Los Obstáculos del Egresado

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Sucesos de Resplandor es una composición independiente de Rocío Brangeri. Foto: Ciro Zanella

Jóvenes egresados del Taller del Teatro San Martin, futuros licenciados en artes escénicas de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), coreógrafos de la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y artistas de la escena independiente, enfrentan diferentes adversidades al iniciar su carrera profesional

 

Balletin Dance entrevistó a un grupo de estudiantes de estas instituciones estatales y formaciones privadas, que plantearon como problemas para el desarrollo profesional, la falta de herramientas de producción, acceso a subsidios, falta de espacios oficiales o institucionales destinados a la muestra de trabajos abiertos al público.

En todas las conversaciones se priorizó como inconveniente la falta de herramientas de producción y gestión, para abordar el campo de creación escénica, que exige conocer sobre el armado de proyectos para poder postularse y acceder a diferentes fondos y subsidios, y espacios culturales. Sin embargo, las instituciones educativas generalmente descuidan esta área. Estudiantes de la UNA, afirmaron que a pesar de tener una cátedra dentro de la universidad, para la producción escénica, a veces no alcanza.

Otros alumnos confesaron que “los espacios de formación se ocupan sólo de lo artístico. Se descuida mucho el área de producción”. Federico Lotitto y Daniela Pérez Ibarra, egresados del Taller del Teatro San Martin, tienen clara esta problemática y saben que si desean adquirir conocimientos en producción deben consultar en otras fuentes que les permitan tener un mayor desenvolvimiento como gestores culturales.

El lado positivo de esto, es que muchos estudiantes recurren a proyectos independientes paralelos a academias. Anabella Santillo, estudiante de la UNA, señaló que “cada uno va construyendo su lugar, vamos armando nuestra carrera. Es en la práctica donde logramos asentar o adquirir más conocimientos. Porque a pesar de haber cursado una materia, el hacer logra pulir el aprendizaje. Encerrarse con la institución no es bueno para la profesión, porque si bien estos espacios son importantes y abren un campo, hay que salir y ver como es la realidad de la afuera”.

Los subsidios, o sirven para impulsar proyectos nuevos, emergentes. Como La Bienal de Arte Joven o lineamientos como Opera prima de Prodanza. Pero obviamente mientras mayores antecedentes se tenga, mayores posibilidades de acceder a ellos. Rocío Brangeri, estudiante de la UNA comentó: “A los artistas jóvenes nos cuesta acceder a de creación y circulación, o a de formación de espacios oficiales porque competimos en una misma categoría con colegas que tienen trayectorias de más años y relevancia; que tienen cargos docentes en universidades donde nosotros estudiamos, que dirigen o son jurados de festivales. Creo que habría que ser más democráticos con el presupuesto y dar líneas de y promoción de algún modo que sea más preciso, que ofrezca oportunidades equitativas a la totalidad de los aspirantes”.

Existen deseos de bailar y mostrar composiciones. Y la mayoría de las instituciones realiza muestras con sus estudiantes continuamente, con la participación activa de sus alumnos. El FAUNA de la UNA, no logra dar abasto con la cantidad de producciones de sus estudiantes.

En estos tiempos de transición, con carreras de más consolidadas y un proyecto de Ley de Danza nuevamente en marcha, posiblemente sea necesario tener en cuenta estas necesidades para seguir sosteniendo espacios, instituciones y proyectos. Quizás democratizar más la danza.

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Egreso en como periodista en el año 2013 de la Universidad Católica de Santiago del Estero. Trabajo en la revista empresarial Panorama jujeño del año 2012 al 2014. Colaboró en revistas culturales como Circo Cromático, Danza Europa y Américas y Giro Cartelera. Desde 2014 escribe en la revista Balletin Dance. En 2015 colabora como asistente de prensa para el grupo Una Constante. Recibe su formación como bailarín de estudios como Nuevo estudio Danza y FACE.