Como si de repente el mundo flamenco se hubiera despertado, en medio de la crisis económica, las elecciones, de la subida del dólar, del cierre de espacios y estudios de danza, en medio del cambio; parece que existe una grieta, un espacio donde el tiempo no transcurre siguiendo las pautas sociopolíticas económicas sino más bien discurre en un entramado profundo y sutil de subgrupos que se anidan para darle cabida a lo que realmente les importa a los bailarines: estudiar

 

La gente dedicada al flamenco comenzó a finales de los ’90 a crear un ambiente propio, y es ahora, veinte años después, que se consolida y establecen redes, no sólo en la capital nacional sino en todas las provincias. Ciudades como Córdoba, Mendoza, Rosario y San Juan tienen su propio movimiento flamenco, pero en este último tiempo se han incorporado otras como Bahía Blanca, General Roca, Maipú, La Plata… Este movimiento cultural propio del género establece un lazo con artistas locales y españoles que vienen a dictar talleres y participar en algunos espectáculos combinados entre anfitriones e invitados.

Algunos de ellos han dejado ciertas huellas en nuestros artistas, otros sólo han dictado algún taller y seguido su camino. Pero todos se han llevado algo más que sus propias expectativas y se vieron atravesados por preguntas y cuestionamientos de éste, nuestro propio ser flamenco.

Por lo pronto, el grupo de bailaores que creó el espectáculo Prisma con la tutoría de Manuel Liñán en el mes de abril, lo repuso con la participación de Jesús Carmona, que pasó por Buenos Aires a finales de julio. Otro grupo de maestros y artistas sanjuaninos liderados por Cuqui Maestro organizó un festival flamenco que tuvo de invitada a Manuela Ríos, la misma que realizó cursos y actuaciones en todo el país durante julio y agosto. La Escuela Municipal de Danzas de la ciudad de Rosario a través de Carina Nimitán, una de sus profesoras, hizo posible la visita de Álvaro Madrid, bailarín del , que además de dictar un taller en la ciudad se presentó en el Teatro La Comedia con artistas locales.

Pero la agenda no termina, arranca septiembre con la visita de Rafaela Carrasco, ex directora del Ballet de Andalucía y gran bailaora, que visitó Buenos Aires en varias ocasiones; la llegada de David Morales al Teatro Avenida con Lorca Muerto de Amor (16 de septiembre) y gira por Rosario. Finalizando el mes llegará nuevamente Carmen Ledesma, esta vez de manos de los cordobeses que emprenden la aventura de traer a dicha maestra sevillana y trianera… además de otra sevillana: Juana Amaya, también llegarán La Moneta y María Juncal que recorrerá todo el país. Varias de las visitas no pasarán por Buenos Aires (si lo hará María Juncal, que además presentará un espectáculo con músicos locales).

Para María Juncal la gran cantidad de maestros que circulan por nuestro país se debe al “interés de la propia gente de Argentina, la búsqueda, el interés y lo apasionado de su hacer”. Para Manuela Ríos, por su parte, “lo único que intento comunicar en mis clases es que no se tiene que potenciar el ser artista sino el amor al arte. Y aquí me ha sorprendido es que sí hay amor, y tener ese mismo dialecto que permite valorar fuera de España eso mismo que yo hago”. Por último, para Álvaro Madrid (bailarín de Ballet Nacional de España y del Ballet de Antonio Gades) su vista a la Argentina fue diferente: “vengo porque mi chica es de aquí, el año pasado dicté un taller en Tucumán y éste contacté con Carina Nimitam de Rosario, quien organizó clases y actuaciones allí”.

 

Los tres bailaores fueron consultados por Balletin Dance:

¿Qué piensa sobre la fabricación de bailarines en serie, como sucede en la escuela Amor de Dios[1]?

Álvaro Madrid: Según cómo se mire y según qué clase, es un mundo. Hay clases muy distintas y depende del bailaor que va a tomar clases. Hay quienes van a buscar pasos para usar en sus funciones y hay quienes no. Es un ambiente bastante rico, pero suceden también otras cosas.

