Festival de Ballet de La Habana: El arte puede salvar de muchas formas

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Saludo final, Gala clausura. Ph: Archivo Ballet Nacional de Cuba.

Tras las extensas jornadas del Festival de Ballet de La Habana 2022, esta semana una elenco del Ballet Nacional de Cuba con su directora Viengsay Valdés al frente, se encuentra en Abu Dabhi (Emiratos Árabes Unidos), donde presentarán el 25 de noviembre, la versión cubana de y una suite del ballet Don Quijote, en el Cultural Foundation Auditorium

La edición 27. del de Ballet de La Habana Alicia Alonso ya es historia. Del 20 de octubre al 13 de noviembre, el Teatro Nacional de Cuba recibió una agenda interesante que atrajo hasta el coliseo ubicado frente a la Plaza de la Revolución, a un número importante de espectadores deseosos de volver al teatro a reencontrarse con la danza.

El Festival pudo extenderse, por suerte, a los teatros Sauto de Matanzas, Terry de Cienfuegos y Milanés de Pinar del Río, en condiciones bien difíciles que, por demás, estuvieron precedidas por el azote del huracán Ian a Pinar del Río, la provincia más occidental de Cuba.

Con ese preámbulo, el 20 de octubre, Día de la Cultura Cubana, comenzó el Festival de Ballet con el tradicional desfile de bienvenida, diseñado para la ocasión por las maestras Svetlana Ballester y Consuelo Domínguez; la participación de alumnos del Taller Vocacional de la Cátedra de Danza del Ballet Nacional de Cuba (BNC), la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso y el joven elenco de la compañía cubana con todas sus categorías, incluyendo a la primera bailarina Viengsay Valdés, su actual directora, quien por primera vez asume la presidencia del encuentro.

Y el Festival 2022 tuvo muchas veces incorporada la expresión “por primera vez”. La edición 27 no pudo tener su desfile inaugural en la García Lorca del Gran Teatro de La Habana, sede tradicional de la cita que se encuentra cerrada por reparaciones. Tampoco el teatro Mella en la céntrica calle Línea del Vedado pudo sumarse a la fiesta por estar cerrado hace más de tres años. Así las cosas, el Teatro Nacional se convirtió, por primera vez, en la única sede habanera para una programación distribuida entre sus dos salas: Avellaneda y Covarrubias

La noche inaugural, luego del desfile, el Ballet Nacional de Cuba puso en escena Séptima Sinfonía, coreografía del alemán Uwe Scholz, con los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernández en los sitios principales y la música de Ludwig van Beethoven interpretada en vivo por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de la Habana Alicia Alonso, bajo la batuta de su director Yhovani Duarte, un hombre que tuvo sobre sus hombros la tremenda responsabilidad de ser el guía musical del Festival.

Séptima Sinfonía, coreografía del alemán Uwe Scholz, con los primeros bailarines Anette Delgado y Dani Hernández. Ph: Leysis Quesada.

Por primera vez, Viengsay Valdés asumió la presidencia de la cita que convocó a un número importante de bailarines, teniendo en cuenta que hoy todavía muchos artistas prefieren no moverse de sus circuitos habituales, por los estragos que ha ocasionado la pandemia producida por el Covid-19.

Figuras como las cubanas Yolanda Correa y Catherine Zuaznábar, ambas radicadas en Europa, arrancaron gritos de ¡Bravo! y fortísimos aplausos a un público que las reconoció como las tremendas bailarinas que han desarrollado importantes carreras internacionales. Catherine, por casi veinte años militó en las filas del Béjart Ballet Lausanne, llegó al Festival con su espectacular interpretación de Sacre, versión de la creadora cubana Sandra Ramy, de La Consagración de la Primavera; Yolanda, quien estuvo varias temporadas con el Ballet Nacional de Noruega, hoy forma parte del Staatsballett Berlin, llegó a La Habana para recordarnos su hermosa Giselle y mostró Cygne, verdadera exposición de la madurez de una artista consagra. Cygne es una coreografía del argentino que tuvo su estreno en el 25. de Ballet de La Habana en 2016, por la también bailarina cubana Daniela Gómez, quien luego fue invitada al Teatro Marinsky para interpretar la pieza, una reinterpretación de La muerte del cisne de Mijail Fokin.

Catherine Zuaznábar interpreta Sacre, en versión de la creadora cubana Sandra Ramy. Ph: Yuris Nórido.

