunos bailarines que debutaban como Siegfried (Robert Gabdulin, Masayu Kimoto y Leonardo Basilo).

La interpretación de Marianela Núñez, como es habitual, despertó esa sensación de maravilla y de emociones entrecruzadas, con su perfección técnica, ese arquear de los brazos que parecen ondear como las alas del cisne y la expresión con la que su cuerpo y rostro transmiten, tanto la angustia de la princesa hechizada, como el triunfo y la perfidia de la hija del malvado Rothbart.

Su partenaire fue Vadim Muntagirov, de nacionalidad rusa, formado en Perm y en la escuela del Royal en Londres. Resulta un hermoso príncipe, muy flexible y elegante, excelente en el salto, consigue dar la ilusión de que permanece estático en el aire antes de descender.

La puesta en escena era la de Meyer-Legris, estrenada en el año 2014, que se ofrece muy bella y sofisticada de la mano de Luisa Spinatelli, con materiales ligeros en todas las gradaciones posibles de tonos entre blanco y azul, y variedad de colores pastel para los números de danzas regionales. Son especialmente llamativos los tocados de las damas de la corte, con su diseño medieval pero a la vez moderno, mientras que las candidatas a la mano del príncipe tienen abanicos de plumas blancas de avestruz.

El espectáculo presenciado por esta cronista, estuvo accidentado en el segundo acto, en lo que Marianela Núñez bailaba rodeada por los cisnes formados en escuadra, se apagó una luz (la de la Orquesta), los músicos dejaron de tocar y los bailarines salieron del escenario con toda gracia y elegancia. El director hablaba por teléfono… en una situación inquietante, hasta que un empleado del teatro informó que se trataba de un problema técnico que iba a ser reparado en quince minutos, por lo que el público salió de la sala y en el plazo indicado sonaron los timbres para volver. Una filtración de agua provocó un cortocircuito en el fusible que comanda esa sección.

La función continuó desde el momento en que se había interrumpido, con cierta nerviosidad en el cuerpo de baile que se disipó rápidamente. El aplauso fue nutrido y los bailarines principales tuvieron que salir muchas veces a saludar.

La función del primero de junio fue ofrecida en homenaje a Karl Musil (fallecido el 14 de octubre de 2013) primer bailarín solista de la compañía de la Ópera de Viena desde 1965 hasta su retiro, cuando se desempeñó como director del departamento de danza del Konservatorium de la ciudad de Viena. Esa noche el príncipe fue Jakob Feyferlik, quien fuera su alumno y que recibió el premio Musil en 2014.

 

En Londres

En febrero de este año, quien escribe había viajado a Londres para ver a nuestra compatriota en La Bella Durmiente, que el Royal Ballet presentó en veinte funciones entre diciembre de 2016 y marzo de 2017.

Con este ballet, en 1946, el Teatro del Covent Garden salió del letargo al que lo había forzado la guerra, transformándolo en refugio para quienes habían perdido su vivienda en los bombardeos. Como celebración de los setenta años del evento, se repuso aquella versión con coreografía de Frederick Ashton y Anthony Dowell (basada en Petipa), recreando los diseños de vestuario originales de Oliver Messer con el estilo actual (para tutus, tocados, pelucas y peinados), con nuevos decorados, muy dieciochescos, pomposo y colorido pero nada Kitsch.

En este rol se ponen de manifiesto otras facetas de la genial bailarina: Marianela Núñez encarna tan bien la tragedia del cisne y la maldad de Odile, como la frescura juvenil de la Princesa Aurora con su alegría juguetona, sin faltarle su momento de tensión dramática al caer víctima del huso que el hada malvada había reservado para sus quince años. También fue acompañada por Vadim Muntagirov, tan buen Florimund como lo es como Siegfried.

El resto de los personajes y el cuerpo de baile tuvieron un admirable desempeño, no en vano el Royal Ballet posee su prestigio internacional. Fue muy bien lograda el Hada de las Lilas (Claire Calvert), un papel que otras veces encarna la propia Núñez, y Carabosse (Kristen Mac Nally) con un magnífico traje negro. También resultaron encantadores y perfectos en su técnica, Caperucita, el Lobo, el Gato con Botas y su Gatita, el Pájaro Azul y su Princesa.

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Beatriz Cotello
Vive en Viena, tiene un marido, dos hijas y dos nietos. Ama la música, la danza y la ópera. Aprendió guitarra de chica y piano de grande. Tomó clases de danza con Ana Kamien. Era economista pero al llegar a Viena prefirió escribir sobre sus tópicos preferidos. Así llegó a Balletin Dance que es su segundo hogar.