Un Arte Provocador

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“Por qué el hombre como especie no imita a otras especies y se quita de encima lo que le sobra y le impide crecer”, plantea Maricel Alvarez en su trabajo. Foto: Carlos Furman

Con curaduría de Diana Theocharidis debutó en el Teatro de la Ribera un espectáculo que reúne cuatro obras cortas inspiradas en el Striptease, una forma de la danza tan sofisticada como perturbadora. Marisel Alvarez, Florencia Vecino y Carlos Trunsky analizan la actualidad del llamado “arte de la demora”

 

El Teatro de la Ribera ha vuelto a cobijar una experiencia escénica singular en la que confluyen la danza, el teatro, el video, la música y las artes visuales. Con curaduría de Diana Theocharidis se estrenó a fines del mes pasado Strip+Tease=4 Desvelos, un espectáculo que reúne obras de Maricel Alvarez (Ecdisis), Pablo Rotemberg (El Cisne Salvaje), Florencia Vecino (Impuesto Rosa) y Carlos Trunsky (Burlesque), conectadas por interludios musicales a cargo de Carmen Baliero y un trío de bailarines compuesto por Nicolás Insfrán, Agustina Biscayart Abram y Mario Medina. Como puntos en común, las cuatro piezas cuentan con iluminación de Oscar Possemato y escenografía de Magalí Acha.

Hace ya muchos años, la idea de “dedicarle un espectáculo al striptease como forma de la danza, una danza muy antigua”, rondaba en su imaginación, explicó Diana Theocharidis a Balletin Dance. “Por otra parte, siempre me resulta interesante reunir a diferentes artistas sobre una temática”.

 

Estos cuatro creadores poseen estéticas muy diferentes…

“Es cierto. Me gustó la idea de poner en tensión sus miradas sobre el striptease. El tema, de por sí, tiene muchos ángulos de abordaje: una danza que se ubica en el límite con lo pornográfico, es una forma de verla. Pero también puede ser abordada como una danza más sofisticada o algo más conceptual, o vinculado al tema del poder. En mí, dispara el interrogante de por qué en las artes plásticas el desnudo fue siempre aceptado e incluso era un signo de buen gusto (en pinturas, en esculturas). En cambio, en las artes escénicas ha sido siempre algo escandaloso y despreciado”.

 

Cuando fue convocada para participar de esta creación, el striptease era para Florencia Vecino “la relación entre vestirse y desvestirse, no más que eso”. Por lo tanto, vio varias películas e incluso viajó a París para presenciar el espectáculo Crazy Horse. “Bailé infinidad de veces desnuda y no me incomoda, pero algo bien distinto es hacerlo mientras se está seduciendo. El tipo de danza es lo que me hace sentir muy expuesta”, aseguró.

Maricel Alvarez por su parte, tampoco tenía un conocimiento ni un interés particular en este género. “…de inmediato inicié un proceso de preparación a partir de una serie de lecturas”. Una de ellas relataba que “en los años ‘40 una stripper muy famosa de la ciudad de Baltimore establece una relación epistolar con un crítico y erudito del lenguaje ante quien se queja de que el término striptease no le hace honor a la actividad”, consultándolo por alguna otra palabra que pudiera denominar a este arte. Considerando que es una herencia del burlesque, “porque era en realidad un número cómico: las mujeres simulaban que tenían una pulguita entre las ropas y se las iban sacando. No era, claramente, un número erótico”, señala Alvarez. “El erudito propuso ecdisis, un término de origen griego que significa desnudarse, pero que en biología es sinónimo de mutación (…) La obra se pregunta, en definitiva, por qué el hombre como especie no imita a otras especies y se quita de encima lo que le sobra y le impide crecer”. La actriz de Biutiful (la película del mexicano Alejandro González Iñárritu), eligió para protagonizar su segmento al performer Ulrico Eguizabal Catena.

Carlos Trunsky se sumó al proyecto luego de que Alfredo Arias dejara su lugar vacante, habiendo convocado ya a dos artistas para trabajar con él: Fanny Bianco y Mariela Anchipi. “En 24 horas debí generar una idea, con dos personas a las que yo no conocía”, evoca la situación el coreógrafo, para quien el striptease conecta de manera directa con el burlesque y de allí, con su infancia, dado que su padre fue artista de varieté. “Había muerto mi madre y yo, a los nueve años, lo acompañaba a hacer sus diez shows por noche, comenzando en el Sheraton y terminando en el último cabaret de la Panamericana. Recuerdo sus camisas de lamé, con brillos, el aire viciado de cigarrillo y de whisky, un olor acre. Indefectiblemente, mi obra debía ir por ese lado”. Del perfil de Bianco subraya que “es exuberante en todos los aspectos; delicadísima y compleja, trabajó mucho como stripper”. En cuanto a Anchipi, “una bailarina de un nivel muy elevado, se ha dedicado a la revista, al conchero, a una vulgaridad en la que su arte destaca por su exquisitez”, analiza. “El artificio y el barro conviven en estas mujeres, de manera que lo mío fue batir y empezar a jugar como si fuese un niño”.

 

Para Trunsky: “en el striptease se mezcla algo de lo político, lo social, lo pornográfico, la morbosidad latente”; Florencia Vecino agrega como condimento extra la reivindicación actual del feminismo: “aún hoy me planteo si el striptease es algo liberador y feminista, o bien un rasgo machista y hasta misógino”; lo inevitable, aporta Alvarez, es que cada uno de los trabajos, se conviertan en “un statement político propio de la singularidad de quienes hemos sido convocados”.

Theocharidis, por su lado, preanuncia que quien se acerque a la emblemática sala de La Boca hasta el 8 de julio, vivirá la sensación de estar “en una montaña rusa, asistiendo a un espectáculo pleno de sobresaltos y emociones. ¡Son obras tan potentes…!”, se entusiasma.

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Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Integra desde hace dos décadas la redacción del Diario La Prensa y colabora en las revistas Fortuna, Buenos Anuncios, y en el Diario Perfil. Asesora a diversas empresas y proyectos artísticos en materia de comunicación. Escribió en las revistas Ohlanda, Buzz y Off. Ligado a la danza desde su niñez, fue miembro del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore.