Gustavo Wons. Treinta Años de Jazz

0
187
“Es un momento único y lo estoy disfrutando al máximo”, dice Gustavo Wons. Aquí en sesión fotográfica en el Teatro Maipo. Foto: Carlos Villamayor

El coreógrafo, bailarín y director vive, quizás, uno de los mejores momentos de su carrera. Mientras despide la exitosa puesta de Sugar, sube a escena cada noche en Chorus Line y prepara una particular versión de Cabaret para estrenar el próximo mes. “Me cargo cada espectáculo en la espalda, no es sólo trabajo para mí”, confía

 

“He vivido momentos hermosos en mi carrera pero éste es particular porque se dio todo junto”, reconoce Gustavo Wons y su mirada se ilumina. Teatro Maipo, tarde de calor y “ensayo de limpieza” con el elenco de Chorus Line, la obra que lo ha devuelto al escenario, ese territorio mágico y sagrado que supo habitar como actor y bailarín en espectáculos como Chicago, Divine y El Gran Final, en la Argentina, y en El Violinista en el Tejado, Cats y West Side Story, en Broadway (Estados Unidos). Los más grandes logros en nuestro medio los obtuvo, no obstante, como coreógrafo y director de casi una veintena de puestas entre las que se incluyen Sweet Charity, Eva, Caravan y Víctor Victoria.

Cumplir treinta años con la danza no es cosa de todos los días. Y ‘el rey del theater jazz’ los celebra trabajando a destajo: despide en Mar del Plata uno de los proyectos que más satisfacciones le ha dado, Sugar, por el que lo reconocieron con el ACE, el Hugo y la Estrella de Mar. Sale a escena cada noche en Chorus Line, aplaudida versión de la obra que inspiró a tantos artistas del teatro musical, bajo la mirada de Ricky Pashkus. Y trabaja además en la coreografía de Cabaret, que debuta el mes próximo en el renovado Teatro Liceo.

“Es un momento único y lo estoy disfrutando al máximo”, se entusiasma Wons. “A Sugar estoy vinculado desde hace dos años. Nunca pensé participar de un proyecto tan bello y gratificante”.

Y casi sin interrupción aparece Chorus Line en su vida…

Sí, una obra con un gran valor sentimental para mí porque fue la que me hizo querer dedicarme a esto. En el ’85 vi la película, por entonces no hacía ninguna actividad relacionada con la danza, pero descubrí eso y enloquecí. La vi once veces en el cine Metro de la 9 de Julio. Cero antecedentes artísticos en mi familia, pero dije ‘yo quiero hacer eso’.

¿Cómo reaccionar sus padres?

Yyyy….Familia de profesionales, papá médico, mamá maestra, mi hermana estudiaba psicología. Yo intenté diseño gráfico, pero al año abandoné para dedicarme a esto. Estaba en mis genes. Empecé tarde para lo que es el común de los bailarines, tenía 18. Por eso Chorus Line tiene un valor especial para mí. Y fui yo quien le pidió a Ricky (Pashkus) coreografiarla.

No sólo eso sino que interpreta un rol en escena.

Mientras hacíamos las audiciones hablábamos con Ricky del personaje del coreógrafo. Buscábamos alguien que impartiera autoridad, que mostrara un peso mayor al del resto del elenco sobre el escenario. Y ahí Ricky me propone hacerlo. ¡Me encantó! ¡Es la obra que amo! Coreografiarla y además actuarla es algo maravilloso. Y los chicos me ven a mí mismo, lo que le da cierta autenticidad a la historia.

Sugar, Chorus Line, Cabaret ¿Qué tipo de bailarín requiere cada obra?

Me gusta un tipo de bailarín que combine técnica con estilo. Que me trasmita algo más allá de los pasos, que me cuente una historia. No necesariamente el que levanta más alto la pierna. Soy bastante fiel a mi gente y trabajo con ellos porque me rinden mucho. No obstante, en Chorus Line teníamos necesidades muy específicas. Cada personaje requiere una edad, un look, un registro vocal. Vimos cuatrocientas personas en la audición y la elección fue difícil.

Asumió el desafío de crear una nueva versión coreográfica. Nada fácil para una obra tan conocida y venerada.

A mí la coreografía de los ’70 me parecía muy antigua. Sentí que necesitaba una actualización. Fue un gran riesgo por tratarse de algo tan visto y ya establecido. Pero estoy feliz con el resultado, la gente me ha hecho muy buenos comentarios.

¿Qué cree que encuentran en usted los que lo eligen?

Soy muy laburador, me cargo el espectáculo en mis espaldas. Y al haber vivido afuera y coreografiado en Broadway, vengo con un bagaje diferente. No obstante, creo que me eligen por la disciplina, la seriedad y la pasión que le pongo a cada proyecto. No es sólo un trabajo, lo pongo todo.

Aquí y Allá

Wons vivió casi quince años en Estados Unidos. Desde hace un tiempo, a raíz de una sucesión de proyectos en la Argentina, se desconectó “un poco de aquel circuito, pero ahora estoy volviendo”. Ya el año pasado dirigió Evita y La Jaula de las Locas para una compañía regional que gira por el país. “Me nutre trabajar allá, en Estados Unidos aprendí muchísimo”, admite.

Y el mes próximo, Cabaret.

Sí, con el mismo equipo creativo de Sugar. Creo que [Gustavo] Yankelevich, además de crear producciones increíbles, arma grandes grupos humanos. Salvo el director, que esta vez es Claudio Tolcachir, estamos los demás: [Alberto] Negrín en escenografía, Renata [Schussheim] con el vestuario, Gerardo Gardelín en la dirección musical. Esta puesta va a impresionar porque es completamente distinta a todas las anteriores. Al ser un elenco más chico es algo distinto también para mí.

Lo único que le falta es que vuelva Susana Giménez a la televisión y ¡bingo!

Y va a pasar…(risas) Pero más adelante. Espero estar más liberado para entonces porque me encanta coreografiar en su programa.

¿Se siente respetado por el ambiente de la danza, por sus colegas?

Sí, sin duda. Por mis colegas y por los alumnos, porque no he abandonado la actividad docente. La gente tiene tantas ganas de aprender… Siento el respeto que quizás uno imaginaría para una persona más grande. Se quieren sacar fotos conmigo, ¿por qué? Evidentemente ocupo un lugar del que no soy consciente. ¡Son treinta años con la danza!

Artistas como Susana, Nacha Guevara y Florencia Peña lo adoran.

Tuve la suerte de trabajar con gente con la cual aprendí. Nacha fue la que me dio mi primer trabajo como coreógrafo, 60 Años no es Nada. Me vino a ver en Chicago en 2001, tomó clases conmigo, me estudió, después me propuso el trabajo y nos fuimos a España. Creo que es mi especialidad manejar a estas grandes figuras, sé por dónde llevarlas. Y ellas se sienten contenidas por mí.

Y en la danza, ¿quiénes fueron sus maestros?

En primer lugar, Alberto Agüero. Después del deslumbramiento que tuve con A Chorus Line vi El Circo de Alberto Agüero y me encantó. Enseguida empecé a tomar clases de tap con él. Después pasé por el Taller de Danza Contemporánea del San Martín, y cuando quise empezar con el clásico tuve la suerte de conocer a Sonia Von Potobsky, que es la maestra que me dio todo. Mucho de lo que hago sobre el escenario tiene que ver con ellos.

Cada tanto renace el rumor de que vuelve El Gran Final.

Fue mi primer hijo, me costó mucho hacerlo. Había muerto mi mamá y quise transitar ese duelo desde la creatividad. Si bien la obra es un homenaje a Fosse fue también un homenaje a mis viejos: papá ya no estaba, murió mamá y sentí que me quedaba solo en el mundo (la mirada se le empaña). En todo lo que uno hace hay algo autobiográfico. Fueron cuatro temporadas acá y una en Chile, no lo quiero forzar. Es un producto redondo que está guardado y espera la ocasión de volver a salir, quién te dice, dentro de diez años.

Artículo anteriorNahuel Vega. Vocación y Voluntad
Artículo siguienteQEPD. Gustavo Mollajoli
Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Integra desde hace dos décadas la redacción del Diario La Prensa y colabora en las revistas Fortuna, Buenos Anuncios, y en el Diario Perfil. Asesora a diversas empresas y proyectos artísticos en materia de comunicación. Escribió en las revistas Ohlanda, Buzz y Off. Ligado a la danza desde su niñez, fue miembro del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore.