Gorostiza o Pérez, cabeza asomando tras el sillón Foto . Estrella Herrera

Comentario

Doppelgänger

Por Román Ghilotti

 

La reduplicación de alguien, ese doble espectral que va junto a una persona (Doppelgänger en alemán), es un tópico temático de lo siniestro que aparece numerosas veces en el arte. Paraje das Unheimlich, coreografía e interpretación de y , se presenta los jueves en el

 

El título de la obra mezcla español (paraje) y alemán (das Unheimlich, que puede traducirse como lo inquietante, misterioso y hasta siniestro). El dispositivo escénico presenta un sillón curvo, de madera, grande y detrás una ancha columna de madera que fuga en la vertical.

Las intérpretes visten igual, llevan el pelo igual, son notablemente iguales.

Escondiéndose o desocultándose, ya sea merced a la columna, el sillón o la iluminación, alternativamente surge una u otra, continuando movimientos que desaparecen en los ocultamientos, sin que se pueda distinguir, al comienzo, si son dos, una, o cuál asoma. Un continuo de quien emerge, un continuo del sí mismo del personaje. Y llega el momento en que están las dos, simétricas, asimétricas.

Lo especular de ambas es lo que da centro al trabajo: movimientos simples, caminatas, gestos, variaciones formales y de esfuerzos, breves secuencias. La renovación es constante, más de matices que de contrastes decididos, y pocas veces rompen la mutua reflexión y establecen alguna corta interacción o intercambio. Este oleaje de movimientos repetidos lado a lado finalmente se desagarra en sucesiones en que se enfrentan, todavía con acciones a espejo.

Lo siniestro del trabajo quedó manifiesto en función por la sutil y notable interpretación de las bailarinas: recorridos de diversos temples anímicos, sesgos de humor muy acotado, ajustes de rítmicas, gestualidades a veces hieráticas y otras densas de sentidos emocionales mostraron a las creadoras como expertas en su asunto. Esta doble figuración, no exenta también de violencia como de delicadeza, aportaba a la temática del doble su potencia aciaga.

Entre el virtuosismo del detalle y la exactitud y el juego sobre la metáfora de la duplicidad, más o menos ominosa para cada quien, mostraron en Paraje das Unheimlich una versión sólida y pesadillesca del Doppelgänger.