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Juan Naranjo reunió a un grupo de destacados artistas del flamenco, para ofrecer La Fiesta, un musical flamenco con énfasis en la dramaturgia, que se presentará en una única función el sábado 21 de octubre en el Teatro Empire

 

Encabezados por Mesa, La Fiesta estará interpretada por los bailarines Paula González, Mónica Romero, Noelia Piccione y Gastón Stazzone, con la participación especial de Gaspar Burg y Leila Urban, y los músicos Alvaro Gonzalez y Eugenio Romero (cante), Fernando Herrera y Esteban Gonda (guitarra) y Víctor Naranjo (violín y flauta).

Se trata de una puesta que saca al flamenco del tablao ortodoxo, asentándolo en una trama. “Está guionado. Tiene un hilo conductor, una historia, con una línea de tiempo”, explicó Juan Naranjo, a cargo de la producción y dirección, con la asistencia de Maite Zarate, a Balletin Dance.

 

La historia

Ciertamente, la historia escrita por el propio Naranjo es un culebrón de telenovela, que le permite llegar a límites que aprovecha para la puesta en escena. “Todo nace con una fiesta, en un tablao que respiraba diariamente un clima festivo, hasta la muerte de su bailaora. Todo esto regresa años después y va a tener una resolución en la fiesta donde su hijo celebra sus 20 años”, que prefirió conservar como un enigma hasta el día del estreno. La legendaria bailaora Mercedes de la Paula, había construido su carrera en el tablao de Carmen. “Durante su embarazo, sufre una descompensación y al momento del parto, las opciones eran, el hijo o ella. Queda el hijo por supuesto”. Ella aparecerá como un espectro, que protege a su niño Joaquín, y baila cada noche junto al guitarrista del tablao. “Hay un triángulo siempre en el escenario que se da conceptualmente entre el guitarrista, Mercedes de la Paula y el hijo”.

El paso del tiempo va a estar representado de diferentes maneras simbólicas y reales. que era muy amiga de la difunta “guarda un secreto que prometió no hacer público: el hijo de Mercedes, Joaquín de la Paula, es hijo del guitarrista”. Ella (Carmen Mesa) será la única que recita en el espectáculo, “rompe la cuarta pared y le habla al público, o a su amiga, pidiendo ayuda”.

También aparece la madre de Carmen, que regresa luego de quince años. Personaje que sirve para acentuar preguntas y respuestas sobre la narrativa. Y el guitarrista, que se va quedando ciego, cada noche, toca y compone en soledad para Mercedes a quien intuye presente. Además, los dos bailaores que crecieron juntos, son en realidad hermanos, y las dos jóvenes mujeres que también son muy amigas, se disputan su amor, llegando a traicionarse. “Armar cosas muy marginales, sirve de disparador para llevar la escena al límite”, explicó.

 

Los artistas

Naranjo comenzó a escribir el guión, sabiendo con cuáles artistas tenía intensión de trabajar y preparó una función, “medio de homenaje. Sobre todo porque es gente que admiro, por su trayectoria; otros porque se volcaron más a la docencia y me gustaría verlos bailar. Es gente muy actual que cuando los veo bailar, veo algo más. Que no solamente resuelven desde la técnica y manejan a la perfección el lenguaje del flamenco, sino que también tienen ese rol de poder transmitir. Considero importante que puedan atravesar esta experiencia que los coloca en otro lugar”. Y continúa: “Mi mayor apuesta es poder trabajar con artistas de primer nivel. Es un gusto, y lo quiero pensar así de ahora en más”.

 

La fase musical

El subtítulo de la obra es ‘un musical flamenco’, en referencia a que “lo más interesante, es la parte musical, donde también hay gente súper valiosa”, explicó el director, “de lo mejor que hay hoy, en cuanto al manejo de los matices del flamenco”. Además, su hermano, experto en música celta, acompañará la acción con el violín.

 

La propuesta

Contar una historia, en lenguaje flamenco, es para Juan Naranjo, “como un arranque”, para que otros lo sigan. De hecho, ya “hay mucha gente que está en ese camino, con las mismas herramientas, pero buscando una vuelta desde lo musical, de integrar a los músicos en el espectáculo en otro plano, de buscar espacios alternativos. Siempre estoy con la mirada fuera del tablao [su tablao El Naranjo], porque es una manera de estar al día. Y si hay algo que tiene la gente en el flamenco, es creatividad”.

 

Coreografías

“La coreografía es propia de cada bailaor, es importante remarcarlo. Yo asisto coreográficamente, pero el contenido, es un capital de cada uno. Por supuesto hay aspectos que se pueden debatir, pensar, aportar. Los bailaores tienen una tarea muy interesante que es planteada desde lo musical, que se armó previamente, con lo cual todo cierra en sí mismo. Yo pido qué palos bailar y que las letras tengan que ver con lo que está pasando”.

 

El público

Acá no es tan importante que el público sepa de flamenco, porque con los palos se crean climas. Va a ser más importante la puesta en escena, la sincronización y cómo se vaya ligando todo. El ambiente flamenco es muy fiel. Le gusta ver mucho. Pero en algún momento se agota. Es interesante ese vínculo y poder ganar otros espacios. El flamenco tiene su estética, lo sabemos, su fuerza. Siempre me pongo en el lado del espectador. Veo muchos espectáculos de flamenco, veo a todos mis colegas siempre que puedo, porque aprendo mucho”.