Simplemente Maravilloso

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Gabriela Prado, hoy. Foto: Andrea López

Hace casi 25 años, poco después del nacimiento de Balletin Dance, se reinauguraba la Capilla del Centro Cultural Recoleta, como espacio destinado (en gran medida) a la danza. Fue un ciclo inolvidable. Allí, Margarita Bali estrenó Doblar Mujer por Línea de Puntos, bailado por Gabriela Prado

En 1995, pocos podían imaginar la prolífica actividad creativa que tendría Margarita Bali en las siguientes décadas, pionera en video danza, mapping y video instalaciones (por los que recibió cantidad de premios internacionales). Un cuarto de siglo atrás (cuando ya contaba con solvente reconocimiento como coreógrafa, por al menos otro cuarto de siglo), en Buenos Aires, Gabriela Prado, camuflada en la obra de Raúl ‘Pájaro’ Gómez (silla y mesa) sorprendía con la música de Gyorgi Ligetti a un selecto y exigente auditorio. En su actuación, se traslucía un cuerpo entrenado en técnicas académicas (dotado para ello), expresivo y exacto en las formas casi cubistas. Fue la conjunción entre una buena idea, llevada a la acción por un grupo de artistas creativos, y una duración óptima.

Este año en el Teatro Payró, se mostró en dos partes. La primera igual a la del estreno original, con Prado increíblemente preparada para encarar esa exigencia. Y en una segunda parte, de manera descontracturada, la propia Bali, narra aspectos icónicos de su carrera (entre ellos, sus inicios en el Payró), en una suerte de dúo coreográfico con la bailarina, apoyado en divertidas proyecciones documentales. Es un repaso histórico, con mucho del backstage de estos años y del mismo presente de ambas. Cosas que a muchos espectadores (también un grupo selecto del mundo de la danza) les gusta sentir como propias.

Las bailarinas/docentes, aseguraron al equipo de esta revista, que continuarán presentando la obra durante este año, aunque probablemente sea en otra sala (por cuestiones económicas, cambiaría la administración del Payró). Cuando la repongan, no dejes de ir a verla.