Los Distintivos

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Cathy Marston: mucho más que movimientos. Foto: Alicia Sanguinetti

La segunda entrega dedicada al Festival Internacional de Ballet de La Habana (28 de octubre al 6 de noviembre) se centra en los estrenos encarados por coreógrafos de diferentes latitudes

 

Tal como se mencionó en la edición anterior, el Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso, que en esta edición celebraba el 70º aniversario de la compañía anfitriona, se centra en los espectáculos que son ofrecidos por compañías y bailarines invitados, pero también, y fundamentalmente, en mostrar sobre el escenario a los integrantes del Ballet Nacional de Cuba (recientemente declarado Patrimonio Cultural de la Nación) con diferentes propuestas, actuales y tradicionales.

Esta edición del festival se caracterizó por haber sido la primera vez en su historia en que la propia Alicia Alonso no pudo estar presente (por problemas de salud), pero también marcó el regreso al país de 17 bailarines cubanos que habían partido de la isla en diferentes períodos y de diversas maneras. Muchos de ellos todavía en la plenitud de la carrera mostraron sobre las tablas sus virtudes, otros dictaron clases y se reencontraron con un público cariñoso que los seguía por las calles habaneras. También de lo habitual y tradicional, el encuentro permite foguear a los más jóvenes componentes del elenco, un cuerpo de baile en constante recambio.

Este año hubo poca representación latinoamericana, siendo la Argentina fiel dignataria, siempre a través del Teatro Colón de Buenos Aires, por un estrecho vínculo de unión desde los inicios del BNC.

Coreográficamente el festival mostró una amplia pluralidad de estilos y tendencias rebozadas de creatividad. Los avances técnicos de los bailarines en su conjunto son impresionantes. Cada día logran mayor perfección en detalles, en combinaciones de pasos con efectos y desplazamientos, velocidad impactante y más fuerza: musculatura potente y estilizada que desemboca en saltos más altos, giros más sorprendentes (con variaciones) y piernas altísimas.

 

Los estrenos

Las nuevas puestas en escena en este 2018 tuvieron algunos puntos en común: el rol de la mujer en la sociedad (de todos los tiempos), empoderándola, incluso personificando a ciertos héroes masculinos transformados en féminas. También fue particular la evolución técnica del vocabulario coreográfico, creado para bailarines clásicos, de manera completamente actual y contemporánea. Y por último, hubo más de un suicidio sobre el escenario, además de otras muertes (Giselle incluida).

Los coreógrafos que viajaron a Cuba para crear expresamente al Ballet Nacional de Cuba, se mostraron personalísimos, sin extravíos causados por la moda o superficialidades de uso del momento. El resultado: encantador.

La británica Cathy Marston montó Próspera basada en La Tempestad de William Shakespeare, en la que transformó a Próspero en mujer como reconocimiento a la propia Alicia Alonso. La pieza atrapó al espectador desde el primer segundo, con orquesta en vivo, el genial vestuario (Jean-Marc Puissant), el escenario desnudo, los personajes definidos y el lenguaje técnico (híper clásico con uso de puntas). Brillante.

Pepe Hevia, cubano radicado en el exterior hace más de dos décadas creó Ciudad de Luz para Grettel Morejón y Ariam León, un duo muy hermoso (coreografía, iluminación y vestuario) de estilizado corte contemporáneo, con música intervenida estratégicamente para dar cuenta de la capital cubana.

La española María Rovira, nuevamente en el festival, repuso Tierra y Luna y dos creaciones: Vestida de Nit para Claudia García y Ariam Arencibia, un duo de amor juvenil, amoroso y juguetón, que fue muy aplaudido y celebrado por la audiencia. Y un solo para Dani Hernández, Anima, que trasladó al hiper-clásico bailarín a un nuevo mundo, que ella imaginó para él y que él supo resolver (con final impactante, en salto volador hacia coulisses).

La cubana Ely Regina, continúa en la búsqueda de un lenguaje propio, en ese camino, mostró en el Festival su ingeniosa Anyali destacándose Bárbara Fabelo, con juego de dinámicas, escenografías y puesta de luces (que encantó al espectador) y el estreno de La Forma del Rojo con parte de los mejores bailarines del elenco.