Visitas por la Paz

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Ella revisa su celular con la mirada de ojos celestísimos contenida. Su marido cambia de tema, cada tanto bromea. Hablamos de su Cuba natal. Del empeño que requiere montar una compañía privada en Miami. Parece que se tratara de la Argentina por momentos. Pero el huracán Irma sobrevuela la mesa del restaurant en el que organizó la bienvenida a los bailarines del exterior que participaron en la 4º Edición de Danzar por la Paz.

Él es Carlos Guerra y ella Jennifer Kronenberg, ex bailarines del Miami City Ballet, directores de Dimensions Dance Theatre. A su lado, la hija de cinco años de la pareja lee de una tablet. La trajeron en este viaje luego de dejar cerrada su casa y llevar todos los papeles y recuerdos familiares en previsión de que Irma produjera en Miami el desastre que dejó en el Caribe.

Del otro lado de la mesa, , primera bailarina de la Compañía Nacional de México, argentina con más de una década en el exterior.

La cálida acogida que les dio Reale, productor de la función por la paz y la no violencia, a los cinco artistas que llegaron del exterior para la función que tuvo lugar en el Konex, contribuyó a dejar atrás el tifón y concentrarse en el público. Él es embajador de la paz desde 2009. Desde entonces asumió la responsabilidad de su mandato y creó el ciclo que venía desarrollándose en el Teatro Nacional Cervantes hasta la presente edición.

La función de este año se centró en el homenaje a Oscar Aráiz, maestro de tres generaciones de bailarines y coreógrafos contemporáneos argentinos, cuya obra integra justamente el patrimonio de la humanidad.

“Desde la creación de Danzar por la Paz pasaron cien bailarines por su escenario. Y veinticinco compañías de ballet se sumaron para reafirmar el compromiso de los artistas por la paz y la no violencia”, dijo Reale a Balletin Dance.

“La clave del ciclo es lograr el apoyo público-privado” resaltó. “Yo sueño y hago, no me quedo en casa esperando que toquen a mi puerta”, concluyó.