La artista bonaerense , presentará La Esclava en los festivales El Cruce y Mercosur, sobre fines de este año. Radicada en Bélgica desde el año 2000, su obra pivota sobre el cuestionamiento de los roles sociales y el feminismo

 

Su nombre de origen mapuche, significa alegría y en sus sueños infantiles se veía viviendo en una comunidad en el Amazonas. Nada más lejos de la realidad. Una vez finalizada su formación en el , en el año 2000, Ayelen Parolin se estableció en Bruselas. Había estudiado en la Escuela Nacional de Danza antes de viajar al Viejo Continente, donde continuó su formación en Montpellier. Trabajó como bailarina para Mathilde Monnier, Mossoux-Bonte, Jean-François Peyret, Mauro Paccagnella, Louise Vanneste, Alexandra Bachzetsis, Anne López y Riina Saastamoinen.

El solo autobiográfico 25.06.76 (su fecha de nacimiento) fue su ópera prima como coreógrafa en 2004, a partir de la cual fue despuntando en el panorama de la creación contemporánea y performática.

Becada por la Fundación y apoyada por el programa de fomento de jóvenes artistas Pépinières Européennes for Young Artistes Programme XXL, Ayelen Parolin pisa con fuerza en los principales circuitos de la escena contemporánea europea. Precisamente, Balletin Dance coincidió con ella en la pasada edición del Festival Montpellier Danse, donde presentó su última obra, Autóctonos.

 

¿En qué consiste Autóctonos?

Aparece como una continuación de Herejes, mi obra anterior. Si esa pieza era la perfección del sistema, en Autóctonos quiero que se vean los agujeros del sistema y qué consecuencias tienen en el individuo y en la comunidad. Mi fantasía fue siempre ir a una comunidad en el Amazonas y aprender otra forma de vivir. Autóctonos tiene que ver con que yo puedo mirar en google un stage con un chamán, pagar, e ir a un estudio donde al mediodía, hay sopa y pan bio. Eso no coincide en nada con mi sueño. Es la impresión de que podemos consumir todo, incluso de una manera superficial, pero, a la vez, que no tiene mucho valor. También tiene que ver con tomar el origen, tomar esta vuelta a la tierra, de una manera consumista.

 

Se inspiró en la novela 2666 del escritor chileno Roberto Bolaño.

En ese libro hay un personaje que para mí es muy revelador: es una persona que aparentemente es muy exitosa, pero a pesar de ello, está totalmente angustiada, totalmente tapada de trabajo, sin tiempo para nada. Lo que me gustó de ese personaje es que en apariencia es muy exitoso, pero en el interior está muy vacío, muy perdido, muy angustiado. La fachada no es verdaderamente lo que es.

 

Por otra parte, aboga por un ritual para retornar a la tierra.

Fue al principio del proyecto, pero luego trabajé con un creador que me mostró el otro lado de la moneda de volver a los orígenes: volver a la tierra también puede tener un lado consumista. En el medio del proceso, fueron las elecciones de Trump en Estados Unidos, la extrema derecha en Francia y mismo en Bélgica, con un lineamiento muy conservador. Sentí que con este volver a la tierra, la argumentación podía ser parecida a esa extrema derecha. De la misma manera los mapuches dicen: “nada me pertenece y a todo pertenezco”, pero cambiaron su discurso cuando les sacaron las tierras.

La sociedad y las comunidades evolucionaron. Me parecía que el concepto de volver a la tierra era algo fijado en el tiempo, pero que no se correspondía ni a la realidad social ni a la de los mapuches. La solución sería encontrar un ritual hoy: qué nos conecta, qué nos hace tener valores más importantes.

 

¿Cómo surgió la opción de establecerse en Europa?

