María Fux

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Hacer y Dar, Dos Pilares de Vida

El 2 de enero cumple 96 años y Balletin Dance se encontró con ella para hablar de su vida, de la vida en general, de la danza y del método Danzaterapia que creó, hoy propagado en todo el mundo. Era una acogedora tarde de noviembre y su encantadora casa del barrio de Congreso, plagada de plantas y flores, enmarcó a una excelente anfitriona, maestra nata para su conversación, intrigante y cuestionadora, pues las preguntas fueron de ida y vuelta. Fue una atractiva charla, que se sintetiza a continuación

 

Poco antes de esta entrevista, María Fux recibía la Mención de Honor Senador Domingo Faustino Sarmiento que otorga el Honorable Senado de la Nación, en un acto celebrado el 31 de octubre en el Salón Azul del Palacio Legislativo. Este reconocimiento que se suma a los tantos recibidos con anterioridad, se trata de la mayor distinción que nuestro país otorga a ciudadanos argentinos por su quehacer y por su obra emprendedora destinada a mejorar la calidad de vida de sus semejantes.

Días después, recibía a Balletin Dance en su casa-estudio, un inmenso departamento sobre la Av. Callao que no detiene su actividad más que los días domingos. Ella prefiere vivir en su país. Su estudio siempre tiene las puertas abiertas para recibir a todos los que estén en la búsqueda de su propia identidad. Su casa en cambio, solamente se abre a los invitados. Pero María, como la llama el mundo (sin apellido), es muy sociable y las visitas son muy bien recibidas.

La maestra estudió ballet, fue becada en la escuela de Martha Graham a quien le mostró sus obras, se fascinó a temprana edad con la biografía de Isadora Duncan, bailó en casi un centenar de países, e impartió clases a miles y miles de alumnos. Pero ella prefiere hablar del presente y del futuro. El pasado, “lo que hice, ya está hecho, hablemos de lo que puedo hacer“. Lo importante es seguir haciendo, sembrando, enfatiza a lo largo de la tarde. ¿Qué siente al pensar en tantos miles de personas que tomaron sus clases y que encontraron en la danza una nueva manera de ser? “Que tengo mucho para hacer, que puedo hacer algo por otro”.

Su voz es fresca y jovial, nítida y pausada, propia de una maestra. “Me interesó y me interesa conocer a la gente. La gente que danza, que es artista o la gente que trabaja en un jardín. Me interesa todo. En eso estoy. Siempre aprendiendo”.

¿En qué se baso su método y su forma de bailar?

“En la vida. Los cambios de la vida, los cambios que hay dentro de uno”. Y novelando el tono de su voz, continuó: “La vida es un gran cuento. Me gusta estar en el cuento. Me gusta conocerla y me gusta aprender de la vida”.

 

Precursora

María Fux fue pionera en cantidad de experiencias, “fui una de las primeras en bailar sin música, y en bailar los dibujos y las formas de los otros artistas. Porque uno se influye de todo y yo estoy abierta a la influencia”. Fue también de las primeras en bailar descalza, en la calle, un hospicio, una terraza o en el medio de un monte. Sus danzas en el Jardín Botánico la convirtieron en la sacerdotisa de la danza. “Yo actué desde el Teatro Colón, hasta en las plazas”, recuerda. Asimismo bailó textos y poemas: “sí, sí. Bailo todo lo que puedo en relación a que vivo”.

¿Cuánto coraje se requiere para haber realizado esos viajes en aquella época?

¿Coraje? ¿Dónde se consigue eso?

¿Cuánto riesgo tiene que tener un artista?

Si quiere vivir, tiene que vivir. Eso es todo. Se viven los buenos momentos y los malos.

¿Tuvo miedo?

¿Miedo? Siempre. Yo he vivido de todo y de todo he aprendido algo.

¿Su alma es revolucionaria?

Hago lo que puedo, lo que se, lo que aprendo. Me gusta dar, me gusta que la gente lo reciba.

 

Hacer

Para María Fux “lo importante es hacer: ¿Para qué vivís?. Si sabés para qué vivís: hacé”. Eso que un artista sabe desde siempre, o ¿a veces duda?: “Aprendo”.

“La vida es una enseñanza. A mí las cosas me hablan, me dicen si están contentas o no en esta casa. Hay que descubrir qué es lo que uno quiere con la vida. ¿Querés comer un chocolate?: compralo. ¿Tenés plata para comprar? ¿no tenés? Trabajá para tenerlo. Es simple”. María Fux asegura que trabaja y ha trabajado toda su vida “haciendo lo que realmente me gusta, que es dar. En eso estoy. Creando todo lo que pueda. Todo lo que aprendo. Pienso cómo dar lo que tengo dentro, para que otros dancen”.

 

El danzaterapeuta

“Yo soy una persona, soy una artista, no soy médica. A través del arte, de la vida, aprendo a cómo dar. La danza es el conocimiento de sí mismo a través del movimiento. Lo que yo hago: abro la ventana o la puerta, para que cada uno se introduzca en esa vida. La danza es vida”.

La maestra también fue una adelantada a la hora de encarar clases de integración con personas con diferentes discapacidades, físicas y mentales. No fue cuestión de dar clase de danza a “personas que tienen más límites que uno” sino de integrarlos. “Me gusta mucho ir al encuentro de los grupos para desarrollar en ellos la posibilidad de crear. Que averigüen qué quieren”.

