Herman Cornejo. A 20 años del Salto Consagratorio

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Herman Cornejo, feliz de regresar al Teatro Colón. Foto: Lucas Chilczuk

El bailarín regresa este mes al país para protagonizar La Sylphide junto al Ballet del Colón y a Misty Copeland, su compañera en el American Ballet. A dos décadas de su ingreso a aquella célebre compañía avisa que está lejos del retiro y celebra el nivel de la danza académica en la Argentina

 

El Ballet Estable del Teatro Colón estrena el 20 de este mes su cuarto título de la temporada. Serán siete funciones de la obra La Sylphide en la versión coreográfica del francés Pierre Lacotte, que contará con el concurso de dos figuras estelares llegadas desde el American Ballet, la afroestadounidense Misty Copeland y nuestro compatriota Herman Cornejo. Para él, la visita refirma la feliz rutina de los últimos años de regresar por unos días a la compañía que lo vio despegar al mundo. Tanto más en este momento en particular: “Es una forma de celebrar mis veinte años desde la partida de Argentina. Estoy cumpliendo dos décadas en el American Ballet, y no es que festejo por haberme ido de mi país sino porque sigo teniendo la posibilidad de volver al que considero ‘mi teatro’”, explica en diálogo desde Nueva York.

Es el final de un largo día de ensayos para Herman, pero no da muestras de agotamiento. “Para ser sincero, me siento muy bien físicamente. Con 38 años cumplidos considero que tengo muchos años más para seguir haciendo ballets completos”, anticipa. E insiste en remarcar lo “feliz que me siento de volver a tener esta cita en mi agenda”. No la tuvo fácil esta vez, por cierto. “Cuando Paloma [Herrera, directora del Ballet Estable] me preguntó si tenía ganas de volver al Colón para hacer La Sylphide rápidamente le dije que sí. Es una obra que a mí me gustó siempre, desde chico, y he podido hacer más de cien funciones en estos años. Claro que en ese momento no sabía lo diferente que es la versión que ofrece el Colón (que es la de Pierre Lacotte), de la que nosotros hacemos en el American Ballet, que es la de [August] Bournonville. Así es que estoy con el video a full, aprendiéndola. Es muy muy difícil la coreografía, un verdadero reto”.

 

¿No tenía referencias anteriores de esa dificultad?

No sabía que era tan diferente. En marzo, por ejemplo, fui a Japón a hacer El Lago de los Cisnes con Alina [Cojocaru] sabiendo de antemano que era una versión completamente distinta, pero manteniendo siempre la música del Swan Lake. Cambiar los pasos dentro de una misma música es mucho más sencillo. Pero en la versión de Lacotte de La Sylphide la música también es diferente. De manera que uno se enfrenta a otra estructura de obra, que es difícil de aprender por video. Pero por suerte ya había arreglado para llegar a Buenos Aires unas semanas antes, con tiempo suficiente para poder trabajar con el ballet master.

 

¿Tuvo usted algo que ver en la convocatoria a Misty Copeland?

No, para mí fue una sorpresa que la invitaran para interpretar este rol. No porque crea que Misty no lo puede hacer sino porque no imaginé que fuera al Colón a bailar con alguien de mi compañía. En alguna medida se hizo más fácil el inicio de los ensayos. De todos modos, ya le avisé a Paloma que en un próximo regreso me gustaría bailar con alguien del Colón.

 

Pareciera estar asegurada la continuidad de sus visitas entonces.

Ya he hablado con Paloma sobre la posibilidad de hacer unos viajes un poco más largos. Quisiera, sin ser estable, pertenecer más a la compañía. Ser uno más del grupo.

 

La gestión de Paloma al frente del Ballet lo anima a hacerlo.

Definitivamente. Desde mi punto de vista su gestión es exquisita en la forma de trabajo que tiene. Seguramente porque venimos del mismo lugar, con una disciplina muy parecida. Me gusta su modo de trabajar y las coreografías que está trayendo, que son todas de muy alto nivel.

 

¿Cómo planifica su estada en Buenos Aires?

La prioridad es aprender la obra y estar con la compañía. Después vendrá mi terapia: horas de ejercicio y entrenamiento fuera de lo que es la danza clásica. A determinada edad, el cuerpo de un bailarín necesita de esa ayuda.

 

Desde su mirada internacional ¿por qué momento atraviesa la danza académica en la Argentina?

Siempre que llego a la Argentina me encuentro con mucho talento. Hay años en los que surgen muchos bailarines buenos y otros en los que no son tantos, pero el talento siempre está. Y la parte más linda de los argentinos es su talento actoral, algo que para mí es fundamental en una compañía que hace ballets completos en los que se tiene que contar una historia. Aquí, en el American Ballet, hubo hace unos años toda una camada de bailarines nuevos, muy jovencitos, que hizo perder un poco el perfil de la compañía cuando se trataba de hacer un ballet completo. Sin embargo, en la Argentina eso no pasa. En los últimos tres años, en los que ha estado Paloma, vi a la compañía muy bien técnicamente, sin perder nunca esa parte actoral. El Ballet del Colón tiene un nivel muy alto, como para ser más reconocido internacionalmente.

 

¿Ayudaría a ese objetivo que se crearan nuevos públicos?

Es que yo creo que en la Argentina hay mucho público para el ballet clásico. Sin ir más lejos, este año, el American Ballet Theatre en Nueva York, en la Metropolitan Opera House, sufrió una gran baja en la venta de tickets. Y no veo que esté sucediendo eso mismo en Buenos Aires.

 

¿A qué atribuye esa caída en la venta de entradas?

En parte pasa por las decisiones artísticas. El American Ballet se instaló como una compañía que traía siempre a artistas célebres del mundo. Y en el momento en que Julio [Bocca], Alessandra [Ferri] y toda esa camada de bailarines espectaculares se fue, el ABT dejó de traer esos nombres. Lo cual no está mal, claro, porque había mucho talento en la compañía para promover. Pero a la gente que se promovió no se la hizo estrella. Son muy buenos bailarines que merecen el relieve y el nombre que tienen ahora, como Misty Copeland, pero en su caso el nombre se lo hizo ella sola. El American no invirtió en instalar esos nombres de hoy como estrellas. Y eso perjudica la convocatoria de público. Al americano le encanta venir a ver un nombre que resuene por el mundo. El ABT es una entidad privada, y muchos de los esponsors han criticado esto que sucede. Ellos quieren volver a tener los artistas invitados. Y yo lo entiendo, porque eso vende mucho. Sin embargo, hay muchos bailarines con un talento espectacular dentro de la compañía. Les está faltando un PR que haga que los nombren, que los convierta en estrellas.

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Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Integra desde hace dos décadas la redacción del Diario La Prensa y colabora en las revistas Fortuna, Buenos Anuncios, y en el Diario Perfil. Asesora a diversas empresas y proyectos artísticos en materia de comunicación. Escribió en las revistas Ohlanda, Buzz y Off. Ligado a la danza desde su niñez, fue miembro del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore.