Las temporadas 2023 de la escena porteña

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Gabriela Ricardes, Directora General y Artística Complejo Teatral de Buenos Aires. Ph: gentileza CTBA

Cazadores de público (y utopías)

Quizás el título de esta nota debería ser otro. “Encantadores de público”, “Seductores de público” o incluso “pescadores de público”. Porque, naturalmente, cazar implica tomar las armas para reducir a una bestia. Pero… dejemos ese título peleador.

La tarea de llevar las generaciones de jóvenes al teatro viene difícil. No alcanza con la seducción tradicional, ni con arrojar redes al mar de individuos a la deriva entre carteleras. Hay que salir a cazarlos.

La competencia hoy no es como era “antes”: Teatro público “oficial”, público, cultivado, lírico vs industria comercial, pasatista, ligera. Saber vs entretenimiento. ¡Cómo deben añorar aquella guerra fría los programadores culturales que han manifestado su vocación de capturar nuevas audiencias!

Hoy la batalla es más desigual que nunca. Porque lo que está en cuestión son formas de ver el mundo. No sólo trifulcas sesudas entre cultura de elite/de masas, académica/popular. Hoy proponerse capturar jóvenes audiencias implica entender que hay estructuras cognitivas que visibilizan e invisibilizan fenómenos y mapas de la cultura enteros. Extrañamos pelearnos con el imperialismo cultural. ¡Que vuelva la caja boba!

Porque hoy hay lugares que no existen en las cartografías que sí contienen a Tini, Duki, FMK, y una serie de siglas que con nombres artísticos de algo que pasa en otra parte. Un limbo que se corrió de lugar, escapó del ciberespacio-dataesfera y ocupó (de “ocupar” militarmente) la superficie terrestre. Nadiesningunos con millones de reproducciones aparecen cantando el himno en el Luna Park. Multitudes salidas de la imaginación de George Romero nos dicen que Occidente todo ha muerto. El mundo binario de tik tok-youtube es donde se corta el bacalao para gran parte de esta generación a la que las otras generaciones querríamos ver en el Colón o el Teatro General San Martín, consumiendo una gastronomía cultural de sutilezas, colores y sabores cosmopolitas, en vez tenerlos ahí, llenando con lípidos lo que debería contener materia gris, en una competencia entre dos o tres cadenas de burguers culturales que saben a lo mismo. Porque están hechos de lo mismo.

Difícil labor entonces la de los planificadores de la ciudad de la furia. Esta es una guerra que no se dirime en la esfera de las informaciones, por ejemplo las que contiene esta nota. No pican de estos anzuelos los fans de Wos o de La K’onga…

El lío de fondo de las políticas públicas que deberían forjar ciudadanos está en la más compleja batalla de mediano plazo (el tiempo… enemigo humano de la tendencia centrífuga de la cultura de lo efímero). La educación quizás… 

Ese es otro tema.

Aquí va nuestro aporte a la cacería de pibes en la diáspora de la atención. O, más bien, el intento de arreo de esos pibes, para usar otra analogía molesta, desde el cosmos digital hacia el de un goce que requiere fijar la atención. Combatir la dispersión de los aparatitos y las pantallitas. Esa es la madre de todas las batallas para los programadores de la temporada 2023 del que fusiona cinco salas teatrales del Gobierno de la Ciudad: los teatros San Martín, Presidente Alvear, Regio, De la Ribera, Sarmiento y Teatro El Plata.

La programación

La primera noticia buena para el mundo tridimensional, el de las calles de pavimento y los cuerpos hechos con carne y huesos, es la postergadísima reinauguración del Teatro Presidente Alvear de la avenida Corrientes. La que nunca dormía.

La geometría analógica necesita al espacio. Lo necesita para poner en ese espacio templos en los que realizar las celebraciones de los narradores de historias y demás experiencias “escénicas”.

Bienvenida entonces la noticia de que esa sala bellísima que lleva más de una década cerrada vuelva a acoger espectáculos teatrales programados por humanos-políticos.

Bravo x 2, decimos también, porque el año que asoma volverá a ver obras de clásicos universales en las salas oficiales de la Capital Federal. El 2022 fue el año de Vassa (un Gorki con Humberto Tortonese, en puesta e interpretación recontra correctas) y de Bodas de Sangre (un Lorca not so much, más bien poco-much, pero Lorca al fin) en este municipio altanero.

Ahora vienen Shakespeare, Ibsen, Calderón de la Barca, Christopher Marlowe, Edmond Rostand, el autor de Cyrano de Bergerac, y el Nobel, Eugene O’Neill.

De Rostand habrá una puesta de Cyrano, con dirección de Willy Landin, protagonizado por Gabriel Goity. Además, subirá a escena Edmond, del actor, director y escritor franco-británico Alexis Michalik, con actuaciones de Miguel Ángel Rodríguez, Felipe Colombo y Vanesa González.

De O’Neill se estrenará el “clásico” Largo Viaje de un Día Hacia la Noche, dirigida por Luciano Suardi, y protagonizada por Selva Alemán y Arturo Puig. Además subirá a escena una obra escrita por Gonzalo Demaría, el traductor-adaptador oficial de musicales y coso. En Elsa Tiro, Demaría imagina una historia que ocurre durante la estadía de O’Neill en Buenos Aires. Dicen: “… cruza esos días del dramaturgo estadounidense con la aparición del primer film pornográfico de nuestro país”… Ok. Dirigida por Luciano Cáceres e interpretada por Cáceres, y Josefina Scaglione.

