Elogio de la danza en la apertura de temporada del Colón

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Mauricio Wainrot montó su monumental obra ‘Carmina Burana’ con el Ballet Estable y el resto de los elencos de la casa. A 26 años del estreno, es la primera vez que se presentará con músicos y cantantes en vivo en Buenos Aires.

Juan Pablo Ledo yace en lo alto, como flotando, sostenido por un enjambre de brazos fibrosos. Sobre él, temerosa, Ayelén Sánchez ensaya la actitud deseada en una levantada con destino de fotografía. El ejercicio falla una, dos, tres veces. Va de nuevo. Mauricio Wainrot no se altera, enumera posibilidades, propone nuevos puntos de apoyo, alienta en todo momento.

En la histórica Rotonda escondida en las entrañas del Colón se trabaja con aire relajado. Cuando la música suena y la pareja protagónica prueba el “dúo de la taberna”, como lo identifica el coreógrafo y director, otros cuerpos replican los movimientos dando vida a un impensado juego de espejos. Repasan las secuencias para cubrir esos mismos roles en alguna de las once funciones de ‘Carmina Burana’ que el Ballet Estable ofrecerá desde el martes 12, en la apertura de temporada de nuestro máximo coliseo.

Juan Pablo Ledo y Ayelén Sánchez yacen en lo alto, como flotando, sostenido por un enjambre de brazos fibrosos. Ph: Carlos Villamayor.

“Estoy contento y emocionado”, dirá Wainrot una vez terminado el ensayo, ya instalado en una sala contigua, entre trastos y zapatillas de baile, mientras el bullicio exterior salpica la charla. “Se cumplen 26 años del estreno de esta obra que hice sobre la composición musical de Carl Orff, y es un evento especial también porque esta es la undécima compañía que la estrena. La creé en 1998 para el Ballet Real de Bélgica, donde era coreógrafo residente. Ahí hice once obras en total. Además de ‘Carmina…’, ‘La consagración de la primavera’, ‘El Mesías’, ‘Distant Light’, por la cual estuve nominado al Benois de la Danse en 2004”, enumera el célebre creador en vísperas de esta rentrée que lo tiene muy movilizado.

Sé que el hecho de poder hacerla con orquesta, coros y cantantes solistas en vivo tiene un valor especial para usted.

Hace mucho tiempo que quería hacer ‘Carmina Burana’ en el Teatro Colón. En el San Martín la hice muchas veces, siempre con unos bailarines maravillosos, pero ahí nunca se pudo hacer con los cuerpos musicales porque el teatro no los tiene. Lo intentamos muchas veces, pero no se logró en los 17 años que fui director del Ballet Contemporáneo. (Ya antes de eso Wainrot había conducido ese elenco por cuatro años, entre 1982 y 1985).

¿Y en aquel momento ya pensaba que en el Colón podría cumplir ese sueño?

Desde luego. La obra la monté en Bélgica, y la segunda compañía que la tuvo fue el Royal Winnipeg Ballet, de Canadá, una compañía sensacional de la que fui primer bailarín invitado durante dos años. Pero en ninguno de esos lugares se dio con músicos en vivo. En realidad, yo monté ‘Carmina…’ para una gira. El Ballet Real de Bélgica ya tenía vendida una gira con este título y el director quería que yo lo hiciera. Pero yo no tenía interés en él.

¿Por qué razón?

La música la había escuchado en varios eventos, pero nunca la había trabajado minuciosamente. Cuando me lo propusieron me senté a escucharla tranquilo en mi casa, y me fui convenciendo. Pero más aún me atraía que viajaran con mi obra por toda Europa. Hicieron 150 funciones, la repercusión fue enorme.

Wainrot creó la coreografía de ‘Carmina Burana’ para una gira del Ballet Real de Bélgica, en 1998. Ph: Carlos Villamayor.

INTACTA

La creación de Wainrot llegó a nuestro país tres años después de su estreno mundial. A pesar del tiempo transcurrido, el coreógrafo entiende que la pieza se mantiene intacta. “Si sintiera que tengo que cambiar algo de una obra mía directamente dejaría de hacerla -observa-. Es como un pintor que hace su cuadro y no vuelve sobre él, no la va modificando. Si me permito hacer alguna modificación no es por la obra en sí sino porque la calidad de los bailarines lo amerita. Si veo que a un bailarín maravilloso le puedo agregar algo, alguna pirotecnia, sin traicionar la esencia, entonces lo hago. Se imaginará que en once compañías que la han hecho siempre hay algo distinto”.

¿Cuál es ese elemento distintivo en el Ballet del Colón?

A ellos les he puesto algunas cosas más técnicas. Porque, en definitiva, esta obra la hice para una compañía clásica. Por más que no bailen en puntas, tiene un vocabulario muy neoclásico. Entonces a ellos les puedo pedir un cierre con un doble tour o un saut de basque doble.

El Ballet del Colón ha pasado por varias etapas, con sus más y sus menos. ¿Con qué compañía se encontró?

Está en un momento hermoso. Si bien siempre tuvo muchos talentos, ahora están todos juntos. La esencia de la compañía siempre fue buena. Es cierto que han pasado cosas políticas y gremiales muy fuertes, pero esa es la esencia de la Argentina y el Colón no puede ser diferente del país. Nuestro país es quejoso, vivimos siempre enojados. Aunque por suerte nada de eso ha afectado el proceso que venimos desarrollando. Siempre que estuve en el Colón tuve un trato excelente con los bailarines. A mí me gusta trabajar con los artistas del Teatro, no considero que tenga que llamar a ninguna estrella para bailar alguna de mis obras. El Ballet está muy bien y los bailarines se tienen que lucir.

“El Ballet del Colón está en un momento hermoso. Si bien siempre tuvo muchos talentos, ahora están todos juntos”, celebra el director. Ph: Carlos Villamayor.

En efecto, no habrá figuras invitadas en las funciones que se extenderán hasta el 27 de marzo. “El proceso de trabajar con un bailarín estrella es muy bueno pero al mismo tiempo es contraproducente”, analiza Wainrot. “¿Por qué razón? Pues porque la gente viene a ver a la estrella, no viene a ver una obra. El artista que llega puede cambiar algunas cosas, y el espíritu de la pieza a menudo se resiente. ¡Cuidado, que yo también he pagado para ver a un solista! Pero en el fondo no me importaba lo que bailaba, y yo no quiero que eso pase con mis obras”.

Recuerda en este punto Wainrot el caso de una coreografía sobre música de Piazzolla que creó para la Opera de Riga. “Vino después una bailarina del Kirov a la que le encantó y pidió bailarla. La llevó a Moscú, ¡y la gente la miraba a ella! No les importaba otra cosa. Esa misma obra la hicieron acá (Hernán) Piquín con (Silvina) Vaccarelli y no hubo con qué darles, fue algo incomparable”.

UNA FIESTA

A pesar del tremendo compromiso al que se asoma, una apertura de temporada con una obra propia, en una puesta en la que confluyen todos los cuerpos artísticos del primer coliseo argentino, Wainrot no siente la presión. “Para mí es una fiesta. Me importa, sobre todo, que es un hecho importante para la danza que le confíen la apertura del año. Es una alegría enorme que mi obra sea un instrumento que permita presentar al Coro Estable, el Coro de Niños, la Orquesta Sinfónica y a cantantes solistas, junto con los bailarines”, celebra.

Fue en abril del año pasado que el coreógrafo recibió de parte del director general del Colón, Jorge Telerman, la propuesta de dar inicio a la programación 2024. “Le hablé de ‘Carmina Burana’ y me dijo que ya se había dado acá, pero yo le respondí que nunca se había hecho con coros y orquesta, como la haremos ahora. Le planteé que era una forma de mostrar todo lo que el Teatro pueda dar artísticamente. Y aquí estamos”.

Con voces y músicos en vivo, ‘Carmina Burana’ ya se vio en el Teatro Municipal de Río de Janeiro y en el Sodre uruguayo, de donde provienen la escenografía y el vestuario que se utilizarán en el Colón. Los cautivantes diseños corresponden a la inventiva del recordado Carlos Gallardo, que volverán a lucirse gracias al despliegue lumínico maquinado por Eli Sirlin. La dirección musical estará a cargo de Carlos Calleja y Sebastiano De Filippi en las sucesivas funciones. Miguel Martínez conducirá el Coro Estable y César Bustamante, el Coro de Niños de la casa.

“Ojalá pudiera seguir creando, pero sucede que para crear necesité siempre de mi propio cuerpo”. Ph: Carlos Villamayor.

LA SALUD

Como un tótem en lo alto de una loma, Wainrot controla todo el movimiento a su alrededor en situación de ensayo. “Quiéranse mucho, se aman”, les recuerda a Camila Bocca y Federico Fernández, quienes tendrán a su cargo el dúo de amor, compartiendo funciones con Ayelén Sánchez y Juan Pablo Ledo (“son pocas las veces que el público puede verlos juntos”, festeja el director). “Más sexy”, inquiere cuando el conjunto de siete parejas arremete desde el fondo. “Eso, reina”.

En los confines de la sala el movimiento es incesante. Mario Galizzi, responsable de la compañía, va y viene atendiendo cuestiones varias. Un solista canta a media voz sobre la pista grabada a lo largo de todo el cuadro. “No hay piqué, es chassé en tournant. ¡No cambien los pasos, estoy vivo todavía, esperen unos días!”, lanza Wainrot una humorada. Alguien palmea a destiempo en la línea de varones y todos sonríen. El director se incorpora de un salto, las manos en los bolsillos, con una vitalidad envidiable. Está en su salsa.

Este proyecto marca su vuelta al circuito de la danza después de atravesar algunos problemas de salud. ¿Cómo se encuentra?

Estoy muy bien, muy ilusionado. Y tampoco es que estuve alejado del todo, eh.

¿Qué le pasó concretamente?

Tuve una operación de cadera y se infectó.

¿Fue producto de una caída?

¡Una caída de 74 años! -responde y ríe con ganas- (en la actualidad Wainrot acusa 78). La operación estaba prevista porque la última vez que fui a Canadá en 2019 sufrí mucho dolor. Estaba montando ‘Carmina Burana’, solo, y tuve que seguir. Al volver fui derecho a ver al médico y me dijo que me tenía que operar, pero yo no quería. El tema es que cada vez caminaba peor. En ese momento era Director de Asuntos Culturales de la Cancillería y tenía muchos compromisos, pero como quería seguir trabajando me operé.

¿Qué pasó después?

Si bien me operé en un muy buen sanatorio y se ocupó de la intervención un destacado profesional, me agarré una infección intrahospitalaria y estuve lidiando con eso un largo rato.

¿La pasó mal?

Casi me muero dos veces. La pasé muy mal, y mi pareja peor que yo, porque yo no me daba cuenta de cómo estaba, seguía teniendo proyectos y planificando, pero estaba verdaderamente mal. Fueron cuatro años de sufrir, los primeros tres afrontando operaciones cada cuatro o cinco meses porque volvía a infectarse. Me cambiaron la cadera más de una vez, me pusieron un separador, en fin…De todos modos, después de la primera intervención estuve en Montevideo haciendo ‘Un tranvía llamado Deseo’, una obra que amo.

“Quiéranse mucho, se aman”, les recuerda a Camila Bocca y Federico Fernández. Ph: Carlos Villamayor.

LA CREACION

En septiembre pasado, la Legislatura porteña lo ungió como Personalidad Destacada de la Cultura, “un reconocimiento que siento desde siempre -admite-, al menos de la gente honesta que me ha conocido. Yo soy maestro, soy pedagogo, esto es lo que más me gusta ser. Naturalmente, un premio a uno lo halaga, pero no tenerlo no me frena. Estuve nominado dos veces al Benois, que es el Oscar de la danza, y en las dos ocasiones llegué a estar entre los tres finalistas pero no gané. Creo que si no me lo dieron es porque ninguna de mis obras era en puntas”.

Cuando se le señala lo oportuno de una mención honorífica como la de la Legislatura a un artista que aún se encuentra en actividad, hace una salvedad y se lamenta: “Ojalá pudiera seguir creando, pero sucede que para crear necesité siempre de mi propio cuerpo. Porque todo lo que ha visto hoy usted acá ha pasado por mi cuerpo, no hay un solo paso en la coreografía que yo no haya hecho”.

En este desafío al que se enfrenta junto al Ballet Estable se siente bien acompañado por sus asistentes-repositores, Victoria Balanza y Alexis Mirenda. “Tienen años de trabajar conmigo. Alexis me acompañó a Polonia tres años atrás en un viaje muy significativo para mí ya que una parte de mi familia fue asesinada en el gueto de Varsovia. En Gdansk, la ciudad donde comenzó la Segunda Guerra Mundial, montamos ‘Anna Frank’ e hicimos una obra nueva, el ‘Malambo’ de Alberto Ginastera”, comparte. De Victoria Balanza, quien supo brillar junto a Julio Bocca en escenarios del mundo, destaca su osadía al remontar en 2002 ‘Carmina Burana’ en el imponente Teatro del Bicentenario de San Juan. “Son chicos muy consustanciados con mi obra”, reafirma el creador.

Superados los contratiempos de salud, los planes de Mauricio Wainrot son de largo aliento. Después de culminado el compromiso en el Colón se abocará a trabajar en ‘La tempestad’, que saldrá a escena en junio en la que considera su segunda casa. “Siempre vuelvo al San Martín. Hace dos años, para el centenario de Piazzolla, se hicieron tres obras mías que lamentablemente no pude montar. Pero seguí todo el proceso por zoom”.

Ayelén Sánchez y Juan Pablo Ledo, bajo la mirada atenta de Wainrot. Ph: Carloos Villamayor.

Sé que ‘La tempestad’ es su obra favorita. ¿Por qué razón? Porque me siento un poco Próspero, el personaje principal, el mago que crea tempestades, personajes, situaciones. Es una obra muy poética, muy diferente de otras obras de Shakespeare. Siempre pensé que esa sería mi última obra (la estrenó en 2007). Pero por suerte no lo fue.

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Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Es Subjefe de Redacción y Editor de la sección Espectáculos del Diario La Prensa, de Buenos Aires. Además, es responsable del sitio web de noticias de Radio Meridiano (Mercedes, BA). Escribió en las revistas Fortuna, Danza Europa y Américas (Reino Unido), Destino Zero (España), Buenos Anuncios, Ohlanda, Buzz, OrientAr, TravelArg, Off, y en el Diario Perfil. Ligado a la danza desde su niñez, fue integrante del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore. Es jurado de los Premios Hugo al Teatro Musical y miembro de la Asociación Premios Chúcaro a la Danza Folklórica.