Intrahistoria del Sombrero, Locura y Escudero

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Rafael Estévez y Nani Paños, en la plaza de Santa Ana. Foto: Gabriel Vaudagna Arango

El sol calienta las calles de Madrid por la mañana de un sábado. La cita es en el café del Hotel Reina Victoria en Plaza de Santa Ana. En frente, el teatro Español de Madrid en reformas. Una mesa redonda y tres cafés cortados

 

Rafael Estévez y Valeriano Paños, Nani, bailarines, bailaores e investigadores terminan de dictar unos cursillos en Amor de Dios. Hablan con Balletin Dance de su creación: una historia del montaje de El Sombrero de Tres Picos, a cien años de su creación, que se estrenará en España en noviembre y ya tiene giras concertadas en el extranjero.

Hablamos de todo: de política, de Falla, de Massine, de Félix Fernández y de Vicente Escudero, de la coreografía y puesta en escena de los Ballets Rusos[1] que supuso un antes y un después para la danza en España.

Estévez y Nani, se declaran Escuderistas, por la impronta vanguardista de Vicente Escudero, el bailaor vallisoletano, que marcó la danza española y el flamenco a mediados del siglo pasado.

Después de haber ocupado la dirección del Ballet Flamenco de Andalucía, mis interlocutores están trabajando esta nueva Fantasía inspirada en el proceso de creación de la obra.

Rafael Estevez. “Siempre trabajamos desde la fantasía que nos permita ir más a allá de lo que está escrito. Esta será una fantasía sobre el proceso de creación de aquella obra y del suceso del encuentro de los mundos del baile flamenco, la técnica clásica y la vanguardia. Es la unión de genios rusos que llegan a España y se enlazan aquí con otros genios: Félix Fernández García, Pastora Imperio, Juana la Macarrona, Antonio Ramírez, Laura de San Telmo, La Niña de los Peines, luego Manuel de Falla, Picasso. Es el germen de lo que hacemos hoy”.

Valeriano Paños. “Ese momento donde se crea la danza estilizada, de la danza española. Basados en los ballets rusos de Diaghilev”.

RE. “Trabajamos sobre el proceso de creación y todas sus consecuencias. Incluso las que trajo para Félix Fernández ser internado en un hospital psiquiátrico. Algo que no fue justo”.

 

Utilizan las redes sociales para difundir su proceso creativo con videos. Allí plantean una pregunta con relación a Vicente Escudero y Félix Fernández García. Sostienen que ellos se inspiraron en el sonido que producían las máquinas de las imprentas para bailar. A Félix, quien participó del montaje de la obra e interpretaría la farruca[2], lo encierran por loco en Inglaterra donde finalmente muere. Vicente Escudero cuenta en su libro Mi Baile que vio bailar la obra y que toda la coreografía en realidad la montó Massine, ignorando por completo que exista Félix. ¿Cuánto hay de credibilidad en esos sucesos?

RE. Yo mismo cuando era adolescente bailaba con el sonido de la impresora de la oficina de mi padre sin saber de Escudero o de Félix. Siguiendo los testimonios sobre el baile de Félix es verdad que tiene saltos y deslizadas por el suelo. En los films de Juan Ramírez (que filmó Massine), hace saltos y deslizadas. La Macarrona (se cree es ella la que baila en una filmación que apareció recientemente) tiene un flamenco más identificado con el de hoy, pero cuando baila hace saltos como la tijera, o formas más estilizadas o asociadas a lo bolero. Creo que Escudero tenía una visión del baile diferente o quizás eso no lo podía hacer y por eso lo desechaba. No sabemos cuál era su intensión.

VP. Conste que somos Escuderistas…

RE. En las cartas que Escudero le escribía a Manuel de Falla decía que a Massine le faltaba carácter español. De todas formas el trabajo que creó el coreógrafo francés es una obra maravillosa. Pero porque tenía al lado un grupo de flamencos muy buenos.

 

En sus anticipos se observa una marcada tendencia hacia la figura de Félix Fernández, apodado ‘El Loco’ ¿Cuánto hay de locura en vuestra obra?

RE. Estamos trabajando la locura desde la percepción que puede tener alguien ajeno, que ve bailar a un bailarín de forma compulsiva sin parar.

“Somos un poco enfermos los bailarines de por sí de bailar sin parar”, apunta Paños, y los tres asentimos con la cabeza. Los bailarines siempre están bailando.

RE. La coincidencia entre locuras como la de Nijinsky y la supuesta de Félix Fernández nos interesa. Nosotros creemos que no estaba loco, sino que se lo quitaron de en medio. Y luego, la locura de Ramírez. Vamos a trabajar al personaje de Félix como alguien frágil de esa época.

VP. Nuestro planteo es darle un carácter más humano antes que mostrar una insanía. Mostrar las debilidades que tiene una persona ajena al mundo que enfrentó. Él no pertenecía a ese ámbito: Diaghilev siempre estaba rodeado de la nobleza, de la élite social. Félix pudo enfrentarse a todo esto. Luego se sintió utilizado porque no pudo bailar.

 

Después de montar los bailes flamencos para la compañía de Diaghilev a Félix no le permitieron estrenarlo y lo encerraron por loco ¿Creen ustedes que existía una competencia entre Massine y Fernández?

Estévez cambia el gesto. “No. Creo más en una manipulación de Diaghilev. El empresario quería lanzar al estrellato a Massine porque era su bailarín y su coreógrafo… Hay versiones que señalan que Falla no terminó la música. Que fue Ravel. Hay cosas que no sabemos a ciencia cierta. Hubo un cambio de bailarinas. Llega Karsavina a ocupar el rol principal. No sabemos si Félix no hizo lo que quería Diaghilev o cuál podía ser el problema…”

 

En la obra original la mujer está puesta en el lugar común -machista- de bella y el hombre en otro lugar común de feo, incluso de jorobado. El corregidor es un noble. Esta representación de las clases sociales sostiene el mismo discurso moral ¿Cuál es el rol de la mujer en su obra?

RE. Las mujeres son muy importantes en nuestras obras. Es verdad que aquí hay una fuerte presencia masculina porque nos basamos en el cuarteto Falla, Diaghilev, Massine y Félix. Sin embargo, nuestra puesta recupera los bailes de La Macarrona y de la bailarina inglesa.

 

¿Cómo es el proceso creativo?

VP. En este trabajo empezamos desde los videos para conmemorar los cien años del Sombrero. Eso nos cambió totalmente el concepto.

RE. No nos gusta trabajar con un material hecho que los bailarines repitan. Nos gusta trabajar con las personas.

 

Escudero estaba en contra de los bailarines máquina. “Quien sepa de antemano lo que va a bailar ya está muerto”, decía.

VP. La prioridad de nuestros trabajos es la obra, no es el lucimiento de los palos.

RE. Yo voy a encarnar a Diaghilev, el empresario, pero se lo imaginan bailando por tangos. El Sombrero… nos aporta reflexiones, ideas, ilusión. Nos gusta imaginar cómo bailaría Félix.

VP. Creemos que Félix era un bailarín importante, aunque poco conocido y queremos hacer justicia por él, porque no creemos que se haya vuelto loco.


[1] Ballets Rusos: empresario: Sergei Diaghilev. Coreógrafo y primer bailarín: Leónidas Massine. Coreógrafo de flamenco: Félix Fernández García. Escenografía: Pablo Picasso. Inspirado en la novela de Pedro Antonio de Alarcón.

[2] Félix Fernández fue contratado por Diaghilev para enseñar flamenco a los bailarines rusos de la compañía y para montar la farruca que finalmente nunca se estrenó porque en su lugar lo bailó Massine.

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Gabriel Vaudagna Arango
Gabriel Vaudagna Arango, Máster en Flamenco (UGR); Lic. en danzas, profesor de danzas españolas e investigador. Responsable de la columna de flamenco en Balletin Dance desde 2013. Ha publicados cuatro libros de danza: Apuntes de clases, la danza española y el baile flamenco (2013) Post Flamenco, vanguardia y ruptura en el baile (2015), Pequeños Diálogos sobre el flamenco (2017) Declarado de interés Nacional por la presidencia de la Nación, Habitar la danza (2018). Es jurado en eventos de danzas de todo el país y dicta cursos y talleres de flamenco y folklore español. La Embajada de España le otorgó un reconocimiento en 2005 por su labor de difusión cultural.