Inicio Edición digital Stekelman en tres tiempos: la memoria como materia viva

Stekelman en tres tiempos: la memoria como materia viva

0
25
Bailarinas: Catalina Weber y Fiorella Federico. Ph: Carlos Furman.

Con un programa integrado por tres obras de Ana María Stekelman, el Ballet del Teatro San Martín inauguró su temporada de verano bajo la dirección de Andrea Chinetti y Diego Poblete, co-director de la compañía. La propuesta excedió el formato de apertura de temporada para convertirse en un acto de memoria activa: un recorrido por una obra coreográfica que no solo forma parte del patrimonio del Ballet, sino que continúa dialogando con el presente.

La extensa trayectoria de Stekelman —bailarina, coreógrafa, fundadora y directora artística del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, creadora del Taller de Danza del teatro— se tradujo en un clima de reencuentro profundamente emotivo. Generaciones de artistas se dieron cita en escena y, al finalizar la función, la presencia de Julio Bocca, quien le entregó un ramo de flores, selló el homenaje con una ovación cargada de historia compartida.

Ana María Stekelman, en tres tiempos. Ph: Carlos Furman.

El programa se abrió con Bailando en la oscuridad (1988), obra emblemática del repertorio del Ballet Contemporáneo. Construida sobre músicas de J. P. Adams, Gerardo Matos Rodríguez, Kurt Weill, G. Ruiz, R. López Méndez, J. Carreras, M. Morales y E. Goicochea, la pieza adquiere una densidad singular gracias al muy destacado trabajo de diseño sonoro de Edgardo Rudnitzky, realizado sobre el original de José Luis Díaz. Lejos de cumplir una función meramente acompañante, el sonido organiza el tiempo escénico, construye atmósferas de tensión y silencio, y actúa como una arquitectura perceptiva que envuelve al movimiento y amplifica su carga emocional.

En palabras de Stekelman, la obra “refleja la oscuridad que se transita en la danza de la vida”. Esa premisa se materializa en imágenes de fuerte potencia simbólica. La incertidumbre —eje sensible de la coreografía— se manifiesta en distintos intentos por sortearla: desde la necesidad de “meter la cabeza en el agua” para no ver, pasando por desplazamientos con los ojos vendados, hasta ese final de tensión extrema en el que la bailarina avanza como sobre una cornisa mientras el bailarín va colocando los bancos para que pueda seguir, sin saber si llegará a tiempo para evitar la caída. La fragilidad se vuelve aquí materia poética y el riesgo, motor dramático.

Bailarines: Carolina Capriati y Gastón Gómez. Ph: Carlos Furman.

El primer reparto —Gastón Gómez, Matías Coria, Lautaro Dolz, Darcio Gonçales, Alejo Herrera, Benjamín Lameiro, Ivana Santaella, Eliana Picallo, Fiorella Federico, Catalina Weber y Carolina Capriati— sostuvo con técnica sólida y compromiso expresivo el clima de nostalgia y soledad que atraviesa la obra, potenciado por un diseño lumínico de Alberto Lemme, sobre el original de Ernesto Diz que acompaña y subraya la dramaturgia del movimiento y por la reposición coreográfica de Miguel Ángel Elías y Elizabeth Rodríguez, junto a la reposición de tango de Nora Robles y Pedro Calveyra. El vestuario y los elementos escenográficos, repuestos por Jorge Ferrari y Analía Morales sobre el diseño original de Gioia Fiorentino, completaron una reconstrucción respetuosa y precisa.

El segundo momento estuvo a cargo del Dúo Romance del diablo, fragmento de Bocca Tango (2001), creado originalmente para Julio Bocca y Cecilia Figaredo, con música de Ástor Piazzolla. En esta pieza, el torso desnudo de la bailarina se vuelve metáfora directa de la exposición emocional. Rubén Rodríguez y Lucía Bargados pusieron su altísimo nivel técnico al servicio de una interpretación íntima y contenida, fiel al pulso sensible de la obra, en una reposición coreográfica a cargo de Cecilia Figaredo, con vestuario de Jorge Ferrari y Analía Morales y diseño lumínico de Alberto Lemme.

Bailarines: Lucía Bargados y Rubén Rodríguez. Ph: Carlos Furman.

El cierre con La consagración del tango (1998), creada para el Ballet de Julio Bocca, confirmó el núcleo estético de Stekelman: el cruce entre danza contemporánea y tango como territorios de experimentación. Allí confluyen sus orígenes —su formación junto a Paulina Ossona, pionera de la danza moderna— y su trabajo con Tangokinesis, que redefinió la relación entre ambos lenguajes. La elección de Stravinski y Piazzolla responde, según la propia autora, a su condición de artistas disruptivos, capaces de producir quiebres decisivos en sus respectivos géneros.

El elenco, encabezado por Vicente Manzoni y Camila Arechavaleta en los roles solistas, junto a Juan Camargo, Jonás Grassi, Adriel Ballatore Crosa, David Millán, Damián Saban, Francisco De Assis, Lautaro Dolz, Constanza Agüero, Federica Wankiewicz, Silvina Pérez, Antonella Zanutto, Manuela Suárez Poch, Andrea Pollini y Lara Rodríguez, alcanzó un nivel de excelencia técnica e interpretativa que el público retribuyó con un aplauso prolongado y sostenido.

Bailarines: Camila Arechavaleta y Vicente Manzoni en los roles solistas. Ph: Carlos Furman.

El tiempo suele ser un enemigo implacable de las creaciones artísticas. No es el caso de Stekelman. Sus obras no han perdido vigencia ni potencia expresiva; por el contrario, conservan una actualidad que las vuelve necesarias. No fue casual que el público aplaudiera durante el desarrollo del espectáculo ni que, al divisar a la coreógrafa en la platea durante el intervalo, le dedicara un aplauso espontáneo y caluroso, gesto poco frecuente en el ámbito de la danza.

En este sentido, la decisión de Chinetti y Poblete de reponer obras que marcaron hitos en la historia del Ballet del Teatro San Martín no es un gesto nostálgico, sino una toma de posición artística. Mantener vivo el repertorio es también una forma de construir futuro, reafirmar identidad y seguir inspirando a nuevas generaciones de intérpretes, creadores y públicos.

Últimas funciones este sábado y domingo, a las 20 hs en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, CABA.

Entradas en la boletería del teatro.

Artículo anteriorCrepusculares: la escena en transformación
Alicia Muñoz
Alicia Muñoz, Profesora Universitaria en Danza, dirige desde 1997 la colección Balletin Dance Didáctico “Compartiendo Ideas” de la editorial Balletin Dance. Publicó los libros “Cuerpos Amaestrados vs. Cuerpos Inteligentes”, “Caos o Planificación” y “La evaluación en la Danza, Mucho más que poner una nota” también publicó artículos pedagógicos y criticas de danza en diarios de Argentina, Brasil y Venezuela. La utilización de los centros de energía, como generadores del movimiento lo viene desarrollando desde la Escuela de Danza Jorge Donn y en las jornadas de actualización pedagógica presenciales o por e-learning, que dicta actualmente. Por su trayectoria artística y pedagógica ha recibido numerosas distinciones de entidades oficiales de Brasil y de Argentina.