Grito Interior, homenaje a las madres luchadoras de la dictadura y a los desaparecidos, se presentó el mes pasado en el Centro Cultural Adán Buenosayres

 

La voz de Jorge Rafael Videla reson√≥ en el Centro Cultural Ad√°n Buenosayres. A 40 a√Īos de la dictadura militar y, por ende, de su asunci√≥n como presidente, la obra Grito Interior rememor√≥ esa tr√°gica √©poca. Vali√©ndose de audios hist√≥ricos que intervinieron durante el espect√°culo y a trav√©s del baile, la homenaje√≥ a una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor. Esta presentaci√≥n fue el 11 de diciembre, un d√≠a despu√©s de que se cumplieran 39 a√Īos de su secuestro, y luego de la celebraci√≥n del D√≠a de los Derechos Humanos.

‚ÄúSoy un apasionado de la historia y trato de llevar la realidad a la escena‚ÄĚ, coment√≥ el director del elenco, , a Balletin Dance. En ese sentido, explic√≥ su af√°n por mostrar los hechos como sucedieron, aunque resulten chocantes para el espectador. ‚ÄúLa historia fue as√≠, no miremos al costado‚ÄĚ, declar√≥ el creador que adem√°s trabaj√≥ como core√≥grafo con Amir Thaleb y en el Carnaval Del Pa√≠s de Gualeguaych√ļ.

Los gritos desgarradores y los cuadros que mostraron los secuestros, la tortura y la muerte de los jóvenes fueron impactantes y conmovedores. Si bien la pieza no contó con escenografía, los bailarines con su cuerpo construyeron los diversos espacios de 1976, como los centros de detención o la Plaza de Mayo (armaron una ronda que representaba las históricas caminatas de las madres alrededor de la Pirámide de Mayo).

Al principio, parec√≠a tratarse de una funci√≥n de danza contempor√°nea pura, pero tambi√©n hubo cuadros de folklore que incluyeron zapateo con los pies descalzos. ‚ÄúSomos una compa√Ī√≠a de danza contempor√°nea pero casi todos venimos del folklore‚ÄĚ, revel√≥ Rodr√≠guez, quien dio sus primeros pasos en el baile de la mano del malambo en su provincia natal, C√≥rdoba, e integr√≥ el grupo Che Malambo.

La obra cont√≥ con una gran diversidad musical, con canciones de la pel√≠cula Am√©lie, y en lo que respecta a las canciones, la m√ļsica folkl√≥rica estuvo presente. Parad√≥jicamente, son√≥ la tradicional Zamba de mi Esperanza, prohibida durante el autodenominado Proceso de Reorganizaci√≥n Nacional.

Los j√≥venes int√©rpretes, que no vivieron esos oscuros a√Īos, se involucraron plenamente con lo acontecido. En esa l√≠nea, Rodr√≠guez confes√≥: ‚ÄúNuestro lema antes de salir [a escena] es ser ellos, contar su historia‚ÄĚ. ¬†Por su parte, la bailarina que encarn√≥ a Azucena Villaflor, Gabriela Marin, detall√≥: ‚ÄúCuando surgi√≥ la obra, ‚ÄėGringo‚Äô [Rub√©n Rodr√≠guez] nos hizo ver much√≠simos documentales‚ÄĚ. Adem√°s, dijo que esta creaci√≥n fue un proceso ‚Äúemocionante y duro‚ÄĚ, con ensayos en los que los integrantes del grupo llegaban a llorar. Durante ese trayecto trabajaron la interpretaci√≥n y tambi√©n la parte actoral.

Gabriela Marin fue una de las pocas bailarinas que utilizó el lenguaje verbal, aunque lo hizo pocas veces. Es que el relato estuvo encarado principalmente desde la danza. Los diez bailarines se hicieron cargo de la historia y gritaron desde su interior para mantener viva la memoria.

Artículo anteriorNuevos cierres
Artículo siguienteLuisa Pericet, reconocida
Jessica Zilberman
Me form√© en danza desde muy peque√Īa. A lo largo de mi vida, tom√© clases de jazz, hip hop, contempor√°neo y √°rabe, entre otros estilos. Soy periodista, egresada de TEA. Adem√°s soy estudiante de Ciencias de la Comunicaci√≥n, de la Universidad de Buenos Aires. Cuento con experiencia como redactora en medios digitales y tambi√©n como columnista en radio.