¿Cuáles son las cosas fundamentales que debe tener un danzaterapeuta para poder hacer esta tarea?

Creer que se puede vivir con el movimiento. Averiguar qué quiere hacer. Eso es todo.

¿El danzaterapueta es un maestro?

El danzaterapeuta es una persona, que danza con su vida, y quiere dar.

¿Qué necesita saber?

Nada.

¿Qué necesita buscar?

Todo.

Con alumnos sordos

“Yo he bailado el silencio. Ellos bailan en el silencio. Yo dejo la puerta abierta para que se expresen con su cuerpo, con lo que tienen: sus ritmos internos. No es hacer un sándwich de miga con dulce de leche. Pero el ritmo lo tienen ellos, y el deseo de expresarse es de ellos”.

Con alumnos ciegos

“Los ciegos tienen su propio ritmo, yo los escucho. Ellos no necesitan verme. Tienen que sentir lo que hacen. Además me pueden escuchar”.

Con otros alumnos

Ante las preguntas detalladas sobre los diferentes modos de impartir clases a sus alumnos Fux sintetizó: “Sordos, son sordos. Los ciegos, son ciegos. La gente que dice que no puede, también existe. Yo amo a la gente que viene acá, y amo a la gente que no conozco que está fuera. No pienso en nada más que en dar”. Hay mucho para hacer, asegura María Fux, la gente tiene que saber “que puede”.

 

El bailarín

¿Un consejo para un bailarín joven?

Que piense qué quiere hacer con su vida. Eso es todo.

¿Dónde bailar?

Uno danza la vida. Danza sobre el escenario, cuando tiene ganas de danzar sobre el escenario, pero en tu cuarto también podes danzar. En el patio, en el jardín, en donde quieras.

¿Es la misma danza?

No es la misma danza. Las danzas son diferentes. Depende del momento, depende de la vida.

¿Se danza para uno o para el público?

Danza para conocerse. Al conocer su propia vida, danza para los otros.

¿Qué público le gustó más?

El que no conozco.

¿Qué le quitó la danza en la vida?

¡Me dio vida! No me quita nada. He tenido mucha suerte de tener los padres que he tenido. Especialmente mi madre.

 

Comunicación

¿Para usted es más fácil comunicarse con el cuerpo?

¿Con qué me voy a comunicar?

Con la palabra

Me puedo comunicar con todo lo que tengo. La palabra es cuerpo.

La maestra ha escrito diez libros (que se han traducido al italiano, portugués y ruso), escuelas que llevan su nombre en Europa y América imparten el método que ella creó, que incluso es hoy carrera universitaria de grado y posgrado. “Hay gente que crea otras cosas. Yo sí, creo este mundo en que vivo, como creo mi casa”. En una entrevista anterior María Fux explicaba a esta cronista, algunos lineamientos del método [ver Balletin Dance Nº 74, junio de 2000]. Lógicamente su sistematización “está involucrada con la vida. Hay primeras partes, segundas, terceras y ninguna”.

 

Maestros

¿Un consejo para maestros?

Averiguar qué querés hacer de tu vida. ¿Sos feliz con eso? Bueno. Eso es todo.

 

El remate

¿Cuál es el secreto de la vida?

El secreto de la vida es hacer. Equivocarte. Yo hago con lo que tengo ¿Sabés qué es? mi cuerpo. No tengo otra cosa.

¿Y cómo uno va sabiendo si va por buen camino?

El tiempo me lo va diciendo.

¿Hay una convicción interior?

Es la búsqueda. Es la búsqueda de saber quién soy. Para qué vivo. A través del movimiento me voy reconociendo. Eso no quiere decir que sea buena o mala. Soy.

¿Todavía lo está buscando?

¡Pero si!


En el Senado

La distinción otorgada en el Palacio Legislativo, fue iniciativa de la senadora nacional Marta Varela, y el acto contó con la presencia de Marilú Marini, una de las miles de discípulas de María Fux, quien aseguró que la maestra, “no nos ha dado solamente sus elementos técnicos y su lenguaje, sino que nos empujaba y nos exhortaba a que nosotros teníamos que explorar, investigar y equivocarnos, para así poder encontrarnos”. Esta enseñanza, acompañó a la fascinante actriz toda la vida, según aseguró esa mañana. “…quienes la hemos visto y quienes hemos hecho sus clases, sabemos que en todo lo que María nos daba, había luz, claridad y precisión. La precisión justamente en esta posibilidad de ser valientes y enfrentarnos a lo desconocido. Lo desconocido significa investigar para poder llegar a nosotros mismos”.

Por otra parte, se leyó un mensaje de Lino Patalano: “En una época en que los valores que representan la integridad, la solidaridad y el amor por el arte parecen tergiversados María Fux se erige como un faro único cuya luz nos guía permanentemente hacía un mundo mejor. María Fux es una hija enorme de la historia argentina”.

Bailó el silencio Mónica Mac Ardle, una alumna sorda de nacimiento formada por María Fux, a quien “quiere muchísimo”, en un impactante y emocionante diálogo maestra-discípula. “A través del silencio descubre su mundo interior, y danza”. Así ella se comunica.