Desde Viena, ballet y más ballet

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Sylvia de 2018, en coreografía de Manuel Legris

Debido a las medidas adoptadas en Austria, con motivo de la pandemia de coronavirus, su suspendieron los espectáculos con púbico. Esto no impidió la transmisión del Ballet Sylvia para navidad y el tradicional concierto de año nuevo con valses bailados

Sylvia, producción de la Ópera de Viena (2018)

Para alegrar el día de Navidad, la transmitió el Ballet Sylvia, de la era Legris (https://fal.cn/StreamSylvia).

En 2018, Manuel Legris (entonces director del elenco) resucitó y coreografío la obra, en base al original de Louis Mérante (con toques de Lifar y otros coreógrafos que retomaron la pieza), sobre partituras de Léo Delibes.

Sylvia es una ninfa de la corte de Diana y en este ballet se cuentan sus amores (no permitidos, dada su condición de seguidora de la diosa) con el pastor Aminta. La leyenda original fue dramatizada por Torcuato Tasso en un drama que lleva el nombre del pastor.

Se trata de un espectáculo de gran belleza, con riqueza de decorados y un vestuario de sutiles gasas (y vistosas mallas para los personajes masculinos), imaginados por Luisa Spinatelli (la preferida de Legris) elaborados por el departamento de sastrería del teatro. Todo un goce para los amantes de la y el ballet que no desdeñan entrar en el mundo maravilloso de la mitología griega.

La pieza se desarrolla en un prólogo y tres actos. La introduce la diosa Diana (Ketevan Papava), el único personaje cuya túnica es de un rojo intenso, y lleva en la cabeza un casco dorado y negro. Es una extraordinaria bailarina, hermosa, alta y de presencia imponente.

Al fondo, la imagen evanescente de Sylvia (Nikisha Fogo) una de las ninfas de su escolta. Están delante del templo de Eros, si bien ellas no lo reverencian por cuanto son castas tal como su diosa.

En el acto siguiente, ninfas, sátiros y otros espíritus del bosque danzan llenos de alegría, hasta que perciben una presencia humana y huyen en todas direcciones.

El sátiro principal luce medias con sombras de rojo, los otros, en tono más claro y las ninfas (en este caso dríadas porque viven en el bosque), con suaves túnicas flotantes en distintos colores pastel. Se destaca una ninfa principal, de celeste (Olga Esina).

Cuando se van, aparece el pastor Aminta, que viene a invocar el auxilio de Eros para enamorar a Sylvia, a quien ha visto en el bosque.

Oye un sonido de cuernos en la lejanía y se esconde.

Al punto ingresan las huestes de Diana, portando sus arcos. Una linda llena de brío, con mucho juego con los arcos, como debían ser las de las ninfas de la antigüedad. No hacen caso de la presencia de Eros, antes bien, lo desafían, ya que se sienten inmunes a su poder.

Llega Diana y ve la piel de cordero, se la ve enojada, las ninfas encuentran a Aminta, compungido, Diana ordena que le arrojen una flecha… a Eros, culpable de todo. Aminta, que lo reverencia, se interpone y recibe la flecha en pleno pecho, Eros contraataca y flecha a Sylvia. Por fin, Sylvia sopla el cuerno y todas se van.

Vuelven los campesinos y los sátiros, desde atrás llega Orión (Michael Soshnovki) que en una muestra su condición de recio macho. Hace tiempo que le había puesto el ojo a Sylvia y no iba a ser él quien anduviera con rodeos como el humilde Aminta.

Los campesinos descubren a Aminta tirado en el suelo, pero escapan cuando aparece Sylvia, toda compungida (y enamorada, no en vano Eros la ha flechado). Orión aprovecha el momento para raptarla, a pesar de los esfuerzos que ella hace por liberarse, en un pas de deux de mucha energía y arriesgados saltos y maniobras.

Los campesinos vuelven a asistir al pastor y convocan a un brujo quien lo hace volver en sí. Al despertarse, oye una trompeta lejana y sale en auxilio de Sylvia.

En el segundo acto, Orión ha llevado a la ninfa a sus dominios, ella hace intentos de escaparse pero los sátiros se lo impiden.

Orión trata de conquistarla con su danza, ella en cambio le escancia copa tras copa de vino, seguramente para que se embriague y desista de sus eróticos propósitos.

Sylvia baila con las odaliscas. Bailan las odaliscas con los sátiros.

Un pas de deux magnífico de Sylvia con Orión, con muchos ronds de jambe fouettés. Aplauso cerrado.

Tercer Acto. En el medio del escenario, atrás, una puerta dorada con relieve de briosos corceles a la que se accede subiendo unas gradas.

A la izquierda un templete con la puerta cerrada.

Campesinos y sátiros transportan un grandísimo pocal y lo colocan cerca del templete.

A la derecha, una estatua de esfinge.

Emerge Eros de la puerta central. Lo sigue Aminta.

Llega Sylvia y baila el conocido pizzicato del tercer acto, luego Eros la invita a que baile con Aminta. Nuevamente un pas de deux de difícil ejecución.

Entre variación y variación, Eros baila con las ninfas de Diana.

La secuencia es: campesinos, alegres danzas y seguramente cánticos / Eros y las ninfas / Dúo de Sylvia y Aminta / solo de Eros.

Irrumpe Orión con toda su fuerza, ataca a Aminta, luchan ambos en desigual pelea.

Sylvia se dirige al templete y se esconde adentro, pero Orión, recio macho, va a golpear la puerta.

No sale Sylvia sino Diana misma, quien impone su autoridad.

Sylvia y Aminta le ruegan que les permita unirse, cual es su deseo.

Son notables en esta producción las escenas de conjunto que cierran los actos. Una belleza.

La pose final de Aminta y Sylvia delante de la puerta de Eros es una elocuente expresión de la nobleza de la clásica: magistral la postura, ambos bailarines perfectamente paralelos, los brazos alzados hacia el lejano olimpo, el perfil en esa dirección.

Esta puesta representó un tour de force para la compañía, todo resultó perfecto hasta la última ninfa del coro.

Al término de la función, Legris saluda emocionado, Nikisha-Sylvia quien fue promovida a Primera Bailarina, distinción muy merecida.

Las ninfas, según los griegos.

> Ninfas del elemento acuático: Del Océano: Oceánides. Del Mediterráneo: hijas de Nereo: Nereidas. Ninfas de los ríos: Náyades

También se las nombraba con el nombre del río donde pasaban su existencia.

Ninfas del agua: Hidríades

Muchas de estas ninfas presidían fuentes, y se creía que inspiraban a quienes bebían de ellas, se pensaba que las ninfas estaban dotadas de poderes proféticos que inspiraban a los hombres, otorgándoles el don de la poesía

> Ninfas de las montañas y grutas: Oréades

> Ninfas de los bosques, arboledas y praderas: Alseides, Antoníades y Napeas. Se creía que aparecían para asustar a los viajeros solitarios.

> Ninfas de los árboles: Driades. Se creía que morían junto ellos.

Las ninfas eran honradas con santuarios en muchas partes de Grecia y se ofrecían distintos sacrificios, que consistían en cabras, corderos, leche y aceites.

Orión, que tiene su constelación en el firmamento, era un gigante muy forzudo y peleador.

Concierto de Año Nuevo en Viena

Los valses bailados del concierto de año nuevo de la filarmónica de Viena.

Como todos los años, el concierto de año nuevo es “decorado” con dos coreografías de respectivos valses, que siempre destacan diversos lugares y palacios de Austria, que ciertamente abundan.

El público que normalmente asiste al concierto, se pierde estas preciosas piezas de las que gozamos los que lo vemos por televisión (mientras tomamos el desayuno).

Al igual que el año anterior, el coreógrafo en esta oportunidad fue José Carlos Martínez, español, que fuera danseur étoile de la Ópera de Paris (de ahí su francés impecable).

Los ámbitos elegidos para los ballets tienen que ver con efemérides del año. Esta vez fueron la Polca Margherita de Josef Strauss, que tuvo lugar en la Looshaus (celebrando los 150 años de Adolf Loos), edificio que hoy ocupa la casa central del Reifeisen Bank.

En una entrevista, Martínez se refirió a las dificultades con las que se tuvo que enfrentar para crear una coreografía en un recinto de pequeñas superficies. El hall de entrada es limitado y lo domina una escalera, y una segunda parte se bailó en un entrepiso de baja altura, de modo que no era cuestión de alzar a la bailarina.

A pesar de estos inconvenientes, consiguió con ingenio y la profesionalidad de los bailarines, una graciosa coreografía en la que tres bailarinas (Alice Firenze, Sveva Gargiulo y Ketevan Papava) intercambian coqueteos con Davide Dato, ya subiendo y bajando la escalera ya avanzando por una plataforma sostenida por caños pintados de blanco. Los trajes, al estilo años treinta, fueron diseñados por Cristian Lacroix.

El vals Margherita (opus 244), dedicado a la reina Margherita de Italia, fue un “estreno”, ya que nunca se había tocado en el concierto que marca el inicio del año.

Por otro lado, el vals Voces de Primavera (Fruhlingsstimmen) es, en cambio, un clásico de Johann Strauss (opus 410), que figura muchas veces en el programa. Es hermoso y muy descriptivo, se oyen pajarillos y uno se imagina que se abren las flores y los árboles reverdecen.

¡Para este vals sí que había espacio! Porque se bailó en el magnífico y grandioso hall de entrada del Palacio Liechtenstein (el palacio de verano que tenía el príncipe, ya que para el invierno tenía otro en el centro). De ahí los bailarines salieron al atrio, delante del palacio. Luego se ubicaron en la terraza que da al jardín posterior y finalmente bajaron al parque arbolado.

Mirá el making off de la producción coreográfica en este link: https://www.facebook.com/100002203698721/videos/3607425369340884/

Fueron cuatro parejas de bailarines: Liudmila Konovalova y Denys Cherevychko, Ketevan Papava y Roman Lazik, Alice Firenze y Masayu Kimoto, Eszter Ledán y Zsolt Török.

Martínez los hizo bailar con mucha creatividad el ritmo de 3×4, el terreno era más propicio, pero dudosamente sea fácil bailar en punta sobre el pedregullo o sobre el pasto.

El vestuario, también de Lacroix, fue más fastuoso en esta pieza, con varias capas de seda drapeada de manera asimétrica (por no decir caprichosa).

Konovalova estaba en varios tonos de violeta, las otras en varios tonos cálidos: salmón, coral y naranja con aplicaciones contrastantes.

Así como los filarmónicos pueden tocar los valses hasta dormidos, los bailarines mostraron su perfecto dominio técnico y su gracia en el bailar del rey de los ritmos bailables.

En el magnífico y grandioso Palacio Liechtenstein

Apéndice a los valses

Adolf Loos (1870-1933) fue un arquitecto vienés de la corriente innovadora de fines del siglo XIX y principios del XX, si bien no comulgaba con los artistas del Jugendstil y la Wiener Sezession, por cuanto no estaba de acuerdo con la ornamentación en arquitectura (un maestro en esa materia era el arquitecto Otto Wagner). Su principio, expresado en el texto ‘Ornamento y delito’ consistía en que “la funcionalidad y ausencia de decoraciones es un signo de adelanto en la cultura por cuanto contribuye a economizar la fuerza humana”.

Loos entendía que la belleza de un inmueble se consigue por la utilización de nobles y es así que la fachada en la planta baja está revestida de puro mármol gris, lo mismo que las columnas que soportan el entrepiso.

El edificio, basado en estos principios, donde se desarrolló el vals ‘Marguerita’, está construido en la esquina de enfrente al palacio imperial.

En su momento dio lugar a un escándalo porque la falta de adornos se consideró una indecente desnudez, y hasta el Kaiser ordenó que se mantuvieran cerradas las ventanas del palacio que dan justo enfrente. Le quedó el apodo de casa sin pestañas (o casa sin cejas), por cuanto los clásicos edificios de Viena tienen siempre un triángulo de material encima de las ventanas. Loos ofreció una solución de compromiso poniendo maceteros por debajo de las aberturas, que a partir de la primavera se llenan de flores.

Visto con ojos de hoy, es un magnífico edificio.

Otra efeméride del año es la anexión a de la provincia del Burgenland (tierra de castillos), que estuvo en disputa después de la primera guerra mundial cuando se desmembró el Imperio Austrohúngaro: el territorio está en el límite con Hungría, pero se convino que formaría parte de Austria porque la población hablaba alemán.

El video correspondiente muestra paisajes de la región, que es chata como una llanura o ‘puzta’, diversos castillos, la laguna Neusiedlersee y en todos ellos grupos de filarmónicos interpretaron diversas piezas musicales.

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Vive en Viena, tiene un marido, dos hijas y dos nietos. Ama la música, la danza y la ópera. Aprendió guitarra de chica y piano de grande. Tomó clases de danza con Ana Kamien. Era economista pero al llegar a Viena prefirió escribir sobre sus tópicos preferidos. Así llegó a Balletin Dance que es su segundo hogar.