Chivilcoy, 18 de diciembre de 1943 – Buenos Aires, 3 de abril de 2016

 

“Dos números edité de aquella revista…. Y luego estuve dos años en terapia para recuperarme”, contó Enrique Honorio, en la primera reunión que tuvimos con él, en su estudio del centro porteño, hace 22 años.

Bromeaba, pero todavía lo estresaba pensar en aquel proyecto de publicación que, como muchas otras especializadas en danza, habían chocado contra un contexto económico y cultural poco propicio para la cultura, digámoslo, de elite.

Balletin Dance acababa de nacer. Él era un balletómano, crítico e historiador consagrado. Aquella entrevista en la que se comprometió a colaborar con el germen incipiente de La Revista Argentina de Danza, fue el gesto fundacional de nuestro vínculo, firmado con su sello de una generosidad que derramaba para todos lados.

Enrique Honorio (siempre el Honorio debía estar en su firma), falleció el 3 de abril. Ahora vive en su legado humano, para nosotros los que gozamos de su favor, y para la cultura argentina toda a través de sus escritos, libros y los artículos que escribió a lo largo de estas décadas, muchos de ellos en las páginas de Balletin Dance.

Nos orientó, acompañó, aconsejó desde el día 1 hasta el final. Estuvo presente desde la primera celebración de aniversario hasta la última.

Pudimos decírselo en vida y lo reiteramos: gracias, fuiste un padre intelectual para nosotros.

Con él se cierra un ciclo en la Argentina. El de un tipo de erudito enciclopédico que ya no existe ni se volverá a fabricar porque… los tiempos cambian. Enrique Honorio fue hijo de su tiempo y también un puente hacia las nuevas generaciones (que supimos representar los editores de Balletin Dance y cuya posta quisiéramos legar a los jóvenes de 2016).

Su “CPU” estaba apoyado sobre sus hombros. En él cargaba una interminable serie de anécdotas, vínculos históricos, de lo que había conocido personalmente (prácticamente todo el ballet mundial de su tiempo) y de lo que había fagocitado con su increíble capacidad de asimilar y analizar.

Quedarán para el recuerdo de los que lo tratamos, sus modos señoriales extemporáneos, su crítica aguda sin otro compromiso que el poético, su memoria insondable y el misterio, cómo no, de esa personalidad tan original.

Para los investigadores del ballet argentino, latinoamericano y universal, EHD dejó un punto de partida muy alto en materia de volumen de conocimientos y sobre todo de la calidad de cada dato.

Será pues un desafío más, para dotar de vitalidad al ballet argentino y al arte nuestro todo, recoger esta impronta, los signos que fue dejando Enrique Honorio Destaville, cuidar ese patrimonio y agregarlo a la construcción de una memoria ilustrada, cultivada, compleja, viva e indispensable.

QEPDescanses, Enrique Honorio

Balletin Dance