Un Oasis de Poesía

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Stekelman: Y cuando el príncipe besa a Bella, todos bailan en un final lleno de alegría. Foto: Alicia Sanguinetti

El Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, terminó su temporada 2017 con el estreno de Cuentos de Oriente y Occidente, que ha tenido como coreógrafas a Ana María Stekelman y a Teresa Duggan

Ana María Stekelman creó una obra coreográfica basada en el cuento de La Bella Durmiente, que si bien se atiene a un relato lineal, presenta aciertos que la revalorizan. El bello dúo del comienzo interpretado por Paula Ferraris en el rol de la madre y Rubén Rodríguez en el de padre, dió lugar a la concepción de La Bella Sueña. El nacimiento fue otra sagacidad, al ingresar la madre con un amplio vestido rojo, llevando escondida a la niña, que “sale a la luz” a partir de movimientos y contracciones, terminando en brazos del padre.

¡Y aparecen las princesas! con el Hada Lila encabezando el cortejo, Sol Rourich, dió pruebas una vez más de su calidad interpretativa y técnica, pero Agostina Scarafia, Andrea Pollini, Silvina Pérez, Fiorella Federico y Costanza Agüero, en sus roles de hadas, también pusieron en evidencia su entrega y dominio técnico. Carolina Capriati y Benjamín Parada le dieron toda la fuerza que requiere el personaje del Hada Carabosse, al maldecir a la niña por no haber sido invitada a la fiesta.

La Bella crece, y Eva Prediger entregó su técnica e interpretación al servicio del personaje. Al cumplirse la maldición, el palacio se llena de vegetación, Rodrigo Etelechea, Michael Requena, Boris Pereyra, Darío Calabi, Matías De Cruz , Leandro Bustos y Damián Sabán, dieron vida a los árboles que impedían la entrada de Matías Iaconianni, como el príncipe que despierta a la Bella y todos bailan en un final lleno de alegría.

Esta obra no alcanzaría toda la belleza sin la banda sonora, realizada por Gaby Goldman, el vestuario de Jorge Ferrari y la iluminación de David Seldes.

Después de un intervalo que no fue tan breve, ya que la mano adiestrada del licenciado Guillermo Paterno, kinesiólogo de la compañía, solucionó un pequeño percance ocurrido a una de las bailarinas, llegó el turno de Teresa Duggan. Con El Espejo de Matsuyama, incursionó en un cuento japonés, sobresaliendo una muy atractiva puesta para crear el clima adecuado para el relato: un padre, al regresar de un largo viaje, le regala a su mujer un espejo y cuando ella se mira allí, ve a una hermosa joven pero no se reconoce. Con el pasar del tiempo la madre enferma y le pide a la hija que cuando ya no esté, se mire en ese espejo todos los días. Ella cumple esa promesa, pero le explica a su padre que al mirarse ve a su madre, éste emocionado no quiere revelarle que realmente lo que ve, es su propio reflejo.

La obra no da lugar a grandes destrezas técnicas, sino que los bailarines deben sumergirse en una interioridad, con movimientos que son propios de una cultura que nos es ajena, pero que lograron excelentemente.

Pasaje familiar, El séptimo samurái, Ceremonia de vuelo, Lágrimas sobre blanco, Tejedoras de primavera, El presente, Onna bugeisha, Giros alrededor del sol, El secreto del espejo, Despliegue del destino, El umbral y Bon Odori (esta última es una danza tradicional que da la bienvenida a las almas de los ancestros), son las escenas que en su suceder van hilvanando el relato, completado con músicos integrantes de Mukaito Taiko. La escenografía es de Gonzalo Córdoba, la iluminación de Davis Seldes y el vestuario de Nam Tanoshii.

El trabajo de Andrea Chinetti y de Miguel Ángel Elías debe ser resaltado por la impronta que sigue manteniendo este grupo que nos enorgullece y representa, en el mundo de la danza.

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Alicia Muñoz
Alicia Muñoz, Profesora Universitaria en Danza, dirige desde 1997 la colección Balletin Dance Didáctico “Compartiendo Ideas” de la editorial Balletin Dance. Publicó los libros “Cuerpos Amaestrados vs. Cuerpos Inteligentes”, “Caos o Planificación” y “La evaluación en la Danza, Mucho más que poner una nota” también publicó artículos pedagógicos y criticas de danza en diarios de Argentina, Brasil y Venezuela. La utilización de los centros de energía, como generadores del movimiento lo viene desarrollando desde la Escuela de Danza Jorge Donn y en las jornadas de actualización pedagógica presenciales o por e-learning, que dicta actualmente. Por su trayectoria artística y pedagógica ha recibido numerosas distinciones de entidades oficiales de Brasil y de Argentina.