Terminé el San Martín en el ‘98 y en esa época, todos los profesores nos animaban a viajar. Cuando llegué acá, no tenía nada que ver con lo que yo veía en Argentina. Era el año 2000, todavía no era la época de internet (ahora las distancias se acortaron y todo es mucho más accesible). Al principio, no entendía nada, a todo nivel: artístico, a nivel de código de la calle. En las primeras audiciones no me fue bien y fue María La Ribot quien me animó a hacer mi primer solo para desbloquear la situación, que es mi fecha de nacimiento. 25.06.76 era un trabajo sobre la memoria. Entonces hice una carta de visita con cosas que yo había bailado pero, a la vez, tengo una forma de hacer las cosas que son muy personales y radicales. A partir de esa pieza, se desbloqueó la situación, empecé a trabajar en compañías. Lo que fue interesante fue que tuve la oportunidad de recrearme a mí misma, de renacer. En ese momento, en Argentina, yo sentía que la singularidad era un problema. Encontré que, en Europa, estaba completamente estimulada la singularidad y la diferencia, también porque en Bruselas había muchas más oportunidades económicas. Tuve la sensación de que allá había lugar para todos.

 

¿Cuál es su meta en el mundo de la creación?

Cuando llegué acá, dije que para mí era una especie de impulso, llegaría hasta donde llegara, y cuando terminara, me volvería. Yo soy muy tenaz y muy trabajadora, pero no tenía objetivos. Por eso, siempre me sorprendo cuando me invitan aquí o allá. Entonces estoy siempre en la alegría de lo que me sucede. Mi sueño en Europa era bailar con una compañía y lo realicé en 2005 cuando bailé en la compañía de Mathilde Monnier. Será hasta donde tenga que ser. No sé si va a funcionar, pero trato de no crear recetas y no conformarme. Prefiero equivocarme por tomar riesgos a estar segura.

 

Aváncenos algo de su próxima gira por Argentina.

Mi relación con Argentina es más bien familiar. Voy una vez al año en diciembre. Al principio de establecerme en Europa, siempre seguía leyendo Balletin Dance, pero después de un momento, la realidad acá me consumió plenamente. La única vez que mostré mi trabajo desde que estoy en Europa fue mi solo en el festival de danza contemporánea en 2010 y otra vez di un workshop en el San Martín. Pero este año, vamos a Rosario al festival El Cruce y al festival Mercosur con La Esclava, una pieza que hice con Lisi Estaràs [también argentina], que trabajó con los Ballets C. de la B. durante 20 años y que cuando yo estaba embarazada, me reemplazó. Después, creamos juntas este solo para ella. Ella carga con una especie de escenografía en bambú, que podría ser la historia, el antepasado. Es algo con lo que tiene que bailar, que es enorme, pero, a la vez, le puede proteger.


Próximas Actuaciones

Hérétiques: Teatro Nacional de Bruselas, Bélgica (22 y 23 de septiembre), Festival Indiscipline de Radialsystem, Berlín, Alemania (3de noviembre).

Autóctonos: Bienal de Charleroi Danses, Les Ecuries, Charleroi (7 de octubre), Festival Next, CDC-Le Gymnase, Roubaix, Francia (17 y 18 de noviembre), IETM, La Raffinerie / Charleroi Danses, Bruselas (24 y 25 de noviembre)

La Esclava: Next Festival, Espace Pasolini, Valenciennes (13 de noviembre), Centre Culturel de Limoges, Limoges (16 de noviembre).

7even: Gira alemana (septiembre, octubre y noviembre)

COMPARTIR
Artículo anteriorEn Busca de la Identidad Flamenca
Artículo siguienteLa Oscuridad de la Revolución
Iratxe de Arantzibia

Licenciada en Derecho y en Periodismo por la Universidad del País Vasco (UPV-EHU) y Posgrado en Periodismo Digital por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Desde su infancia se interesó por el mundo de la danza, recibiendo clases de clásico, contemporáneo y jazz. Inició su trayectoria profesional en el periodismo en 1992. Ha colaborado en diversas webs y publicaciones especializadas nacionales e internacionales, y ha sido conferenciante y jurado de instituciones públicas y concursos de danza. También trabajó como responsable de comunicación en asociaciones de danza, ha coordinado y gestionado las candidaturas al Premio Nacional de Danza de Lucía Lacarra o Alicia Amatriain, y al Premio Príncipe de Asturias de las Artes de la candidatura conjunta formada por Ángel Corella, Lucía Lacarra, José Carlos Martínez y Tamara Rojo.