Un Musical en Primera Persona

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Los Bechdel, una familia aparentemente ideal, atravesada por los secretos y el descubrimiento sexual de la pequeña Alison. Foto: Simón Quezada

La primera versión en español de la multipremiada Fun Home se instaló en la cartelera argentina cual “rara avis”. La historia está basada en la novela autobiográfica de la dibujante estadounidense de caricaturas Alison Bechdel. Andy Marcó abordó el desafío de dirigir a niños en este drama sobre la sexualidad propia y ajena

 

La obra llegó a Buenos Aires el mes pasado con el antecedente de cinco Premios Tony en Broadway, en 2015. Entre ellos, mejor musical, libreto y música original.

La puesta escénica se basa en la novela gráfica homónima de Bechdel, para la que Lisa Kron escribió el libro y las letras, y a la que Jeanine Tesori (la compositora de Shrek) le puso música.

La versión argentina tiene dirección general de Andy Marcó, musical de Nicolás Regueiro, coreografía de Alejandra Rappazzini y un elenco encabezado por Christian Giménez, Natalia Cociuffo, Nina Fernández, Agustín Iannone y Nahuel Quimey.

Fun Home habla de la comprensión de la propia sexualidad de una jovencita criada en los años ’70 en la funeraria que funciona en su casa y que atiende su padre, en un pequeño pueblo estadounidense.

Lejos de ser un relato divertido (‘fun’ alude a funeraria más que a “entretenido”) se trata de un drama musical en el que sólo la presencia de un grupo de chicos (los tres hermanos Bechdel) aporta algo de luz y alegría.

Para cubrir esos roles, la directora escogió a cinco niños actores que se alternan durante las funciones: Emma Prícolo, Nicolás Sousa, Lola Dabah, Guido Kañevsky y Renato Codega Rossi.

“Vi la obra en 2015 en Nueva York y sentí que era una historia que debía llegar a Buenos Aires, explicó la directora a Balletin Dance.

“Yo venía de escribir y dirigir obras en el off, nunca algo de esta envergadura. No imaginé la dimensión que podía llegar a tomar el proyecto”, dijo.

 

¿Qué dudas la asaltaron en aquel momento?

La mayor incertidumbre que se me planteó fue con el elenco de niños. Por el tipo de pieza de que se trataba, dependía mucho de la apertura mental de los padres. La obra habla de una hija lesbiana, un padre gay, una esposa negadora. Nada liviano. La convocatoria fue enorme, para unos roles infantiles que son protagónicos y muy fuertes. Recibimos material de más de doscientos niños, en un primer filtro quedaron cincuenta, luego diez y finalmente cinco.

Además de los jefes de esa familia, otro rol central es el de Alison adulta que interpreta Nina Fernández, toda una revelación.

El proyecto lo armamos en conjunto con Nina porque cuando vi la obra supe que ese personaje era para ella definitivamente. Ella había trabajado ocho años con Pepe Cibrián y había sido cover de grandes figuras. En la obra interpreta a una de las tres Alison que se intercalan en el relato, junto con la niña y con la adolescente, que hace Mora Fernández.

 

¿Cuál es su sello en esta versión?

Tuve que adaptar la puesta original, que se presenta en un escenario de 360º, a una sala tradicional a la italiana. El resto es una reinterpretación de lo que yo veo de los personajes, sobre todo en el trabajo con los chicos. Me avoqué mucho a la expresión de cerca, de una manera más ligada al cine. Siento que con ese trabajo la obra ganó muchísimo. Busqué una actuación natural y más cercana al teatro de texto, no tanto al teatro musical.

 

¿Cómo fue el trabajo coreográfico?

Fue un reto marcar una coreografía a los niños y hacer que no se note que eso estaba coreografiado. Los chicos, divinos, estiraban las puntas… son la reencarnación de Bob Fosse (risas). Yo les rogaba que no se vea que bailan tan bien. Porque debían internalizar además que se trata de una familia viviendo en los años ’70, en un pueblo muy pequeño de los Estados Unidos. Aquellos chicos jugaban de otro modo, se relacionaban de otro modo. No eran los chicos de hoy, con celular, con Internet. Tuvimos que investigarlo entre todos.

 

¿En los actores adultos también hubo una búsqueda en ese sentido?

Claro. Natalia (Cociuffo), por ejemplo, está claramente fuera de su zona de confort. Su personaje, la madre de los Bechdel, no es tan soul ni tan rock como los roles que le conocemos. Es un personaje muy dolido. Natalia realiza un trabajo impecable. Además de las canciones en esta obra hay mucho texto y mucha expresión por fuera de lo vocal.

 

Hay un único momento que rompe con el realismo, en el que unos personajes de la televisión aparecen en el living de esa casa.

Cuando vi el original me costó entender lo qué estaba pasando en esa escena. Es el mundo idílico que Alison le muestra a su padre, en el que son una familia perfecta y todo es color de rosa. Una persona que vino a la función nos contó que, habiendo nacido mujer, ahora se consideraba una persona no binaria. Había escrito ya una carta de despedida dirigida a sus padres. Estaba esperando ver Fun Home para terminar con su sufrimiento. Vio la función, conoció a los actores, y algo se iluminó en ese mundo gris que la oprimía. “Me sentí completamente identificada y contenida”, me dijo, y esa frase suya justificó todo el trabajo que hemos hecho.

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Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Integra desde hace dos décadas la redacción del Diario La Prensa y colabora en las revistas Fortuna, Buenos Anuncios, y en el Diario Perfil. Asesora a diversas empresas y proyectos artísticos en materia de comunicación. Escribió en las revistas Ohlanda, Buzz y Off. Ligado a la danza desde su niñez, fue miembro del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore.