Jugando a que no se Significa

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Guillem Mont de Palol y Jorge Dutor: salta uno, salta otro - Foto . Jordi Surribas

En el marco de las X Jornadas de investigación en danza 2016, organizadas por el Departamento de Artes del Movimiento de la (UNA), los españoles y presentaron, en El Portón de Sánchez, su performance ¿Y por qué John Cage?

 

La polaridad sin polos contemporánea, si se quiere este post-post-modernismo o algo más allá, que, entre otros aspectos, pasa ya por alto el anything goes como “liberación” de sujeciones modernas y anteriores, y también se salta ya la simple “nadería”, pero que no abandona el formato arte, esa polaridad sin polos actual tiene diversas nomenclaturas que trazan sus rumbos. Así, prefijos como “post”, “post-post”, “trans”, “trans-post”, “meta” (por citar algunos, cualquiera de ellos enlazados con “modernismo”) dan cuenta de posicionamientos tanto de creadores como de académicos que participan de la exploración y el debate.

Sin embargo, todos estos “desvíos” o “correcciones” de caminos para las propuestas artísticas, con mayor o menor apelación a la ironía, a una crítica de la subjetividad o a una instancia de autenticidad, mantienen la perspectiva de juego y se agrupan bajo el paraguas arte. En definitiva comunican de base un terreno de libertades de montaje, construcción y expresión.

En ¿Y por qué John Cage? (2011), Dutor y Mont de Palol, performers enrolables en alguna corriente actual, jugaron con el sonido que emitieron: palabras, fonemas, gritos, etc. Los dos intérpretes, dos sillas, una escalera de pintor y dos plantas en macetas, esa fue la escena. Hablaban, repetían frases, hacían y fingían un diálogo, cortaban palabras, llevaban las sílabas a que sólo suenen en distintas intensidades y duraciones. Todo esto agitándose, corriendo, saltando, caminando, echándose, tomándose y soltándose, describiendo secuencias y rompiéndolas, variando esfuerzos. También, hacia el final, jugando rimas muy básicas con el público desde desinencias para construir un discurso que se pretendía sin sentido.

Tal como se indicaba en la información brindada en el flyer de las jornadas, los performers intentan construir un “Discurso sensorial y no significativo (en el que) queremos des-significar para adentrarnos en el terreno de lo sensitivo, de lo relacional, de lo perceptivo y de lo corpóreo.”

En conversación con Balletin Dance dijeron que se trata de “viajar de principio a fin” y “tener una experiencia verdadera, muy real” con la pieza. “Nos alejamos de lo que se pueda entender cognitivamente mediante la repetición y la transformación de una palabra (llegando a) un sonido que se aleja del lenguaje verbal y sea un estado físico (…)”.

Los españoles, con esta metodología que aúna improvisación sobre esquemas y tiende a, como ellos sostienen, des-significar, en rigor transitaron su experiencia “real” compartida con un público “real” que podría (al menos podría) dar cuenta de qué fue lo que fue, es decir, significar lo que fue.

Esta paradoja aparente, el intentar no significar, cosa que de suyo ya es significar, no se resuelve más que recordando que este juego, con sus bordes de libertad, es políticamente la afirmación de poder establecer la propia instancia política. Esto, que parece un juego de palabras (y que en parte lo es), trae a cuento que el cuerpo, la corporalidad es manifestación política. Alguien ahí o acá, ustedes, ellos, vos o yo, es su propia exposición y expresión política porque es alguien, si se quiere cualquiera, que implica (sin interdicción) la tolerancia y hasta la solidaridad a que haga y dé y recorra libertad. Tal el juego puesto en marcha.

En definitiva, ¿Y por qué John Cage?, como un guiño a medias aguas entre una modernidad aún vigente (basta ver TV para corroborarla), con sus políticas también todavía corrientes (otra vez con la TV alcanza), y una proyección crítica de esa modernidad, vuelve a pelear con el sentido hecho por usos, costumbres, tradiciones y relatos dominantes, especialmente puesto en el peso de las palabras. Obra crítica en juego que se significa jugando a des-significar.