Hace poco más de seis meses se inauguró en San Juan el Teatro del Bicentenario, un complejo cultural de casi 20 mil metros cuadrados, edificado en menos de dos años y medio, con un costo menor al requerido en las obras de refacciones del de Buenos Aires

En un viaje ráfaga, Balletin Dance visitó San Juan para presenciar el estreno de El Cascanueces, una experiencia digna de imitar en diferentes puntos del país. Se trató de un emprendimiento surgido de la necesidad de las academias de danza privadas de la ciudad, unidas bajo la consigna de ofrecer experiencia profesional a sus jóvenes alumnos. Así, una vez más, convocaron a para su montaje coreográfico e incluyeron en una coproducción, escenografía y vestuario del de Buenos Aires.

Luego de audiciones abiertas realizadas en la capital provincial, la maestra Segni seleccionó a casi 80 jóvenes bailarines cuyanos (de los 500 postulantes). Más de la mitad de ellos son menores de edad, en plena etapa de formación escolar. El resultado: fascinante. Con vestuario de Gino Bogani (que estuvo presente para supervisar sus magníficos atuendos) y escenografía de Sergio Massa (también presente), con la cuidadosa asesoría de María Cremonte (directora general escenotécnica del Teatro Colón, también en persona), la producción resultó impecable. Los roles protagónicos fueron encomendados a , y Matías Santos (del primer coliseo porteño).

La obra se presentó con orquesta y coro de niños en vivo, ambos pertenecientes a la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). La primera conducida por Emmanuel Siffert y el segundo (de acabada actuación) bajo la batuta de Jorge Fuentes.

La sumatoria de todos estos ingredientes, reflejaron sobre las tablas un espectáculo de primer nivel.

En escena

Resulta difícil imaginar cómo 80 pequeños niños/jóvenes pre-profesionales puedan lograr semejante resultado, con apenas dos meses de trabajo (simultáneo a sus otras ocupaciones habituales). La explicación es simple: una buena dirección (con objetivos claros y una planificación acorde), puede hacerlo.

Lidia Segni se ha propuesto con este montaje ofrecer una puesta en escena de calidad. Vale recordar la frase proverbial que señala la condición de aquel espectador a quien ‘los árboles no dejan ver el bosque’, pues no tendría sentido detenerse en detalles individuales referidos a las habilidades técnicas desarrolladas por los pequeños, sino que la atención debe centrarse en la propuesta en su conjunto. Sin lugar a dudas, inolvidable para todos sus protagonistas.

Planes a futuro

Pero este informe va más allá de la experiencia coreográfica. Balletin Dance entrevistó al director general del recientemente inaugurado Teatro del Bicentenario: Eduardo Savastano, para comprender mejor los ejes de su novel gestión. En una conversación extensa, en su inmaculada oficina, que incluyó también una visita guiada personalizada, dejó maravilladas a quienes lo visitábamos. El teatro es imponente, arquitectónicamente estimulante, está en perfecto estado (es todo nuevo), limpio y ordenado, cuidado, con tecnología de última generación, salas de ensayo para ballet (piso especial) y orquesta (pianos Steinway & Sons, que acaban de llegar de Alemania, como una de sus mayores conquistas), con varias salas de exhibición y exposición.

Eduardo Savastano. Foto: Alicia Sanguinetti

Savastano, que la noche de la función ofició de acomodador y de cortador de tickets de ingreso, pasa todo el día en el teatro. Conoce a todos los asistentes, es sanjuanino de origen, y realizó su carrera de músico y productor en Europa durante varias décadas.

Con la ayuda de un powerpoint proyectado en un plasma, el entusiasta director señaló los lineamientos de su gestión, el balance de los primeros seis meses, y el futuro que en materia de cultura siempre será, a su entender, a largo plazo.

Asumir en un cargo completamente nuevo permite cierta creatividad. Con la apertura del teatro que permitió ofrecer óperas y ballets completos por primera vez en la provincia, Savastano identificó tres aspectos fundamentales para la puesta en marcha de la actividad: “la recepción de la obra [el edificio]”, un sistema de ingeniería para dotar el equipo de trabajo integrado por apenas “50 personas” resultado del análisis de mil currículums (no está de más comparar la planta, con los más de mil empleados que posee el Teatro Colón de Buenos Aires), “estamos cortos en algunas áreas, pero vamos creciendo”, se contrata gente para las diferentes producciones (sastrería, peluquería, escenografía); y el tercer tema “fue armar la programación”.

Programación

“Debemos trabajar en tres áreas: la artística, la promoción y las relaciones con la comunidad”. Se trata de programar para cuatro espacios: “el auditórium, que es la sala secundaria; el hall de acceso; la sala principal y los espacios exteriores. ¡Acá hay un Pompidou, mis amigas! -dice lleno de entusiasmo a quien escribe y a Alicia Sanguinetti, incansable con su máquina de fotografías-. Sobre todo en verano y con un clima tan benévolo como el nuestro (con una gran eliofanía), que podría integrar al arte urbano a la vida del teatro”.

En cuanto a programación “abrimos tres frentes de trabajo”, explicó Savastano, que por el momento no tiene planeado crear cuerpos artísticos estables (tal como señaló Claudia Grynszpan, Ministra de Turismo y Cultura de la provincia a esta cronista). Habrá producciones propias, coproducciones en alianzas con diferentes teatros de la región y puestas completamente externas (algo así como alquiler de la sala). El funcionamiento permite la comunión entre fondos públicos y privados, que es bastante novedoso en nuestro país.

“Está claro que queremos ser un polo de creación de arte en el desarrollo cultural (sabemos que el arte es una cosa y la cultura es ese caldero del druida, donde entra todo adentro). Queremos generar una transformación cultural” y construir “prestigio”.

La gestión estará abierta a todos los géneros artísticos con la misión de estimular la innovación y la creación artística, “sobre todo cuando vivimos en una comunidad no muy grande, pero con mucho talento y mucha vida cultural”, aseguró.

Esta primera temporada de su historia, como hecho “vivo”, se va completando a medida que van pasando los meses. La programación impresa en marzo de este año, ya sufrió varios agregados y están cerrando varias confirmaciones para las temporadas 2018 y 2019.

Las actividades en la “sala pequeña” incluyen clases magistrales, conferencias, debates, charlas, presentaciones de libros “todo el mundo del pensamiento, no solamente arte”.

Transformación social

Y el director va por más: “Si lo que ponemos sobre el escenario te hace espiritualmente vibrar, surgen los valores. Y si después de una función como la de El Cascanueces, salimos pensando que la excelencia se logra, que hay un mundo maravilloso, que con trabajo se logran los resultados, entendemos los valores como el esfuerzo y el sacrificio. Es ahí donde entendemos, que el arte también tiene un gran valor transformador para la comunidad”.

Los programas de formación y perfeccionamiento especialmente diseñados para niños-jóvenes, demuestran que “transformar a la juventud con formación, es un camino posible, como se experimentó en este ballet”.

Se están definiendo varios acuerdos de cooperación con universidades de arte extranjeras para 2018.

Prestigio

Eduardo Savastano vuelve a expresar su preocupación por “ser impecables, como Teatro. En todo lo que hagamos desde el principio. Porque no solamente hace falta una buena obra y una buena producción, hace falta tener prestigio”. Ese prestigio creador de identidad permitirá concretar alianzas, entre el sector público y privado (financiamiento), en beneficio de nuevos proyectos en las industrias culturales.

Conquista

Por último, el director expresó su alegría al encontrar en sus estadísticas un alto porcentaje de logro en sus primeros meses de gestión, para “que la comunidad se apropie del teatro”. Han pasado unas veinticinco mil personas en los primeros cuatro meses de funcionamiento del complejo. Hecho que se consolida con las visitas guiadas “una gran herramienta”, planes para escuelas con proyectos didácticos (y escolares que asisten a ensayos generales), planes para las familias, espectáculos y presentaciones. “Hicimos un convenio con el Banco de San Juan y la Universidad Nacional para ofrecer El Mago de Oz, en una adaptación con puesta en escena”.

En danza

Silvana Moreno, directora artística del Teatro del Bicentenario y profesora de danza (ex directora de Arte y Oficio de la Secretaría de Cultura de la provincia), señaló a Balletin Dance, que “de los 77 bailarines que son el cuerpo de baile de El Cascanueces (sin los solistas), 36 tienen menos de 18 años. Son chicos que están estudiando en el colegio secundario, en proceso de formación y que definitivamente nosotros entendemos que es una gran posibilidad para que ellos hagan decisiones en términos de su vocación. Aunque después no sigan con la danza. Actitudinalmente. Se están apropiando de actitudes y de conductas que les van a servir para todo, como es la disciplina, el valor hacia el esfuerzo, no dejarse vencer ante el primer escollo”, y Savastano enfatiza: “el trabajo en equipo. El ser parte de algo más grande que uno”.

Jóvenes no profesionales haciendo una obra de manera profesional, es algo que “vemos como un gran valor agregado” señala Moreno. “Porque tal vez no se termina de entender esta forma de trabajo, justamente -y Lidia Segni siempre lo ha dicho-, no son profesionales en el sentido estricto del término, pero son personas que dedican muchas horas a la danza”.

Silvana Moreno. Foto: Alicia Sanguinetti

Danza en la programación

“La primera producción inédita completa del Teatro del Bicentenario, es la obra Momento, un proyecto que surge de la mano de Victoria Balanza (sanjuanina) y Diego Poblete, quienes hicieron una propuesta de danza contemporánea al Teatro y vamos a producirla. Con una puesta en escena con otra impronta, algo bastante distinto de lo que ha sido El Cascanueces y con menor cantidad de bailarines. Los ensayos van a comenzar en julio, dos meses antes del estreno. Las funciones serán los días 1, 2 y 3 de septiembre”. En la audición que se realizó el 9 de junio, fueron seleccionados 18 bailarines, en su gran mayoría sanjuaninos, de entre más de 150 postulantes. La obra contará en los roles protagónicos con los bailarines argentinos Lucas Segovia (del Joffrey Ballet), Guido Bonacossa (Teatro San Martín) y la propia Balanza (radicada nuevamente en su provincia). “Tenemos una gran expectativa con esta obra”.

Junto al Instituto de Cultura Francés, se ofrecerá Pixel, “que reprogramamos para 2018 (con seguridad), a pedido de la compañía Kafig, por una cuestión de agenda de ellos”.

“En octubre tenemos a con Zorba el Griego, viene el ballet del Teatro Municipal de Santiago de Chile completo, la maestra, escenografía y vestuario”.

Por otro lado, en San Juan hay una gran comunidad de danza, “institutos privados, que se han nucleado”, para presentar un proyecto que contempla distintas obras durante el año. “En agosto mostrarán Don Quijote con coreografía de la mendocina Shirley Jorquera. Ellos se están encargando de absolutamente toda la producción y han hecho audición en San Juan”. La obra será protagonizada por el sanjuanino Guillermo González Sevilla y Lucía Piccini (integrantes del Sodre de Montevideo) y las maestras locales preparadoras son Cristina Brisson, Celina Castro, Beatriz González, Soledad Lloveras, Reina Pérez y Griselda Sisterna.

Acuerdos

En este primer año ya consolidaron acuerdos con el , con el Teatro Colón y el Municipal de Santiago de Chile. “Estamos ingresando ahora a Opera Latinoamérica (OLA)”, organización que nuclea a teatros iberoamericanos, y comienzan conversaciones con óperas europeas, según explicó Savastano: “hay que crecer. Hay que insertarse, y la mejor forma de apoyar a nuestra comunidad artística es fusionándose, abriendo puertas, tener intercambios, flujo de arte, de excelente nivel. La calidad es indiscutible”.


El Teatro

El edificio presenta varias particularidades arquitectónicas que han sido realizadas con extraordinaria calidad, seguramente más estéticas para quienes practican esa disciplina artística. Una plaza con fuente y aguas danzantes dan la bienvenida al complejo. Se ingresa al Teatro a través de un gigantesco arco vidriado (perfectamente simétrico), de allí al Hall Principal que servirá de sala de exposiciones, luego al Foyer y finalmente a la sala principal (en herradura, con 1129 butacas españolas).

La sala está apartada del resto de la construcción, rodeada de jardines y forrada en hierro oxidado, que refleja el sol con innumerables variantes de color a lo largo del día, mientras que por la breve noche, la iluminación la transforma en dorado. Por supuesto tiene equipamientos de iluminación y sonido de última generación, preparada para espectadores con audífonos, y una acústica encargada a los especialistas en la materia, que superó las pruebas de calidad. El foso de orquesta de características Bayreuth (con desniveles), permite una orquesta de hasta cien músicos, y su amplio escenario de 17,70 metros de boca, por 32 metros de fondo, cuenta con plato giratorio y amplio espacio tras-escena.

En el resto del edificio se encuentra la Sala Secundaria (Auditorio) con acceso independiente (para 196 personas y un escenario de 11 x 9 metros), un sector de oficinas, salas de ensayos, aulas para la realización de diversos talleres, camarines, talleres de escenografía y vestuario, comedor y cocina de artistas y personal; todo con luz natural y varios accesos en tres plantas.

Visita 360º: http://www.teatrodelbicentenariosanjuan.org/recorrido/index.htm