Ramona de Sáa, la gran pedagoga del ballet cubano

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Hoy, muchas generaciones de bailarines pierden a su maestra. Ph: Buby Bode.

Hoy, muchas generaciones de bailarines pierden a su maestra, una mujer que hizo de la Escuela Nacional de Ballet su segunda casa, que promovió los avances de Cuba, en materia de metodologías para la enseñanza del baile de puntas, a muchas regiones del mundo…

Esta semana, la danza cubana ha tenido dos grandes pérdidas, primero, el lunes 15 de abril, supimos del fallecimiento de Pablo Trujillo, un bailarín excepcional que residía en Dinamarca, y que fuera una de las imágenes más rotundas de los primeros años de la danza moderna cubana en obras como Okantomí y Súlkary, ambas del coreógrafo Eduardo Rivero.

Luego, en la madrugada del miércoles 17 de abril, Cuba volvió a estremecerse con la muerte de la maestra Ramona de Sáa, la sempiterna Chery, aquella mujer de voz temblorosa, pero de pensamiento firme, de mirada aguda y de opiniones profundas.

Ramona de Sáa fue una maestra para muchas generaciones de bailarines cubanos. Junto a su hermana gemela, Margarita de Sáa, estudió en la Academia de Ballet Alicia Alonso y fue compañera de generación de las Cuatro Joyas del ballet cubano: Aurora Bosch, Josefina Méndez, Mirta Plá y Loipa Araujo. Sin embargo, tras una lesión Chery se dedicó a la docencia, donde desempeñó una de las labores más meritorias de la pedagogía del ballet en Cuba.

Ramona de Sáa junto a Carlos Acosta, su Junior querido, uno de los frutos más sólidos de su carrera como pedagoga. Ph: Buby Bode.

Reconocida internacionalmente por su trabajo como maestra, ensayadora y también repositora de los clásicos del ballet; Chery fue digna discípula de Alicia y Fernando Alonso, también se desempeñó, por décadas, como directora de la Escuela Nacional de Ballet, fue Profesora Adjunta de la Universidad de las Artes y Metodóloga del Centro Nacional de Escuelas de Arte. En 2006, le fue otorgado el Premio Nacional de Danza, y en su extensa trayectoria recibió el título de Doctora Honoris Causa en Arte (2000) y el Premio Nacional de Enseñanza Artística (2002).

Pero Ramona de Sáa era más que premios y distinciones, era una guerrera a toda prueba. En agosto de 2008 tuvo que ir a recoger las cenizas de su hija, Margarita Naranjo de Sáa, a quien le arrebataron la vida de forma violenta, en su casa de Sinaloa, México. Las imágenes de aquellos días, mostraron a una Ramona de Sáa que recibía con coraje los embates de la vida, al perder a una de sus dos hijas. Le había puesto Margarita, el nombre de su hermana, una hermana de la que vivió alejada la mayor parte de su vida, porque residía, desde 1974, en los Estados Unidos. Una de las tantas historias de familias divididas por las dos orillas.

Entre los recuerdos más gratos que hoy conservo de Ramona de Sáa, está su vínculo con Carlos Acosta, su Junior querido, uno de los frutos más sólidos de su carrera como pedagoga. Chery, literalmente, salvó a Carlos Acosta y no vaciló en apoyarlo en 1990, después que ganara el Grand Prix de Lausana y recibiera un contrato de Ivan Nagy, entonces director artístico del English National Ballet; convirtiéndose de esa forma Carlos Acosta, en el bailarín principal más joven que tenía en su staff la compañía londinense.

En 2017, falleció su hermana Margarita de Sáa en los Estados Unidos. Margarita había sido bailarina del Ballet Alicia Alonso y participó en las presentaciones de la compañía en los años 50. Ese propio año 2017, Carlos Acosta nombró el espacio de ensayos de su compañía Acosta Danza, como Salón De Sáa, en homenaje a su maestra.

Carlos Acosta nombró el espacio de ensayos de su compañía Acosta Danza, como Salón De Sáa, en homenaje a su maestra. Ph: Buby Bode.

Y dos años más tarde, en abril de 2019, el propio Carlos Acosta, con la temporada Tributo, de su compañía, rindió homenaje a sus maestros Ramona De Saá y Ben Stevenson, ambos estuvieron presentes en la capital cubana, en un programa que brindó hermosas funciones en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana. Ambos influyeron en la formación y desarrollo de Carlos Acosta de manera decisiva.

Hoy, muchas generaciones de bailarines pierden a su maestra, una mujer que hizo de la Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso su segunda casa, que impulsó los Encuentros Internacionales de Academias para la Enseñanza del Ballet, para promover los avances que Cuba ha conquistado en materia de metodologías para el aprendizaje del baile de puntas.

Todo homenaje para Chery será poco, la pérdida es irreparable. Pero queda la herencia espiritual y artística de una mujer que expandió los saberes del ballet cubano a muchos sitios. Hoy Cuba rinde tributo a Ramona de Sáa y al legado que dejó para miles de bailarines en todo el mundo.

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Mercedes Borges Bartutis
Licenciada en Periodismo de la Universidad de La Habana (1990). Máster en Arte con Mención en Danza de la Universidad de las Artes de La Habana, donde se desempeña como profesora auxiliar de la Facultad de Arte Danzario. Especialista del Consejo Nacional de las Artes Escénicas de Cuba. Colabora con varias publicaciones cubanas y extranjeras. Dirige la colección Súlkary-Cuba especializada en libros cubanos sobre danza para Balletin Dance Ediciones.