Ante la ausencia absoluta de alguien, para quien queda y pena tal ausencia, la reiteraci√≥n de las preguntas imposibles se constituyen en estigmas. El Grupo Caldo present√≥ ¬ŅPor Qu√© No Me Llevaste a M√≠?, espect√°culo de expresi√≥n corporal con direcci√≥n de e interpretaci√≥n de , ,¬† ¬†y , en el Espacio S√≠smico

 

Frente a aquella ausencia consecuente de muerte, una de las preguntas sin respuesta, que puede suponerse formulada innumerables veces, es la enunciada como t√≠tulo del trabajo. El dolor y la pena de quien queda, de quien no muri√≥, frente a lo inconmensurable del vac√≠o en que se encuentra, vaciado de aquella presencia probablemente amada, pregunta: ‚Äú¬Ņpor qu√© no yo?‚ÄĚ. Redunda en una supuesta injusticia, en un absurdo que la muerte sea de otra persona, de esa querida persona. Y el sufrimiento quiere saber porqu√© sufre. ¬ŅPor qu√© sufro yo en lugar de haber desaparecido yo? No hay que enga√Īarse. El sufrimiento como ausencia de sentido es de uno mismo, no por otra persona. Claro que es aut√©ntica la noci√≥n de reemplazo, de haber sido quien sufre ahora quien hubiera muerto. Eso es parte del dolor de lo incomprensible y, en el fondo, toda muerte es incomprensible. La ruptura definitiva es una forma monstruosa o, lo que es lo mismo, es la no forma. Ya nada es lo que era, ya no se es como se quiere ser, como antes, continuado. De alg√ļn modo se es absurdo, inconexo, despojo de aquello que era el orden habitual, lo que se dice la vida.

¬ŅEn qu√© formas se puede dar esta no forma, esta presencia de deudo de muerte?

Mariana La Torre eligió los límites de la basura. Allí donde no hay horizonte de orden, donde hay acumulación sin sintaxis. Y, para esto, un dispositivo escénico simple: bolsas de plástico, las más comunes, vacías, muchas, muchísimas. Un mundo que sólo presenta eso es el inicio de la pieza. Y, de entre este piso vasto y plástico, emergen cuerpos: los intérpretes.

A lo largo de la obra regresan a cubrirse y desaparecer bajo las bolsas. Pero tambi√©n aparecen y reaparecen, lament√°ndose, congojas extremas, sequedades de √°nimo, violencias que quieren controlarse en el mismo dolor. Hay discursos inconexos y relaciones o v√≠nculos que explotan y se exponen en meros actos aparentemente reactivos, de no muy claros destinos e intenciones. Hasta llegar a un nuevo orden, par√≥dico si se quiere, pero de temor y temblor, con un valsecito criollo (Bajo un Cielo de Estrellas, Enrique Francini,¬†H√©ctor Stamponi, Jos√© Mar√≠a Contursi), cantado quedo por Piqu√© mascando perejil, rumi√°ndolo, en una ronda de la que participan los cuatro performers, gateando. Un orden de cierre como ganado pastoreando que no quiere pensarse, que recuerda en tristeza (los √ļltimos versos del vals: ‚ÄúEn la noche tranquila y oscura / hasta el aire parece decir: / ‚Äô¬°Para qu√© recordar que fui tuya / si yo ya no espero que vuelvas a m√≠!‚Äô‚ÄĚ). Y, de la muerte, no se vuelve a nadie.

En funci√≥n, los ricos contrastes expresivos de los int√©rpretes dieron potencia a la propuesta. Lamentos enf√°ticos de Monasterio, huidas emotivas en discurso a modo neur√≥tico de De Rosa, variaciones en formas y esfuerzos en el cuerpo de Pedroni y gestualidades como desviaciones de violencia en cruce con ternura de Piqu√© quien, adem√°s carg√≥ su canto de tristeza peque√Īa y pat√©tica.

Como una panoplia de recortes duros, aparentemente desconexos, de encuadre post (ya sea postmoderno, post-est√©tico, post-dram√°tico o post-post), ¬ŅPor Qu√© No Me Llevaste a M√≠? configur√≥ una invocaci√≥n reflexiva, en acci√≥n, a lo que el dolor de muerte hace de los seres, esto es, despojos de s√≠.