Esperanza de Hermandad

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Segundo movimiento, para los varones del BCTSM, excelente cuerpo de baile. Foto: Alicia Sanguinetti

Finalmente, el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín que dirige , estrenó la Novena Sinfonía de Beethoven con coreografía de , en funciones del 9 al 30 de septiembre, en su sala, la Martín Coronado

 

Mauricio Wainrot arremete en su última creación, nada más y nada menos que con Ludwig van Beethoven y su Novena Sinfonía, una partitura plagada de matices, que remite a la hermandad de los pueblos. La puesta presentada por la principal compañía de danza contemporánea argentina, dejó a la vista a un cuerpo de baile homogéneo, intenso, con fuertes personalidades y excelente técnica.

Hace dos años se había presentado el final de la pieza, el Himno a la Alegría y las expectativas por verla completa se hicieron desear. Comienzan las mujeres, quienes avanzan progresivamente de manera cada vez más intensa, para dejarle el turno a los varones, con breves interrupciones para duos y solos, que adquieren mayor protagonismo en el tercer movimiento -el más poético- y por último el gran final, con todos los bailarines al son del fragmento coral.

Se trata de una pieza sin argumento, para expresar una realidad de la condición humana, que el coreógrafo plasma a través de complicadísimas secuencias para los bailarines (miles de pasos en poquísimo tiempo) con un genial manejo de las masas (el cuerpo de baile en sus desplazamientos escénicos). Justamente es en esa múltiple combinación de veloces movimientos donde Wainrot se presentó novedoso dentro de su concepción compositiva, para esta obra admirable, que encadena las escenas de manera misteriosa.

El vestuario (Graciela Galan) continúa con la tendencia en el elenco de las transparencias mientras que la iluminación (Eli Sirlin) refuerza las ilusiones del inmenso espacio, provocadas por el recorrido de los bailarines. Se destacaron los solistas, Sol Rourich, Lautaro Dolz, Eva Prediger, Rubén Rodríguez, Flavia Dilorenzo, Benjamín Parada, Alexis Mirenda y Matías Santander.

Beethoven estrenó la Sinfonía Nº 9 en re menor, op. 125, en 1824, con un éxito arrollador. Tenía 53 años y había perdido la audición por completo. La música es extraordinaria, no solo por su duración y magnitud instrumental, sino por la combinación de formas compositivas, con pasajes fuera de lo tradicional, y sobre todo por el último movimiento en el que incorpora a cuatro solistas y un coro, con textos del poema Oda a la Alegría de Friedrich Schi­ller (publicado en 1786). Desde 1985, la adaptación de Von Karajan, la ha transformado en el himno oficial de la Unión Europea y en 2001 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.