La sala Avellaneda tuvo elencos de lujo para las cinco funciones del ballet Giselle, con figuras nacionales e internacionales asumiendo los protagónicos: Anette Delgado del BNC y Ricardo Castellanos, del Ballet Nacional de Noruega (28/10); María Kochetkova del American Ballet Theatre-San Francisco Ballet y Joaquín de Luz, director de la Compañía Nacional de Danza de España (29/10); Yolanda Correa del Staatsballett Berlin y Semyon Chudin del Ballet Bolshoi (30/10); Susanna Salvi del Ballet de la Ópera de Roma y Dani Hernández del BNC (1°/11); Viengsay Valdés y Jacopo Tissi bailarín del Teatro alla Scala de Milán (2/11).

Bailarines: María Kochetkova y Joaquín de Luz. Ph: Leysis Quesada.

La sala Avellaneda, con capacidad para dos mil espectadores, estuvo repleta de un público que recibió las cinco presentaciones con igual entusiasmo. En medio de tan buena vibra, la Oficina de Prensa del Festival publicó en su perfil de Facebook, que Susanna Salvi, étoile de la Ópera de Roma, se convirtió en la tercera intérprete italiana en bailar Giselle en Cuba. Las anteriores fueron Carla Fracci y Alessandra Ferri, dos bailarinas inmensas del ballet internacional.

Bailarines: Susanna Salvi y Dani Hernández. Ph: Leysis Quesada.

Las funciones se desarrollaron entre fechas significativas, la primera, el 28 de octubre, se cumplieron 74 años de la fundación del Ballet Nacional de Cuba y la compañía anunció el inicio de las celebraciones por su aniversario 75 que concluirá en 2023; el 2 de noviembre, con la función de cierre por Viengsay y Jacopo, Cuba recordó a la gran Alicia Alonso y su debut un día como este, pero de 1943, en el personaje protagonista del ballet Giselle, con el American Ballet Theatre, en el Metropolitan Ópera House, Nueva York, una actuación que le abrió a la Isla la puerta ancha hacia el ballet internacional. Viengsay regresaba a las tablas con la función de Giselle, después de su maternidad y celebrando 25 años de su debut en este cotizado personaje, lo que sumó emoción a la jornada final de las funciones del gran clásico del romanticismo en el ballet.

Bailarines: Viengsay Valdés y Jacopo Tissi. Ph: Leysis Quesada.

Todo eso unido a la fuerza y el empuje que hoy muestra la compañía anfitriona, el Ballet Nacional de Cuba, con un elenco realmente joven, desde su directora hasta el último integrante de su cuerpo de baile. Ese dato, sin dudas, es importante tenerlo en cuenta, porque ha sido un verdadero reto presentar la versión cubana de Giselle, con un cuerpo de baile femenino que en el segundo acto mostró lo que significa la tradición de la escuela cubana de ballet. Una escuela que sigue venerando a sus iniciadores, Alicia, Fernando y Alberto Alonso, pero que, sin la constancia de las múltiples generaciones de bailarines, donde quiera que estén, y la fuerza de la enseñanza, no hubiera sido posible conservarla.

Bailarines: Yolanda Correa y Semyon Chudin. Ph: Leysis Quesada.

Dos compañías le dieron un toque especial al programa del 27. Festival de Ballet de La Habana: el Buenos Aires Ballet y la Compañía Nacional de Danza de España. Ambas sumaron elencos potentes y le dieron cuerpo a una programación que se fue haciendo más atractiva en la medida que pasaban los días. El Buenos Aires Ballet con Federico Fernández a la cabeza, inauguró la programación del Festival en el Teatro Sauto de Matanzas, para luego hacer “saltar al público de las lunetas” en la sala Covarrubias con una mezcla muy atractiva de ballet clásico y obras de corte contemporáneo.

Sobre las presentaciones del Sauto, Federico dijo en conferencia de prensa:

Fue maravilloso el público, ¡tanto calor nos dio que repetimos el final! imaginábamos que la música de Piazzola iba a tener ese efecto. Muy agradecidos a Matanzas, verdaderamente.