Una muy buena noticia es el estreno de Medida por Medida, de William Shakespeare por el genial Gabriel Chame Buendía, quien entiende como pocos a Shakespeare y al arte dramático. Su Othelo, termina mal, así lo demuestra. (Otros que entienden bien el alcance de la palabra play en el idioma de Shakespeare son Los Macocos, no programados oficialmente pero cuyo Hamlet merecería ser repuesto, y Emiliano Dionisi, cuyo infantil Sueño, así como todo lo que hace, es brillante).

Y si de Shakespeare se trata hay programado también un Eduardo II, de Christopher Marlowe, predecesor de su compatriota William, con dirección de Alejandro Tantanian. Esta versión de la tragedia sobre el sexo, el poder, el cuerpo y el pecado en el medioevo inglés, va a dar de qué hablar. Sobre todo porque del mismo Marlowe habrá una puesta en escena de Doctor Fausto, coproducción entre la Comedia Nacional de y el Teatro San Martín. La tradición que conduce a la modernidad en materia de pactos con el Malo (satán) tiene en esta obra un punto de inflexión que luego influirá en Goethe que terminará de darle la forma definitiva a este  arquetipo.

El viejo William estará también presente en La Ternura, de Alfredo Sanzol, estrenada en Madrid en 2017. Esta comedia romántica está plagada de referencias a Shakespeare: “cambios de identidad, seres mágicos, desencuentros y el deseo común de encontrar la ternura”.

Hay además una nueva chance de reivindicar a Lorca. Con una puesta que se aparte del costumbrismo y las actuaciones a los gritos de gente sufriente que sufre y no se entiende por qué aman y en qué gozan, pues están todo el tiempo adustos y sufrientes. Esperemos que Una Noche sin Luna, de Juan Diego Botto, aborde la biografía de Federico García Lorca desde una perspectiva lorquiana y no desde el estereotipo.

Tennessee Williams es un clásico. Debería haberlo consignado antes. Sobre la amabilidad de los extraños, sin embargo es una obra de Alejandro Radawski. Como su nombre lo indica (lo indica a los que han leído Un Tranvía Llamado Deseo, o, mejor aún, los que hubieran visto la extraordinaria versión cinematográfica protagonizada por Marlon Brando y Vivien Leigh) es una vuelta de tuerca en torno a aquella pieza tan tremendamente psicológica de la posguerra.

Por otra parte, habrá en el complejo porteño un al pintor Benito Quinquela Martín, Benito, de Lizzie Waisse, y una evocación para la actriz Elena Tasisto, a diez años de su muerte. Quinquela se merece homenajes y se merece que todo el mundo visite su museo en La Boca, y que sus obras vayan en gira por todo el país. Algo que no va a ocurrir, pero que debería ocurrir.

Además habrá visitas internacionales. Se reciclará al actor español José Sacristán, lo cual es como un intento de resucitar primaveras. Nuestra generación lo lleva en el corazón porque creemos que todo tiempo pasado… . Pero aquí no habrá nuevos públicos. A no ser que contabilicemos como “nuevo” lo nuevo que éramos “nosotros” cuando volvieron las democracias en madre e hija patrias.Sacristán, que fumaba y fumaba a fines de los 70’s y decía cosas izquierdistas que emocionaban mucho a los que amaban escuchar a gente diciendo cosas izquierdistas, traerá una obra que estuvo poniendo en Madrid en noviembre: Señora de rojo sobre fondo gris.

Desde llegará una versión del célebre film argentino Esperando la Carroza, escrita por el rumano Jacobo Langsner. Será interpretada por la Comedia Nacional de Uruguay.

Vuelve el Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín. Ese tremendo activo cultural de la Argentina ofrecerá los clásicos para niños GulliverPulgarcita (con la técnica del teatro de sombras de Praga) y Alicia en el teatro de las maravillas, así como La cuidadora, clasificado sugestivamente como títeres para adultos.

Habrá más estrenos. Los años, de Mariano Pensotti, obra que juega a lo cuántico con los tiempos de la vida de una persona y Las Ciencias Naturales,  segunda parte de la tetralogía iniciada con Las cautivas, de Mariano Tenconi Blanco.

La cartelera se completará con Carnicera, dirigida por Javier Daulte y Mariano Stolkiner; Burguesa, de Alfredo Allende una versión muy libre de El Burgués Gentilhombre de Molière protagonizada por la señora Doris Gordini, una vecina de Ramos Mejía; Manada de Lobos de Helena Tritek, otra “versión libre” de una obra inédita de Henrik Ibsen; El Testamento de María, un unipersonal de Colm Tóibín, protagonizado por Eleonora Wexler; Todo lo que Está a mi Lado,de Fernando Rubio (300 actrices en diez idiomas diferentes reflexionan sobre la intimidad); ¿Qué de magnífico tiene ser yo?, de Liliana Viola dirigida por Julieta Ascar en la que una mujer en su cama cuenta su historia y Los tiempos, de Federico León.

La programación es tentadora para quien escribe estas líneas (pero 53 ≠ 15).

Habrá que ver si la acción pública logra tender puentes hacia aquella generación target, la que es alfabetizada por opioides algorítmicos y los ritmos zombies del lavarropa (trap o como se llame eso en el momento de publicación de esta nota) à la mode.