María Juncal: Hay una realidad y no puedo taparme los ojos y pensar que eso no sucede. Me gustaría que la gente reinterpretase lo que aprende y a partir de allí adquiriera un espacio para poder crear. Uno de los escollos que existen ahora mismo es: ‘tengo pasos, tengo coreografías y tal cual me las enseñan voy a ejecutarlas’. Sin filtro, sin una búsqueda. Pero siempre hay excepciones, siempre hay gente que brilla.

Manuela Ríos: Gracias a esos bailaores seriados en los espectáculos ves limpieza de movimiento, vestuario excelente, luces impecables, puesta en escena impecable. Gracias a eso el flamenco se están abriendo camino hacia otros festivales como el jazz, con otra visión y otro público. No soy de validar los extremos, ni lo cerrado, ni el flamenco en una caja de cartón sin alma. Me gusta tener y valorar todo lo que se expresa y sale del corazón, ¡vale!

 

La mujer flamenca tiene una imagen de libertad que podría asociarse al movimiento feminista.

  1. Hay de todo. Veo mucho en el flamenco a la mujer sumisa, aunque yo sea lo contrario, soy guerrera. Hay mujeres bajo las faldas de otros o bajo las órdenes de un hombre, y también las hay guerreras, valientes y seguras.
  2. Como todo en la sociedad en general, después de ese proceso del franquismo, la mujer ha ido reconociendo ella misma su lugar, y el flamenco siempre ha sido un mundo de hombres que ha primado por encima de la mujer. Ahora la lleva adelante, incluso dirigiendo a hombres. Creo que la mujer es muy tajante en lo que hace, se presenta con mucha firmeza en el escenario, es rotunda con propuestas muy serias y elaboradas con gran calidad.

 

¿Qué objetivo busca como bailarín o cuál es su búsqueda?

  1. Ha cambiado a lo largo del tiempo. Cuando empecé a bailar no pensaba llegar al Ballet Nacional, siempre me pongo objetivos cortos. En un primer momento era salir del pueblo y llegar a Sevilla, luego trasladarme a Madrid, entrar al Conservatorio y a partir de allí fueron una sucesión de objetivos cortos, como trabajar en la mayor cantidad de compañías privadas posibles, hasta entrar al Ballet de Antonio Gades. Luego tratar de hacer los papeles principales. De los últimos objetivos fue integrar las filas del Ballet Nacional de España, que estoy haciendo. Ahora, cuál es el objetivo: vivir lo que estoy haciendo allí, aprender de mis compañeros, de las coreografías ¡y de todo lo que hay allí dentro!
  2. Desde el primer momento me planteé hacer algo diferente. Me tomé mi tiempo de estudiar y prepararme antes de subir sola al escenario. De hecho sigo estudiando con mis maestros. Y tomé el tiempo para ver qué iba a hacer María Juncal. Sigo pasando muchas horas en el estudio desarrollándome creativamente, esa es mi búsqueda.

 

¿Se considera un bailaor que da clases o un maestro que baila?

  1. Dar clases es algo que adoro y creo tener la capacidad de comunicarme con las personas. Me llena de satisfacción, pero no podría dar clases si no bailara. Creo que de momento soy una bailaora que da clases.
  2. Ahora mismo estoy en una etapa y en una edad, que mi profesión es intérprete. Me dedico a interpretar coreografía, me considero un bailarín que da clases. No obstante soy titulado en española.

 

¿Existe una identidad en el flamenco argentino o sólo es una copia de lo que sucede en Sevilla? Quizás este sea un nuevo desafío para los flamencos locales, que a la vez de tomar clases de bailes y coreografías, empiecen a plantearse cuál es el fin, o cuál es el destino de todos esos pasos.

[1] Amor de Dios es la academia más importante de flamenco de Madrid, por allí circulan la mayoría de los maestros que dictan clases y la mayoría de los estudiantes extranjeros.