El trabajo de la coreógrafa a través de dos obras mostradas en Londres

 

Justo cuando el Teatro Sadler’s Wells presentó por segunda vez Betroffenheit de la coreógrafa Crystal Pite y el actor Jonathon Young, con la compañía Kidd Pivot, la obra ganó el Premio Olivier a la mejor nueva producción en danza de 2016. El segundo para Pite.

No en vano, es la coreógrafa más buscada últimamente por las compañías de danza como la Opera de París, el , Scottish Ballet o el National Ballet de Canadá, entre otros.

Pite crea piezas que varían en estilo, lenguajes, técnica y tamaño, pero siempre son vehículo para comunicar una historia o un concepto que es claramente percibido por la audiencia.

 

Balletin Dance, asistió a la función de Betroffenheit (consternación o shock en alemán), interpretada por el propio Young y los cinco bailarines de Kidd Pivot. Inspirada en la muerte de la hija de Young en un incendio, la obra en dos actos habla del trauma y su relación con la adicción. Esta pieza de danza teatro muestra una profunda búsqueda psicológica y gran expresionismo escénico con cuotas de humor negro. La voz de Young es el hilo conductor para una interesante partitura electrónica (Owen Belton). La adicción está representada por un caricaturesco uso del varieté y brillantes números de tap, con ingenioso vestuario de Nancy Bryant.

Pite usa la especialidad en danza de cada bailarín (tap, break, contemporáneo, mimo) para expresar la lucha interna y el deseo de recuperación. Un excelente diseño de luces de Tom Vissen acompaña estados de ánimo y genera sensaciones de espacios físicos y mentales. Distintos props de utilería: teléfono, marioneta, detonador de dinamita, abanicos de plumas, complementan la emocionante actuación del elenco que posee un tremendo estado físico, versatilidad y dominio técnico.

Reacia a las entrevistas, Pite dice en el programa de mano que se inspira en “contenidos desafiantes y significativos” e intenta que “cada movimiento y gesto tenga sentido y propósito”. Tal vez sea esto lo que hace de Pite la coreógrafa del momento: su excepcional capacidad de comunicación.

 

Crystal Pite comenzó a crear danza a los 4 años. Usaba la misma música, movimientos y trajes en cada ocasión, antes de estudiar tap y ballet en su Victoria natal (Canadá). Su viaje la llevó del Ballet British Columbia, donde creó su primera obra a los 19 años, al Ballett Frankfurt de William Forsyth y a establecer su compañía Kidd Pivot en Vancouver en 2002. A los 46 años, ha creado más de 40 obras.

Estreno mundial

Entre febrero y marzo, Pite estuvo en Londres, para crear Flight Pattern (pauta de vuelo o escape en inglés) con el Royal Ballet. El primer montaje realizado por una mujer allí desde 1999. Monumental, con 36 bailarines, da un trato poético al tema triste y recurrente en los escenarios locales: la crisis migratoria. Balletin Dance estuvo allí.

Pite trabaja de manera versátil con compañías chicas o grandes. Sus obras son audaces y fusionan emociones y precisión. Contrastan intensidad de movimientos con tensión entre conceptos.

Flight Pattern cuestiona la fragilidad de la condición humana y la tensión entre la desesperación y la esperanza. La Sinfonía Nº 3 de Górecki, o De las Almas en Pena, provee soporte musical dramático, calmo y bello a la vez.

A pesar de las imágenes multicolores de las columnas de inmigrantes en Europa y botes en el Mediterráneo, acá hay grises y negros que acentúan el drama, con pantalones, camisetas y sobretodos diseñados, como antes, por Bryant. Los últimos, luego son símbolo de los que nunca llegaron a destino en una escena que los acumula en brazos de la excelente Kristen McNally, de gran efecto.

La danza está pensada para un colectivo, donde el canon y los movimientos en palíndromo (capicúa) y en cadena, o simples balanceos, generan una pintura impresionista. El movimiento y pose de cada bailarín es una pincelada esencial al efecto final: olas del mar, filas de caminantes, pánico de los náufragos, complementados por diseño de luces de Visser. Repentinos brotes de danza individual revelan historias desesperadas. Marcelino Sambé se entrega con pasión virtuosa en una de ellas. Hacia el final, la nieve cae sobre los que alcanzan su meta, mientras los rezagados siguen intentándolo, sorteando obstáculos móviles, en diseño de Jay Gowler Taylor.

Flight Pattern es un triunfo coreográfico elevado por la performance excepcional del ballet del Covent Garden.

Pite rompe esquemas, pero jamás es abstracta. Su fuerza comunicativa es tal, que arrasa los sentidos y el entendimiento.

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Fátima Nollén
Fátima Nollén escribe sobre ballet y danza desde 1991. Profesora de Danzas y Becaria del Fondo Nacional de las Artes, fue jurado en concursos como Joinville-Brasil. Desde 1997 colabora con Balletin Dance desde Río de Janeiro, Nueva York, Miami y Londres. Paralelamente, trabajó para Radio Universidad Nac. del Litoral (Congreso de la Nación), Clarín, Gente, Crónica TV, ATC (Buenos Aires y Brasil), Radio Unica Nueva York, Telemundo y MTV. Ganó tres premios Emmy por la Cobertura de las Olimpíadas de Londres 2012 con NBC-Deportes Telemundo.