Por su parte, Compañía Nacional de Danza de España con una versión muy particular de , realizada en 2015, para esa agrupación por Johan Inger, el coreógrafo sueco afincado en Sevilla que es un nombre fundamental en los repertorios de compañías como el Nederlands Dans Theatre o el Cullberg Ballet. La se ubica en una propuesta más contemporánea en cuanto a forma y contenido. Su partitura coreográfica se reactualiza en el lenguaje con adiciones musicales y una escenografía que “baila” con los intérpretes. El espectador asiste a casi toda la vida de la protagonista y lo que sucede a su alrededor, en una narración casi en primera persona. El público ovacionó a la compañía española en sus tres funciones de cierre en la sala Avellaneda. Eso dice mucho en un país donde tiene un significado especial con los precedentes de la versión de Alberto Alonso, asumida en 1967 por Maya Pliseskaya y Alicia Alonso, y la que mostró Carlos Acosta con su compañía hace unos años.

Bailarines: Sofia Menteguiaga y Federico Fernández. Ph: Sergio Jesús Martínez.

La del Festival tuvo amplia respuesta. Es bueno recordar que la mayoría de los artistas que llegaban a La Habana, lo hacían respondiendo a una invitación de Alicia Alonso, porque querían compartir con ella y su compañía. Hoy esa realidad ha cambiado; sin embargo, muchas primeras figuras también correspondieron a la invitación de la primera bailarina Viengsay Valdés. Si nos detenemos a observar la programación, muchos de los bailarines y bailarinas que estuvieron en el Festival, son contemporáneos con Viengsay, eso también dice del poder de convocatoria de la actual directora general del Ballet Nacional de Cuba.

Muchas fueron las figuras que llegaron a La Habana para participar en la fiesta (ver en adjunto programación íntegra del Festival); también estuvieron invitadas, por primera vez, varias compañías cubanas de danza contemporánea: Malpaso, Acosta Danza, Micompañía, Persona Clectivo, y Danza Contemporánea de Cuba. El programa incluyó, además, a bailarines del Ballet Laura Alonso y el Ballet de Camagüey.

En medio de las jornadas del Festival, la primera compañía cubana hizo espacio para entregar la medalla conmemorativa Centenario Alicia Alonso a la organización benéfica los amigos británicos del Ballet Nacional de Cuba, en reconocimiento a su altruista gestión en apoyo a las producciones de la compañía. Su directora general, “trasmitió el agradecimiento a una relación de amistad que ha contribuido a la ampliación del repertorio y a mejoras de instalaciones”. Según una nota de prensa, se supo que David Bain, en representación del grupo, recordó que en dos mil cuatro, Alicia Alonso les propuso restaurar el salón que lleva el nombre de Anton Dolin, y otros fondos se han recaudado para reconstruir escenografías y vestuarios. También, gracias a los buenos oficios de la asociación “Los Amigos Británicos del BNC”, la agrupación ha sumado a su repertorio creaciones de los coreógrafos Alexei Ratmansky, Anabelle López-Ochoa, Cathy Marston y Gemma Bond.

Por otro parte, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba entregó el Premio Internacional Honorífico de Danza Josefina Méndez a Joaquín de Luz, primer bailarín y director de la Compañía Nacional de Danza. En las palabras de elogio, Viengsay Valdés expresó: “Gracia Joaquín por tu entrega, por tu perseverancia. Que tu Luz no se apague nunca y nos siga iluminando e inspirando”.

del coreógrafo sueco Joan Inger.Ph: Yuris Nórido.

Hace solo unos días, el 16 de noviembre, Viengsay recibió el Premio Especial Giraldilla, que se otorga por resolución emitida por el Gobernador de La Habana, Reinaldo García Zapata, y en gala ofrecida por el Ballet Nacional de Cuba en el Teatro Martí, por el aniversario 503 de la capital cubana, en reconocimiento a su trabajo frente a la primera compañía clásica de Cuba.

El 27. de Ballet de La Habana se resalizó en medio de circunstancias muy difíciles pero fueron semanas de mucho disfrute, de reencuentros y emociones, de poder compartir la felicidad de volver al teatro y hallar en la danza un refugio apacible. Sí, son otras condiciones, duras a nivel económico y social, pero la sed de belleza está a flor de piel y los espectadores llegaron al teatro utilizando medios de transporte inimaginables, porque allí, en la oscuridad de la platea, saboreamos la dicha de saber que el arte nos puede salvar de muchas formas posibles.

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Licenciada en Periodismo de la Universidad de La Habana (1990). Máster en Arte con Mención en Danza de la Universidad de las Artes de La Habana, donde se desempeña como profesora auxiliar de la Facultad de Arte Danzario. Especialista del Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba. Colabora con varias publicaciones cubanas y extranjeras. Dirige la colección Súlkary-Cuba especializada en libros cubanos sobre danza para Balletin Dance Ediciones.