Aceptando la Vida

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“Disfrutar de este momento, que no vuelve”, dice Iñaki Urlezaga, sin planes y sin balances, por un tiempito. Foto: Natalia Benosilio

Iñaki Urlezaga se despide del Teatro Colón este mes, con la magnífica puesta de Romeo y Julieta de Kenneth MacMillan, acompañado por Laureen Cuthbertson (primera bailarina del Royal Ballet de Londres). En entrevista con Balletin Dance, reflexiona sobre el mundo del ballet y la vida misma

 

Romeo y Julieta podrá verse en el Teatro Colón, del 18 al 25 de septiembre, en reposición de Susan Jones, y contará con los artistas invitados los días 19 y 23. Iñaki Urlezaga la ha bailado desde que tenía 18 años, en el mismo seno del Royal Ballet de Londres, “conozco cada momento de la obra, cada hueco, cada recoveco, cada personaje, he pasado por muchísimos de ellos en Inglaterra”. Nunca la había hecho en la Argentina y “me pareció que dentro de la programación que tiene el Teatro, era lo más afín a mí”.

De todas formas Iñaki Urlezaga, confiesa que “con los años, me he dado cuenta que, realmente, uno cada vez elige menos las cosas. Que las cosas suceden y uno va aceptando la vida en su conjunto”.

Con amplio vocabulario, mucha calma y cantidad de sonidos y exhalaciones, Urlezaga fue respondiendo a este cronista, de manera honesta y meticulosa. “Es difícil que el bailarín se ‘despida’ de la danza -dice, con énfasis en sus palabras-. Seguramente sea el intérprete que el público conoció quien se despide”. En su caso, la decisión viene acompañada porque con los años y las lesiones, se le hace difícil sostener “el rigor de todos los días de la clase y el respeto por la profesión (…) al no poderme comprometer con eso, decido retirarme con alegría y en plenitud. No quisiera ver la decadencia en mí. Sería no tener respeto hacia mí mismo y por ende, tampoco hacia el público”. Entonces, es posible que el escenario lo encuentre en el futuro nuevamente con algunas cosas más teatrales, “si la vida me brinda la oportunidad, las haré; y si no, las crearé para otros”.

 

¿Qué quedó pendiente?

Muchas cosas. Yo sólo te puedo decir que he hecho el 10 % de lo que hubiera querido, de lo que hubiera soñado. No por ambición, ni artística, ni financiera, ni tampoco institucional en el mundo de la danza, sino porque básicamente fui esperando los momentos para ir haciéndolas. He bailado muchísimas obras clásicas, porque he sido siempre un bailarín muy clásico, y tenía reservado para el final aquellas más complejas actoralmente. El repertorio es enorme y hay de todo para bailar. Pero fundamentalmente me hubiera gustado hacer creaciones nuevas. Que seguramente las plasmaré en el futuro con los artistas que vengan.

 

Lo mejor

Lo más lindo de la profesión, es que podés ponerte en la piel de tanta gente ajena, algo de todo eso que sos vos también. Que es poder descubrir la multiplicidad de facetas humanas, de personalidades, que existen en esta vida y que la danza te brinda la posibilidad de interpretarlas, de bucear, de hondear y de reconocerte dentro de todo esto. Esa es la virtud más grande que tiene el bailarín. Me quedan muchas más ganas de seguir haciendo cosas, no por haber encontrado resultados, sino por haber podido experimentar, me hubiera encantado poder hacer algo más. Pero si me voy así, es muuucho más de lo que yo hubiese soñado en toda la vida, que iba a poder llegar a hacer.

 

¿Cuáles son los planes a futuro?

No tengo nada. Por primera vez no quise pensar nada. Toda la vida he dado notas programando el año siguiente, y el otro, y la vida… Tal vez haya momentos para programar. Tal vez haya momentos para recoger. Al menos por un tiempito quiero disfrutar lo que hice. La vida pasa muy rápido. Cuando uno viene más grande, se da más cuenta todavía, de la velocidad que toma. Y yo en este momento no quiero ponerme en el termómetro de nada, ni tampoco creo que necesite hacer balances de nada. Quiero disfrutar de este momento que no vuelve. Porque no es una producción más, no es una función más. Y tomarme vacaciones.

 

Mensaje para jóvenes lectores

Honestamente yo no soy nadie para hablarle a las nuevas generaciones. No tengo la petulancia de dar consejos. Lo único que puedo decir, es que estudien. Creo que sin formación, sin humildad, sin capacidad para pedir ayuda y sin trabajo… no hay algo posible, interesante, que pueda surgir de ese artista. Es muy poca gente en este mundo, la que viene iluminada, sin tener que aprender. Formación, humildad [repite]. Cuando hablo de formación también lo digo por la lentitud, con que un ser aprende a bailar. Hoy todo es de la noche para la mañana. Todo se aprende en la tablet, y todo es el minuto más inmediato. Eso genera obviamente una capacidad corta de llegada también. Entonces, lo único que puedo decir es: que tenga buenos referentes, que sean humildes y que se formen, que estudien, porque… yo estoy aprendiendo todavía, y me estoy yendo. La vida es un camino de ida, no se completa nunca.


Creación

“Gracias a las tantas interpretaciones que le di a la obra de Kenneth MacMillan en mi carrera, me he enamorado tanto de la música y de la obra en sí misma como un hecho teatral, que fui plasmando en mi cabeza mi propia visión de Romeo y Julieta. Voy a hacer la escena del balcón, en la Gala Danzar por la Paz que organiza Leonardo Reale [ver nota en esta edición de la revista] junto a Gabriela Alberti, que es una talentosa bailarina”.


¿Cómo preferís Romeo y Julieta?

Libro, cine, ballet, ópera o teatro

En todas. Porque la magistralidad de Shakespeare, es que llega a todas.

¿El mejor Romeo?

La película de Franco Zeffirelli es una belleza. Como bailarín sería ingrato si te dijera el nombre de una persona. [Luego de unos segundos, Urlezaga apuesta:] Christopher Gable, fue el primero, el original, los videos que hay suyos de joven, son muy lindos. No fue hecho para Antony Dowell pero también fue… los ingleses son los que me han marcado, porque yo estaba ahí.

¿La mejor Julieta?

Te puedo decir, Sarah Wildor, una bailarina que conocí. Una cosa es verla en vivo y otra en un video. Ella me marcó mucho arriba del escenario, la transformación era completa: la nena de 14 años, la mujer que se enamora, una persona que siente el horror dentro de su familia, la sanidad de creer que puede ir adelante con su vida a pesar de todo, y descubrir que no, que la muerte es lo único que puede hacer triunfar ese amor.

¿Versión coreográfica?

Elijo muchas. La de Cranko es hermosa también. La de Nacho Duato es divina, es tan bella en lo contemporáneo como la de MacMillan en lo romántico. Tienen que tocarme el corazón sin dudas. La que no me gusta tanto es la rusa, la primera, porque no me siento para nada identificado. Pero si el creador realmente siente la obra, si logra humanizarse como para plasmar la poesía en movimiento y logra mostrarse más allá de los convencionalismos, yo creo que va a ir por el camino correcto. Y en eso, los ingleses lo entendieron desde el comienzo. Es gente que a uno le permite bucear en esa verdad, que se logra poéticamente hablando. Es como el existencialismo, no va a morir nunca.