Simba y Alex en Buenos Aires

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León, Rey de la Selva es una adaptación del musical estrenado en Broadway en 1997. Reúne a 28 artistas en escena. Foto: gentileza de la producción

De cara a las vacaciones invernales debutaron dos propuestas para la familia con personajes populares: Madagascar y León, Rey de la Selva. Directores y coreógrafos explican cómo es hacer bailar y cantar a los animales

 

En una cartelera teatral porteña que poco a poco se va poblando con títulos que se disputarán el interés de las familias durante las próximas semanas, dos espectáculos se destacan por su nivel de producción, el atractivo de sus historias y la empatía que despiertan sus personajes en el público. Alex y Simba son leones muy diferentes entre sí pero se han ganado un lugar en el corazón de chicos y grandes. Timón, Melman, Pumba, la hipopótama Gloria, el anciano Rafiki, los pingüinos Skipper y Kovalski, son criaturas entrañables que más de una vez nos han robado una sonrisa o una lágrima de emoción. Estos y otros animalitos cantan y bailan ahora en plena calle Corrientes, en las puestas de Madagascar y León, Rey de la Selva.

Bebe Labougle vive el regreso al teatro Lola Membrives como “una vuelta a casa”. Es la coreógrafa de Madagascar y en esa sala participó como bailarina de obras exitosas como Cats y Los Productores. “Siento felicidad absoluta de regresar a esta sala y encarar un desafío que me encuentra en un lugar diferente”, confía. Y celebra que sea con “un musical donde el baile está presente constantemente, en el que los bailarines no paran. ¡Es el sueño de todo ensamble! El bailarín siempre odia los baches entre cuadros, pero Madagascar permanentemente le está dando lugar a lo musical y al baile. Está íntimamente ligado el texto con lo coreográfico”, señala.

El reto que le planteó el director Sergio Lombardo, admite, “me llenó de angustia. Yo funciono así -se ríe-, lo primero con lo que conecto es con la angustia de la hoja en blanco. Después sí llega el placer. Me guío mucho por las sensaciones que me dan la música y el libro. Internamente, viví una lucha entre la coreógrafa y la bailarina. Cuando uno es coreógrafo parece que ya hubiera cruzado un charco, pero yo sigo bailando y entrenando, entonces mi alma sigue siendo la de una bailarina y la música me moviliza hacia el lugar de la intérprete. Eso me dificultó mirar el todo. Es como ver el árbol y no el bosque, siendo que el coreógrafo tiene la obligación de mirar el bosque y saber qué se está contando. En ese sentido, el ser bailarín juega un poco en contra a la hora de crear”, reconoce.

Con todo, Bebe se aferró al libreto, investigó el material (incluso con una experta en audio-percepción) y alumbró una coreografía que combina varios estilos. “Tomé clases particulares de afro, de hip-hop, consulté muchas fuentes para no quedarme en lo superficial. Debía adaptar los movimientos al cuerpo de cada personaje. Cada uno de ellos tiene una tensión particular y en eso nos enfocamos. La coreografía está atravesada por cada animal”, revela.

Con casi veinte artistas en escena, en su llegada al corazón de Buenos Aires (sábados y domingos a las 17 hs, y en vacaciones de invierno) Lombardo redobla la apuesta que planteó en la primera versión de Madagascar que dirigió el año pasado en el teatro Don Bosco de San Isidro. Encabezan el elenco en esta rentrée Alejandro Paker, Cae, Gastón Vietto, Mariano Zito, Liza Spadone, Mariano Magnífico, Pilar Muerza, Francisco Eizaguirre y Caro Ibarra, entre otros. En los rubros técnicos destacan Eli Sirlin (iluminación), Katie Viqueira (diseño vocal), Vanesa Abramovich (vestuario) y Pablo Vanella (dirección vocal).

“Me gusta mucho el público infantil -confiesa Lombardo-. Hace diez o doce años que monto este tipo de obras. Pero me gusta trabajar para los chicos como si fueran adultos. A menudo se piensa que los niños no entienden cosas que ellos en realidad captan perfectamente. Entonces, al teatro infantil no hay que tomarlo como tal sino que se debe trabajar como una obra para adultos, cuidando -claro- las formas y el lenguaje. La única diferencia que debe haber con una obra para adultos es el contenido. En este caso, el proceso de investigación y de trabajo fue el mismo que tuve con obras como Jekyll & Hyde, por ejemplo”.

 

Rey de la Selva

El mendocino Menelik Cambiaso es una de las revelaciones de Chorus Line, el musical que dirige Ricky Pashkus en el Metropolitan. Lleva diez años viviendo en Buenos Aires, aunque en ese tiempo estuvo radicado también en Estados Unidos (formándose en Jacob’s Pillow) y embarcado, trabajando en una flota de cruceros. El de León, Rey de la Selva, adaptación escénica del popular cuento de Disney, es su primer protagónico después de haber participado en el Ballet Argentino de Julio Bocca y en obras como Franciscus, El Violinista en el Tejado y Sunset Boulevard (que le valió una nominación a los Premios Hugo).

“Toda la vida deseé hacer este personaje”, reconoce. “Cuando audicioné para la obra, el año pasado, me querían para otro rol e insistí mucho para que me dejaran demostrarles que podía ser Simba. Como muchos otros de mi edad sufrí la muerte de Mufasa en el cine cuando tenía apenas cuatro años, y a medida que fui creciendo iba soñando con encarnar a Simba en sus diferentes etapas. Hasta que me tocó”.

Si bien se trata de una puesta basada en el musical estrenado en Broadway en 1997, “en muchas cosas le hemos dado una vuelta de tuerca que los va a sorprender”, promete. Tras el estreno en la sala Caras y Caretas en 2018, la obra renovó buena parte de su elenco y se presenta ahora (sábados a las 16 hs y en vacaciones de invierno) en el renovado CPM Multiescena, el complejo que funciona donde lo hiciera el antiguo Cine Los Angeles.

Son 28 artistas sobre el escenario, cantando en vivo, y una dirección colegiada que Cambiaso destaca por los buenos resultados que les ha dado. “No hay un único director sino que somos varios ocupándonos de que este engranaje funcione de la mejor manera: hay dos directoras de actores (Sandra Moreno y Bianca Vicari), la dirección coreográfica es de Ariel Pastocchi, Cristian Centurión se encarga de la dirección vocal, la producción de Antonella Vicari, y yo que me ocupé de la puesta en escena”, explica.

“Es un gran desafío hacer bailar y actuar a los animales -admite el artista-. Investigué mucho los movimientos del león siendo cachorro, joven y adulto: el peso corporal que requiere, los rangos de los leones dentro del reino y cómo se comportan de manera diferente según el lugar que ocupen en esa estructura”. Pero no pierde de vista, que “no somos animales por completo sino que somos personas que encarnan a animales, no es que estamos dentro de un traje de hipopótamo o de suricata; entonces existe una dualidad en la que entramos y salimos de la persona y del animal constantemente, y eso es lo más interesante”, concluye.

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Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Integra desde hace dos décadas la redacción del Diario La Prensa y colabora en las revistas Fortuna, Buenos Anuncios, y en el Diario Perfil. Asesora a diversas empresas y proyectos artísticos en materia de comunicación. Escribió en las revistas Ohlanda, Buzz y Off. Ligado a la danza desde su niñez, fue miembro del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore.