La Avanzada del Malambo

0
360
Sin dejar de ser folklore argentino, la propuesta de Gauderios reconoce influencias del flamenco y la danza contemporánea. Foto: Ale Carmona

Con su imagen de reminiscencias españolas y el énfasis puesto en la exploración de diversas rítmicas aplicadas al zapateo, la Compañía Gauderios abrió un nuevo espacio para la creación e investigación en torno al malambo. Tres de los integrantes del grupo explican su búsqueda

 

La Compañía Gauderios es uno de los proyectos más innovadores e interesantes surgidos en estos tiempos en torno a la danza folklórica y, particularmente, al malambo. Con el acento puesto en la exploración de distintas rítmicas aplicadas al zapateo, ha venido alumbrando composiciones coreográficas de alta exigencia técnica, realzadas por una puesta en escena de visos teatrales. A la vez, tiene esta iniciativa un fin pedagógico de difusión de la danza nacional, que ha llevado a la troupe a abrir espacios de creación e investigación de los que, además de sus actuales seis integrantes, hacen partícipes a otros referentes de la actividad.

¿Cómo nació el proyecto? De la relación de amistad de muchos años entre Adrián ‘Polaco’ Vergés y Emmanuel ‘Rulo’ Hernández, Campeones Nacionales de Malambo en 2002 y 2017, respectivamente. “A partir de 2004 comencé a viajar a Neuquén para dictar clases y allá lo veía al ‘Rulo’, siendo chico, tocar el bombo y la guitarra, y cantar con su abuelo”, recuerda Vergés a su amigo. Los caminos de la danza los fueron cruzando y un poco por admiración, y porque ya latía en él el deseo de darse a conocer más allá de su pago chico, Cutral Co, Hernández eligió al ‘Polaco’ como su preparador en Malambo Sur para -después de ganar en Cosquín en 2013- aspirar al máximo trofeo en el Festival de Laborde.

Con el triunfo en la meca de los malambistas y la mudanza del flamante campeón a Buenos Aires, la conformación de la Compañía se fue dando casi naturalmente. Vergés ya venía trabajando con Joaquín Toloza y Ariel Monferolli, sumó a su sobrino Emiliano Luna, y Hernández terminó por completar el quinteto fundacional.

El grupo tomó el nombre de un personaje histórico sobre el que Hernández había puesto la mirada hace tiempo. “Alguna vez competí en el certamen Chakaymanta, en San Isidro, y después de la presentación me acerqué al jurado para preguntarle qué había visto en mí. Entonces uno de los integrantes, Sergio Pérez (Campeón de Malambo 1997), me recomendó el personaje del gauderio. Por mi forma de zapatear y por la elegancia que tiene este vestuario, él creía que podía andar bien”, comenta. El gauderio es considerado el antecesor del gaucho, habitó el Virreinato del Río de la Plata entre los años 1780 y 1820, y su atuendo (el pantalón, la chaqueta, el sombrero) tiene claras reminiscencias españolas. Fue Agustina Vigil, esposa de Vergés, coreógrafa e integrante del Ballet Folklórico Nacional (BFN), quien imaginó que la naciente compañía podía tomar el nombre de aquel gaucho primigenio.

“Cuando nos reunimos el año pasado para darle vida a este proyecto -retoma Hernández- teníamos en claro que esa era la estética que queríamos que tuviera la Compañía. Aunque incorporáramos nuevos recursos, el nombre Gauderios seguiría representándonos. Investigamos, avanzamos sobre aquella primera idea y así llegamos a lo que es hoy”, dice.

 

Zona de Confort

Para Toloza, director de la renombrada Escuela de Malambo Maquinista Savio, la convocatoria representó un desafío personal. “Siempre fui de escaparle al trabajo en compañías -admite-. En mi Escuela y con mis alumnos me sentía en mi zona de confort. En aquel momento tomaba clases con el ‘Polaco’ y me volvía muy frustrado a casa: no me salía nada. Pero en el fondo, eso me gustaba, me obligaba a abandonar el lugar seguro. Al día siguiente me levantaba muy temprano y me ponía a practicar sin parar. Fue así que cuando me ofreció sumarme a Gauderios enseguida dije que sí. Pensé ‘no voy a agarrar una, pero me va a gustar’. Y así pasó”.

Sin dejar de ser folklore argentino, la propuesta de Gauderios reconoce influencias de otros estilos de danza, como el flamenco y el contemporáneo, y saca provecho de una banda sonora que junto con una chacarera o el tradicional rasguido del malambo puede incluir incluso alguna referencia a Michael Jackson. “Es la música que formó parte de nuestras vidas -justifica Vergés-. Somos el folklore y también somos Los Redonditos de Ricota. Con toda esa melange de cosas que llevamos en el cuerpo tratamos de crear un estilo único, diferente. Un estilo señorial”, define.

 

En Mala Sangre, el espectáculo que estrenaron a fines del año pasado, se destacó particularmente el minucioso trabajo sobre la imagen y el vestuario.

Joaquín Toloza. Es que el gauderio era, en esencia, un personaje muy fino: la chaqueta y el pantalón al cuerpo, el sombrero bien plantado, estaba mucho en los detalles. Esa idea nosotros tratamos de trasladarla al presente, buscamos que esa misma línea se desarrolle y reactualice. Nos ayuda en esto Agustina, que entiende mucho de vestuario. Siempre viene bien la mirada de una mujer. Estamos en la búsqueda constante de ir por la vereda de enfrente de lo que está de moda.

Emmanuel Hernández. Nos interesa sentirnos cómodos, claro, pero al mismo tiempo disfrutamos de la elegancia que ciertos diseños nos permiten mostrar.

 

Transcurrido el primer año de trabajo, que coronaron con una muy convocante actuación en el porteño Teatro Empire, el grupo creyó necesario incorporar un nuevo integrante y el elegido fue Darío Sosa, compañero de Vergés y Vigil en el BFN. Felicitas Ledesma Briozzo se sumó además como productora de la Compañía, y con esta nueva formación llevaron adelante recientemente un interesante seminario en torno a los procesos creativos, del que participaron además los bailarines Candelaria Torres, Lucas Mihondo y Néstor Pastorive. “Todos somos creativos -opina ‘Rulo’ Hernández-, lo importante es aprender a ordenarse y elegir bien qué herramientas usar y en qué momento. El proceso creativo es un momento de incubar ideas y recién después bajarlas a tierra y tratar de plasmarlas en una coreografía”, explica.

Gauderios prepara ya un nuevo espectáculo que va a presentar el 22 de noviembre y el 6 de diciembre a la medianoche en la sala Hasta Trilce (Maza 177), con énfasis en los ritmos con el cuerpo. Antes de eso el elenco se presentará en Cutral Co, el 16 de noviembre, y en Paraná, el 28. En su propuesta que hermana música y baile habrá lugar seguramente para el silencio, un aliado al que convocan recurrentemente en sus creaciones, deseosos de que el alboroto deje espacio a la introspección, para que los sonidos del zapateo que une culturas recobren un merecido protagonismo.

 

Pareciera que son de procesos largos. Realizan pocas presentaciones pero con trabajos muy depurados, muy asentados. ¿Lo prefieren así?

EH. Entendemos a la compañía como un lugar de creación y búsqueda, de poner a volar la imaginación. Vamos mutando constantemente, y sumando las herramientas que trae cada uno de nosotros. Crecemos uno a la par del otro, este es nuestro lugar de aprendizaje. Esa es la esencia del grupo. No nos exponemos tanto, hasta que consideramos que realmente una coreografía está en su punto justo. Lo más importante para nosotros es la investigación del movimiento y de los recursos.

Artículo anteriorNino de los Reyes
Artículo siguienteUnsam: Inscripción abierta para las licenciaturas
Daniel Sousa
Licenciado en Periodismo (USAL). Integra desde hace dos décadas la redacción del Diario La Prensa y colabora en las revistas Fortuna, Buenos Anuncios, y en el Diario Perfil. Asesora a diversas empresas y proyectos artísticos en materia de comunicación. Escribió en las revistas Ohlanda, Buzz y Off. Ligado a la danza desde su niñez, fue miembro del Ballet Salta y realizó giras al exterior con distintas compañías de tango y folklore.