Tras los pasos de Cranko

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Daiana Ruiz en Stuttgart: unas 110 funciones anuales. Foto: Roman Novitzky | Stuttgart Ballet

La mendocina partió a Europa, en búsqueda de mejores horizontes profesionales. Hoy es bailarina del Stuttgart Ballet, la emblemática compañía que preserva el legado de

“Es el espíritu del artista y la sed de crecimiento constante, que te moviliza a explorar lo desconocido y enfrentarte a nuevos desafíos, trabajando para superarlos. Esto es lo que me llevó a vivir sola en Buenos Aires a los 12 años, dejando mi Mendoza querida. Y luego me trajo hasta Alemania”, explicó Daiana Ruiz a Balletin Dance.

A fines de 2015, como tantos artistas de la danza, Daiana Ruiz viajó a Europa, para tomar clases con diferentes compañías para “vivir un poquito más de cerca el trabajo en el exterior”. De allí regresó con varias propuestas de trabajo en el Viejo Continente: en la compañía de en Lausanne (Suiza), en el Royal Ballet of Flanders de Amberes (Bélgica) y en el Stuttgart Ballet (Alemania). “Esta última propuesta fue la que me llevó a tomar la gran decisión y en abril de 2016 me integré al Stuttgart Ballet en busca de nuevos desafíos artísticos y de estar más tiempo sobre el escenario”. En el , “nuestro bello coliseo, mi casa, que me vio crecer y donde soy bailarina estable”, por entonces no esperaba más de una veintena de espectáculos al año. El cambio que sufrió entre Argentina y Alemania fue “inmenso”, un gran desafío “y un crecimiento a nivel personal” importante, porque al llegar allá no hablaba ni inglés, ni alemán.

Una de las principales características de la compañía, que ayudó a cautivarla, fue que su repertorio conserva el legado de John Cranko, “que me llenaba de ansias experimentar. Vivir de cerca y respirar cada uno de sus ballets, en la cuna de su origen”. Entre las grandes diferencias laborales cotidianas, Ruiz señala que allá se trabajan ocho horas diarias, seis días a la semana “y tenemos aproximadamente 110 funciones anuales. Por lo que se ensayan varios ballets en simultáneo (clásicos y contemporáneos) y las funciones se reparten entre Staatstheater que es nuestro teatro principal y dos salas más”. Como es habitual en Europa, el mundo cosmopolita se respira también dentro del elenco. “Se vive un interesantísimo intercambio cultural dentro de la compañía, ya que somos bailarines de muy diversas nacionalidades. También se disfruta mucho el día a día porque hay una muy linda energía en los estudios. El trabajo es muy intenso e inspirador. Cada ensayo y función es llevada a escena con mucho profesionalismo”, asegura llena de entusiasmo.

Pero además, “debido al prestigio histórico internacional de la compañía, cada año es invitada a realizar giras internacionales. Tuve la oportunidad de participar en mi primera temporada, en una gira a Salzburgo donde llevamos el ballet Romeo y Julieta. Luego, de viajar a China (Beijing y Shanghai), una sorprendente sociedad que cautiva con su forma de vida. Y en pocos días estaremos partiendo nuevamente, esta vez con destino a Weimar (Alemania)”.

“El crecimiento y enriquecimiento artístico y profesional, así como también de experiencia de vida, es lo que me mueve a seguir trabajando fuerte día a día y poniendo mucho amor en cada paso, para seguir sorprendiéndome con los nuevos desafíos que vayan llegando a mi vida”.