Mauro Molina en la Presentación del IV Festival Latinoamericano de Teatro. Foto: Mauricio Borzone para Morizze Fotografía

Del 19 al 23 de julio, tuvo lugar la IV Edición del Festival Latinoamericano de Teatro (FLT) en la ciudad de Tres Arroyos, coordinado por el Corredor Latinoamericano de Teatro (CLT). Con motivo del lanzamiento de la Red de Danza a través de una intervención performática en la Plaza San Martín, Balletin Dance asistió al evento y entrevistó a sus organizadores

 

Eran las cinco y media de la tarde, todavía allanaba el solcito de invierno y en la plaza principal de Tres Arroyos circulaba gran cantidad de gente. De repente, la tranquilidad se vio alterada por un movimiento inusual. Algunos individuos comenzaron a transitar de maneras inesperadas, por fuera de lo cotidiano. Entonces, irrumpió la percusión, marcando el ritmo. Lo que los transeúntes observaban con extrañeza cobró algo de sentido: los individuos se unieron en un grupo que recorrió el espacio público variando cadencias y estilos de movimientos durante quince minutos.

En cuatro patas, rodando por el piso, avanzando de lado, o corriendo, doce personas se desplazaban juntas, sin que se perdiera la singularidad de cada una de ellas. De pronto, desaparecieron detrás de las columnas de la entrada de la Municipalidad para luego volver a salir, esta vez en dos grupos, unos hacia la izquierda, erguidos, y otros hacia la derecha, apoyados en sus manos y pies. En el encuentro, los bandos se entregaron a la batalla y, de pronto, la desintegración: los artistas se perdieron entre los espectadores recobrando actitudes ordinarias mientas la percusión, incesante, invitó a bailar, pero también a preguntarse: ¿ya terminó?.

Así se llevó a cabo el evento que abrió el espacio a la red de danza en Argentina en el marco del CLT. No es la primera acción que el Corredor realiza para darle la bienvenida a la disciplina: en febrero se lanzó la antena de El Salvador a cargo de Tina Halford y su pareja Raúl Martínez, ambos bailarines, por lo que, a diferencia de los demás países, se hizo justamente desde el baile.

 

Según Natalia D’Annunzio (coordinadora de la red de danza de Argentina), coreógrafa, licenciada en Coreografía y técnicas de danza del Conservatorio Superior de Danza de Valencia (España) y tresarroyense, la idea surgió de los directores del CLT, que consideraban que esta performance “permite reunir tanto lo local como a los artistas de distintas latitudes”.

Johanna Castillo (coordinadora de la red de danza de Chile), que trabajó junto con D’Annunzio, explicó que se convocó a un actor de cada compañía pero que también se abrió a la comunidad “para que la gente se sienta parte no sólo como espectador”. Al respecto aseguró que “hubo una linda respuesta, mucha gente se apuntó y vino, en su mayoría, docentes de teatro, asistentes sociales y profesores de danza terapia”, confió a Balletin Dance.

“Trabajamos sobre el concepto de la vaca, porque Tres Arroyos es un lugar donde está muy presente”, explicó la coreógrafa, y trazó un paralelismo entre este animal y la mirada social que percibe en su ciudad: “la vaca es curiosa pero miedosa, aunque, ante cualquier cosa externa, nueva, ella se acerca. Acá es similar. Todo es muy tranquilo, uno está como pastoreando, y cuando pasa algo, te acercás pero con miedo, desde lejos, y cuesta entrar”. A partir de este concepto, “este ser y estar de la vaca, empezamos a pensar ejercicios o dinámicas”, explicó D’Annunzio describiendo el proceso de elaboración de la performance, que se desarrolló a lo largo de tres días, tres horas por día.

La intervención se realizó en el marco de una programación que ofrecía charlas, talleres y obras de nueve compañías de distintos países de Latinoamérica, pero también de España y Portugal, que se llevaron a cabo en distintos lugares emblemáticos de Tres Arroyos (el Teatro Municipal, el Club Español, la Sociedad Francesa y el Centro Cultural La Estación, donde además se homenajeó al reconocido actor Ricardo Listorti).

Respecto de las repercusiones, la coordinadora de la red de Argentina habló de pequeñas chispas que en un tiempo se verá si hacen fuego o se apagan, aunque confió haber visto el interés y el deseo de la gente por hacer germinar la semilla de la danza performática. Sobre cómo se integró al Corredor, D’Annunzio explicó que es amiga de la infancia de los demás organizadores argentinos, todos tresarroyenses. Al empezar a colaborar en la coordinación del FLT, viajó a Chile con motivo de una gira donde conoció a Castillo y a Halford. Las tres empezaron a pensar sobre la falta de redes y de circuitos en la danza, y decidieron hablar con Manuel Ortiz (director de la antena de Chile) y Mauro Molina (director de la antena de Argentina), para incorporar a la danza al Corredor. “A ellos les encantó la idea”, relató la coreógrafa con entusiasmo. Y en efecto, durante la entrevista, Molina dijo que esperaba que sumar a la danza, lleve a una fusión, que pueda posibilitar profundizar el carácter multicultural e interdisciplinario de la propuesta.

En cuanto a la estructura del Corredor, Molina explicó a Balletin Dance que “se divide en diferentes redes: la de realizadores, la red de espacios y festivales, la de integración e inclusión y la red de formación e investigación”, que tienen que ver con los vínculos que se establecen con creadores, instituciones, festivales y salas con las que firman convenios. A partir de ahí surge el intercambio: “ese es nuestro mayor capital, por eso tratamos de generar un ida y vuelta permanente”.

María Viau (coordinadora de redes de Argentina), aclaró que llaman “antena” a la estructura que le permite al equipo de trabajo de cada país mantener un orden, trabajar en conjunto y al mismo tiempo, conservar una autonomía.

Por su lado, Ortiz definió el CLT como “una plataforma de circulación y de intercambio”, que realiza distintas acciones, entre ellas, el FLT, cuya característica principal es ser itinerante: ya se hizo en Pilar (Buenos Aires, Argentina), Santiago de Chile y en Pachuca (México). El próximo será nuevamente en Chile, en abril de 2018. “Su realización tiene que ver con cómo ha ido creciendo la red y con la posibilidad de gestión de cada territorio”, señaló. Posibilidades, que en parte tienen que ver con la financiación: “este año Molina y Viau ganaron el IberEscena (Fondo Internacional de Artes Escénicas de Iberoamérica) y por eso estamos haciendo el festival aquí”.

El Corredor empezó a funcionar en enero de 2014. Luego de lanzarse la antena chilena y la argentina, rápidamente “se sumó Colombia, Brasil y después entró México”, exclamó Ortiz. Las ideologías que subyacen al proyecto pueden sintetizarse bajo los conceptos de “volver global lo local” y “localizar lo global en territorios por fuera del circuito teatral habitual”. Molina aseguró que les interesa particularmente la descentralización de la cultura.

Además, desde la red de inclusión e integración, coordinada por José Guevara, las artes escénicas se plantean como herramienta de trasformación social en el trabajo con las poblaciones más vulnerables de la sociedad, en tanto estos lenguajes, en sus propias palabras, “permiten el encuentro con el otro y la modificación de la propia existencia”.

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Natascha Ikonicoff
Natascha Ikonicoff nació en París y es residente permanente en Argentina. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y actualmente cursa un máster en Filosofía, Educación e Infancia. En paralelo, transitó por distintos estilos del campo de la danza, siendo su predilección el jazz y la salsa cubana. Hoy se dedica a incursionar el mundo de la acrobacia, particularmente en tela. Se desempeña como redactora freelance de la revista Balletin Dance y también realiza trabajos de edición y corrección de textos para distintas editoriales. Es tallerista en el Dispositivo Ambulatorio de Niñas, Niños y Adolescentes del Ce.Na.Re.So., donde realiza encuentros de filosofía orientados a la promoción de la salud con grupos de chicos de entre 10 y 16 años.