El Corsario en la Ópera de Viena

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Por Beatriz Cotello

El gran suceso de esta temporada de ballet en la Ópera de Viena ha sido el estreno de , en una nueva versión de su director junto a un equipo de colaboradores, que le dieron nueva vida e impulso a la tradición iniciada por Mazilier y propulsada luego por Perrot y

 

Se trató de una verdadera fiesta y homenaje al esplendor de la danza académica, en el marco de bellos decorados con diseño de Luisa Spinatelli (larga trayectoria en la Scala de Milán y otros teatros). Magníficos telones para representar el mar, el barco luchando con las olas (atrás, el barco mismo), el bazar, el palacio del Pashá, la caverna de los corsarios y un vestuario riquísimo en la caracterización y colorido, todo en el más exquisito buen gusto.

El trabajo de renovación de Le Corsaire fue intenso: Legris aspiraba a enfatizar el desarrollo de la historia y que el ballet no fuera sólo una sucesión de números, de manera que la acción dramática adquirió mayor cuerpo y continuidad. En el aspecto musical, se revalorizaron las partituras de Adam (que se habían reducido con demasiado aditamento, durante los 160 años de existencia del ballet), recurriendo al material recopilado por hace unos años. Se retomó el Jardin Animé de Delibes, al que Petipa le había puesto música de Drigo (bailaron algunas alumnas de la escuela de la ópera, con total profesionalidad). Mientras que el material totalmente ajeno (Chopin, Tchaicovsky, Grieg y Dvorák) utilizado en algunas versiones fue ignorado, manteniéndose fragmentos de Pugni y del príncipe Oldenberg y agregando de otros autores.

La coreografía de Legris reconoce a Petipa, pero es propia en su mayor parte, con un delicado equilibrio entre la mímica y la danza. Muy exigente, con secuencias muy complejas y muy ajustadas a la música, con variaciones nada fáciles para las mujeres y toda la variedad de saltos que ofrece el repertorio del ballet para los hombres.

Manuel Legris interviene frecuentemente en los ensayos de la compañía, tanto más en la preparación de este ‘su’ gran ballet, junto a su asistente coreográfico, Albert Mirzoyan, y sus otros colaboradores, los maîtres Chantal Lefèvre, Alice Necsea y Jean Christophe Lesage. En realidad Le Corsaire fue una experiencia totalmente nueva para Legris, pues nunca lo había bailado (el Ballet de la Opera de París lo eliminó de su repertorio en 1868), Mirzoyan, en cambio, pudo aportar su conocimiento de varias versiones del ballet en Rusia.

Los números más atractivos fueron el pas de deux que inició la fama de , con música de Drigo ¿quién no ha visto el video? como Conrad no perdió en la comparación con el modelo, aunque se le podría reprochar algo de inseguridad en las caídas de los saltos, junto a como excelente Medora. El Pas d’esclave con Gulnare (Liudmila Konovalova) Lanquedem (Kirill Kourlaev) y cuatro de sus hombres y el Pas de trois des odalisques (Natascha Mair, Nina Tonoli y Prisca Zeisel). Todos ellos merecen los mejores calificativos, al igual que Davide Dato como Birbanto; Alice Firenze en el rol de Zulméa y Mihail Sosnovschi como el Pasha, que aunque apenas baila impuso su presencia.

La orquesta estuvo óptima, como siempre, dirigida por el director de la de San Petersburgo Valery Osianikov, un experto en música de ballet.

Al finalizar hubo aplausos, bravos y flores, para el conjunto y para los artistas individualmente, y el director Legris se mostró muy emocionado y resplandeciente. A 160 años de su creación, Le Corsaire ingresa en el repertorio del Wiener Staatsballet en una magnífica versión, realizada con inmensa voluntad y esfuerzo colectivo.

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Beatriz Cotello
Vive en Viena, tiene un marido, dos hijas y dos nietos. Ama la música, la danza y la ópera. Aprendió guitarra de chica y piano de grande. Tomó clases de danza con Ana Kamien. Era economista pero al llegar a Viena prefirió escribir sobre sus tópicos preferidos. Así llegó a Balletin Dance que es su segundo hogar.