Suite en Blanc & Windgames en el Teatro Colón

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Suite en Blanc se repone con más de treinta bailarines en una suerte de doble escenario. Ph: prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnoli.

El Ballet Estable del Teatro Colón presenta Suite en blanc & Windgames hasta el 22 de agosto. Bajo la dirección de Mario Gallizzi, la compañía se destaca con un repertorio distinto a lo habitual y da lugar a dos obras que se complementan a la perfección en un mismo programa. Un trabajo particular que contó con la participación de figuras internacionales, como los coreógrafos Patrick de Bana, Charles Jude y el bailarín de la Ópera de Viena, Davide Dato.

Suite en Blanc fue creada por una de las estrellas de los Ballets Russes, Serge Lifar que además fue primer bailarín de la compañía creada por Serguéi Diáguilev en 1923. En el coliseo argentino se establece una atmósfera de homenaje, tanto por la excelente reposición de Jude, como por la admiración de De Bana a los ballets rusos y a los íconos de la danza clásica.

Lifar fue una de las últimas estrellas de aquella agrupación itinerante y la importancia de rememorar su esencia, es que su construcción continúa vigente. Todas las generaciones lo disfrutan, desde la platea, hasta los palcos. El balletómano está expectante y cuando se abre el telón, Suite en Blanc se repone con más de treinta bailarines en una suerte de doble escenario: una escalera de cada lado, que llevan hacia un segundo piso. La imagen es la de una postal de ballet que perdura en la retina. Imborrable.

El juego de claroscuro es minimalista e impoluto, los bailarines de blanco sobre un fondo negro que componen una labor digna de los cuadros artísticos del siglo XX. La abstracción de escenografía, en lugar de generar algún inconveniente, permite destacar la capacidad técnica del elenco sin distracciones. Esta pieza hace honor a sus raíces y al estilo defensor del neoclasicismo de Lifar, un ballet en diez partes que mantienen expectante a quien observe.

Bailarines: Camila Bocca y Federico Fernández en Suite en Blanc. Ph: prensa teatro Colón/ Máximo Parpagnoli.

Davide Dato formó parte de ambos programas en distintas fechas. El artista inició su carrera como bailarín a través de la salsa y el merengue a temprana edad. Evidentemente, el italiano aún conserva la pasión y fogosidad de los ritmos latinos en su haber. El fervor sobrepasa las líneas de su cuerpo. Quizás, esa amplitud sea la encargada de darle el reconocimiento frente al público que lo aplaudió enardecido al finalizar cada función.

Por su parte, Windgames rinde tributo a su nombre. Es una danza airosa, que no escatima en técnica ni emocionalidad. El trabajo creado por Patrick De Bana crece en cada uno de sus tres movimientos, transmite fuerza y a su vez hay algo delicado que asoma entre los tules de los trajes, que se acoplan muy bien a los nombres de cada acto. El drama y romanticismo presentado no hubiera sido posible sin el vestuario confeccionado por Stephanie Bäuerle.

Parece inequívoco remarcar que la obra puede generar una lectura personal y particular de cada persona que la transite, tal como lo afirmó el coreógrafo. La construcción de esta singular composición tuvo lugar a través de tres movimientos: Viena, Shanghai y Tokio, pero como remarcó De Bana, anteriormente, para Balletin Dance, “cada lugar tiene su vibración” y eso es lo que hace única a la presentación en nuestro país.

Windgames no escatima en técnica ni emocionalidad. Ph: prensa Teatro Colón/ Máximo Parpagnoli.

El estilo del creador de este trabajo se referencia en todo momento. Es muy sencillo recordarlo al señalar “es que a mí me gusta el silencio”, mientras buscaba una pausa para luego remarcar que la ausencia de sonidos nunca es total. Complementario al Concierto para violín de Tchaikovsky, se hacen presentes distintas formas de musicalidad física, sólo se escucha la respiración del bailarín o el arrastre de los pies sobre el escenario.

Este homenaje a los ballets rusos, y a su “época dorada” -como el mismo autor lo definió anteriormente-, también se permite mostrar una fuerte inclinación de modernidad. Aunque no deja pasar demasiado tiempo sin hacer alusión a la técnica estructurada, o rememorar grandes hitos de la danza clásica.

Las principales figuras del cuerpo de baile no son las únicas que obtienen protagonismo. Un claro ejemplo es Igor Vallone: su imagen hace referencia a una tonicidad muscular sólida e imponente, pero la nobleza de sus movimientos crean un estilo muy particular que completan su capacidad de expresión. El pas de deux con Paula Cassano es digno de admirar, casi como si pudieran abstraerse del acto.

Bailarines: Paula Cassano junto a Igor Vallone en Windgames de Patrick de Bana. Ph: prensa Teatro Colón/ Máximo Parpagnoli.

El cuerpo de baile pasa por distintos estados. En Suite en Blanc la técnica es rigurosa, el detallista advertiría algunas imperfecciones, sin embargo la solidez del ballet estable puede resolver cualquier inconveniente sin siquiera hacerlo notorio. A su vez, Windgames demuestra la coordinación grupal gracias a la sinergia de cada uno de los integrantes. El entusiasmo del conjunto en la sala de ensayo se transmite en escena.

La trama de la presentación resulta envolvente en todos sus aspectos. Es interesante recordar que este año, el Teatro Colón presentó a su nuevo director musical: Jan Latham-Koenig. El británico tomó, como principal objetivo, elevar la calidad artística y no defrauda en absoluto. La producción de Rubén Conde y James Angot en la iluminación, están a la altura de las expectativas. Además se destaca Oleg Pishenin como violinista.

Si bien ambas son obras no argumentales, la atmósfera que las recrea como parte de un todo está en la impronta de un elenco que demuestra su capacidad, incluso desde el lugar de homenaje.