En otra dimensión, pero también autogestivo, se encuentra Franciscus, Una Razón para Vivir, una mega producción de en el Teatro Broadway. La puesta no escatima en recursos, con una excelente banda en vivo ubicada a los laterales del escenario, semi escondida por la escenografía, cada cuadro alterna danza, acrobacia, canto, actuación y proyecciones con cambios de escenografía y vestuario constantes.

La obra remite a las vivencias de Francisco de Asís, que no pretende ser fidedigna, sino más bien generar en el público el interés por conocerlo en profundidad,  como “una de las personalidades más influyentes y atractivas de la cultura occidental”, según dice Alejandro Roemmers, autor del guión. Si bien la propuesta alterna dos historias paralelas (una en el Buenos Aires de hoy, y la otra a comienzos del siglo XII en Italia), no son más que una excusa para ofrecer un espectáculo de incesantes estímulos para el espectador (incluso para aquellos ubicados en las mesitas de las primeras filas, que pueden disfrutar de acrobacias aéreas sobre sus propias cabezas) con un intenso mensaje cristiano.